Más de un tercio de los conductores usa el móvil al volante

Aunque reconocen que es peligroso, casi tres millones y medio de españoles emplean el móvil mientras conducen. Así lo asegura un estudio realizado por la Fundación RACC (Real Automóvil Club de Cataluña), cuya conclusión afirma que el remedio está en una mayor concienciación de los usuarios.
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Más de un tercio de los conductores usa el móvil al volante
Más de un tercio de los conductores usa el móvil al volante

Suena el teléfono, su dueño lo busca, lo descuelga y comienza una conversación. Se trata de una escena habitual, aunque peligrosa, pues se ha desarrollado en el interior de un vehículo en marcha y uno de los interlocutores es el conductor del coche.

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p> La Fundación RACC ha elaborado un estudio en el que se muestra que este gesto es realizado con asiduidad por 3.335.000 automovilistas españoles, un 37 por ciento de los que poseen un móvil. La cifra es especialmente sangrante si se tiene en cuenta que, además, los riesgos que entraña esta situación son reconocidos por los propios conductores, que otorgan a esta práctica un 8,2 en una escala de peligrosidad que va del 1 al 10. Sólo consultar un mapa (señalado con un 8,8) o circular bajo los efectos del alcohol (9,7) están por encima. Sin embargo, varios informes señalan que hablar por teléfono en el coche y conducir borracho son actividades igualmente peligrosas.

Esta percepción no es exagerada: en España (uno de los países europeos en los que más se utiliza el móvil mientras se circula), cada año se producen casi 5.000 accidentes mortales. Ocho de cada diez son atribuibles a errores humanos y, de éstos, uno de cada cuatro está provocado por una distracción, como mirarse al espejo, encender un cigarrillo o conectar la radio.

Estas acciones no están penadas por la ley; sin embargo, emplear el móvil mientras se conduce puede suponer una sanción de hasta 95 euros, que no suele aplicarse. “Existe una cierta pasividad de la Administración acerca de este asunto”, asegura el doctor Françesc Bonet, director médico del RACC. “Los agentes se dan cuenta de que hablamos por el móvil, pero pocas veces nos multan. Sin embargo, ellos no son los únicos responsables; el usuario debe comprender que no hace falta que le cosan a sanciones para que obedezca el reglamento”, añade.

“Sólo el hecho de oír el timbre del teléfono produce descarga de adrenalina y taquicardia. Si, además, se responde a la llamada, disminuye la atención hacia el entorno y la capacidad de respuesta ante un obstáculo”, afirma Bonet. Un conductor que habla por el móvil tarda medio segundo más en reaccionar, lo que significa que el vehículo recorrerá 14 metros sin control, a una media de 110 km/h. Los mismos automovilistas consideran que usar el teléfono puede suponer perder el control del coche (78 por ciento), que éste se desvíe (75 por ciento), que no se mantenga la distancia de seguridad (67 por ciento), que se confundan los itinerarios o que no se atienda a los semáforos (64 por ciento).

Ante estos datos, la entidad catalana recomienda un uso racional del móvil: atender las llamadas imprescindibles o emplear un dispositivo “manos libres”, permitido por la ley. Sin embargo, sólo un 15 por ciento de los conductores ha instalado este sistema en su coche. Un 1 por ciento lo suele llevar activado por la voz, mientras que el 0,9 por ciento lo maneja desde el volante.

“El uso del teléfono no puede prohibirse de manera taxativa –afirma Bonet-. Sería lo mismo que impedir la conversación entre los pasajeros del vehículo, el manejo de la radio o de los navegadores. Sin embargo, es cierto que sólo debería emplearse con un sistema reglamentado: el “manos libres” aún debe mejorar, pero su uso apenas afecta a la percepción psicomotriz, ya que no hay que buscar el aparato, ni el botón para descolgar”. Esto no evita la distracción que se produce al hablar, que “aumenta la posibilidad de accidente”, apunta.

El informe de la Fundación RACC también revela que el 26,1 por ciento de los conductores que suelen emplear el móvil durante la conducción leen, además, los mensajes recibidos. Sorprendentemente, un 3,4 por ciento también los contesta.

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p> Asimismo, el estudio traza los rasgos del infractor: varón (un 81 por ciento de los hombres entrevistados reconocieron hablar por el móvil mientras conducen, frente al 30 por ciento de las mujeres), urbano y con menos de 29 años –de hecho, el porcentaje de utilización del teléfono en el coche sube hasta el 50 por ciento entre los jóvenes-. La mayoría de las llamadas (el 52 por ciento) que se reciben obedecen a motivos de trabajo.

El estudio también recuerda que está prohibido parar en el arcén para contestar, una práctica realizada por 7 de cada 10 automovilistas.

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p> No todos los datos son tan negativos: el 87 por ciento de los entrevistados afirma pedir a su acompañante que responda al teléfono.

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