Toyota Yaris

Un Toyota con cerca de dos años tiene los días contados. La marca asegura que renovará todos sus modelos con esta periodicidad. Ahora, le ha llegado el turno al Yaris, el que considera "su gran cebo" para atraer clientes. Ha reforzado su oferta mecánica con un nuevo propulsor de 1,5 litros, ha introducido un nuevo cambio automático -el MMT- y ha renovado su interior y su exterior.
Autopista -
Toyota Yaris
Toyota Yaris

VVT-i 1.0 con cambio automático

Todavía no tienen mucha aceptación en Europa, pero sólo es cuestión de tiempo: los cambios automáticos nos harán olvidar pronto a los manuales.

Pocos puntos quedan para las reticencias; con la nueva MMT -la caja de cambios automática con posibilidad de uso secuencial-, el Yaris consume menos que con la caja manual tradicional: precisa (según datos de la marca) 0,2 litros menos que su hermano para recorrer 100 kilómetros de recorrido combinado y 0,4 litros si nos movemos en ciudad, precisamente el hábitat natural de este modelo.

Su funcionamiento en ciudad es muy cómodo, ya que nos permite olvidarnos del embrague y, si echamos de menos el juego de marchas, podemos introducirlas en modo secuencial, desplazando la palanca hacia el pasillo dispuesto para esta utilización. Tan sólo al intentar sacar el máximo partido utilizando el modo secuencial notamos cierta falta de inmediatez en la respuesta. En las rápidas carreteras curvadas de la Costa Azul, nuestro Yaris equipado con este cambio se movía a la perfección (aunque requería ciertos toques de acelerador para "animarle" a cambiar de marcha) y, mientras nos dedicábamos a buscar nuestro destino por las -para nosotros- desconocidas calles de Mónaco, nos ayudó bastante.

Si vamos a utilizar el coche por ciudad, no hay ningún problema y representa una opción más que recomendable (también por precio: 500 euros más que la versión manual).

Al igual que todos los motores de gasolina del Yaris, el 1.0 ha recibido unas pequeñas modificaciones para adaptarse a la normativa anticontaminación Euro IV. Estos cambios no han perturbado el carácter suave de este propulsor.

A pesar de su escasa cilindrada, este Yaris mantiene con soltura ritmos bastante altos (y podría permitir una conducción mucho más deportiva si se hubiese optado por unas suspensiones algo más duras: el coche peca algo de blando, característica que nos quita un poco de confianza a la hora de enlazar un tramo virado).

El Yaris ha recorrido un largo camino. Abandonó su cuna japonesa en Takaoka a comienzos del año 2.000 para saltar al mercado europeo: estableció su centro de diseño en Niza y su fábrica en Valenccienes (Francia). Ahora que ya está plenamente nacionalizado en el Viejo Continente, tiene que adaptarse a los gustos de sus compatriotas: debe apostar por el Diesel. La firma lo sabe y entre sus planes de ventas se incluye duplicar la comercialización de los Yaris con mecánica de gasóleo.

El motor D-4D de 1,4 litros lo ayudará bastante a conseguir dichos objetivos: es muy suave, apenas suena, sube de vueltas con la soltura de un gasolina y tiene un consumo muy ajustado. Con una media de 4,2 litros cada 100 kilómetros, la firma asegura que éste es el Diesel que menos consume de todos sus motores. No nos extraña que Mini haya decidido adoptarlo para su One.

Además, con este motor, se incluye de serie el control de tracción y de estabilidad y unos neumáticos más grandes que los de sus hermanos (185/55 R 15), lo que le dota de mejor comportamiento en carretera. Se agarra mejor en las mismas curvas que el Yaris de 1 litro y resulta mucho más aplomado.

VVT-i 1.0 con cambio automático

Todavía no tienen mucha aceptación en Europa, pero sólo es cuestión de tiempo: los cambios automáticos nos harán olvidar pronto a los manuales.

Pocos puntos quedan para las reticencias; con la nueva MMT -la caja de cambios automática con posibilidad de uso secuencial-, el Yaris consume menos que con la caja manual tradicional: precisa (según datos de la marca) 0,2 litros menos que su hermano para recorrer 100 kilómetros de recorrido combinado y 0,4 litros si nos movemos en ciudad, precisamente el hábitat natural de este modelo.

Su funcionamiento en ciudad es muy cómodo, ya que nos permite olvidarnos del embrague y, si echamos de menos el juego de marchas, podemos introducirlas en modo secuencial, desplazando la palanca hacia el pasillo dispuesto para esta utilización. Tan sólo al intentar sacar el máximo partido utilizando el modo secuencial notamos cierta falta de inmediatez en la respuesta. En las rápidas carreteras curvadas de la Costa Azul, nuestro Yaris equipado con este cambio se movía a la perfección (aunque requería ciertos toques de acelerador para "animarle" a cambiar de marcha) y, mientras nos dedicábamos a buscar nuestro destino por las -para nosotros- desconocidas calles de Mónaco, nos ayudó bastante.

Si vamos a utilizar el coche por ciudad, no hay ningún problema y representa una opción más que recomendable (también por precio: 500 euros más que la versión manual).

Al igual que todos los motores de gasolina del Yaris, el 1.0 ha recibido unas pequeñas modificaciones para adaptarse a la normativa anticontaminación Euro IV. Estos cambios no han perturbado el carácter suave de este propulsor.

A pesar de su escasa cilindrada, este Yaris mantiene con soltura ritmos bastante altos (y podría permitir una conducción mucho más deportiva si se hubiese optado por unas suspensiones algo más duras: el coche peca algo de blando, característica que nos quita un poco de confianza a la hora de enlazar un tramo virado).

El Yaris ha recorrido un largo camino. Abandonó su cuna japonesa en Takaoka a comienzos del año 2.000 para saltar al mercado europeo: estableció su centro de diseño en Niza y su fábrica en Valenccienes (Francia). Ahora que ya está plenamente nacionalizado en el Viejo Continente, tiene que adaptarse a los gustos de sus compatriotas: debe apostar por el Diesel. La firma lo sabe y entre sus planes de ventas se incluye duplicar la comercialización de los Yaris con mecánica de gasóleo.

El motor D-4D de 1,4 litros lo ayudará bastante a conseguir dichos objetivos: es muy suave, apenas suena, sube de vueltas con la soltura de un gasolina y tiene un consumo muy ajustado. Con una media de 4,2 litros cada 100 kilómetros, la firma asegura que éste es el Diesel que menos consume de todos sus motores. No nos extraña que Mini haya decidido adoptarlo para su One.

Además, con este motor, se incluye de serie el control de tracción y de estabilidad y unos neumáticos más grandes que los de sus hermanos (185/55 R 15), lo que le dota de mejor comportamiento en carretera. Se agarra mejor en las mismas curvas que el Yaris de 1 litro y resulta mucho más aplomado.

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