Una guerra en Irak sería catastrófica para el mercado de la automoción

La amenaza de un conflicto armado en el Golfo Pérsico ha provocado estudios de todas clases sobre las consecuencias de la guerra. Entre los sectores analizados, el automovilístico es uno de los peor parados, debido a su directa relación con la oferta energética, que podría no aumentar a pesar de un ataque estadounidense contra Irak.
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Una guerra en Irak sería catastrófica para el mercado de la automoción
Una guerra en Irak sería catastrófica para el mercado de la automoción

Aunque la incertidumbre es la tónica general en los estudios que se han realizado sobre el sector automovilístico, las conclusiones son claras: si estalla la guerra, el mercado norteamericano (Estados Unidos y Canadá) podría perder más de un millón de matriculaciones.

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p> Estas son las cifras que se barajan en el peor de los casos, es decir, que las tropas estadounidenses no consigan una victoria relámpago en Irak y el conflicto se prolongue durante meses. Existen otras posibilidades, como una solución no bélica o una guerra rápida que no saliera del territorio iraquí, pero la industria automovilística, ya afectada por una crisis que se remonta a 2001, también reduciría –aunque en menor medida- sus ventas e importaciones.

Ante este panorama (que se trasladaría a Europa, donde varias asociaciones estiman que las matriculaciones descenderían un 2,1 por ciento respecto al año pasado), la única opción parece ser esperar el mal menor, pero no será tan sencillo: un conflicto bélico en Irak influiría, sobre todo, en el precio y la disponibilidad del petróleo, que ya está acusando en su coste la amenaza de guerra.

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p> De hecho, los miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) se reunirán hoy en Viena para preparar las líneas de actuación si, finalmente, se hace efectivo un ataque bélico en Oriente Medio. Llegar a un consenso no será fácil, pues los integrantes del cártel muestran diferentes posiciones: Arabia Saudí, el mayor productor mundial, cree que el organismo debería suspender el sistema de cuotas existente -que regula la cantidad de petróleo que puede aportar cada socio- y autorizar una mayor producción, con el fin de garantizar el abastecimiento del mercado. Si estalla la guerra, habrá que dejar de contar con los dos millones de barriles diarios procedentes de Irak y, posiblemente, con 700.000 barriles kuwaitíes.

Esta rebaja en la oferta no es, sin embargo, lo suficientemente alarmante para algunos de los países de la OPEP, como Venezuela (que, actualmente, ocupa la secretaría general de la organización). Irán también se opone a un aumento en la extracción, argumentando que puede interpretarse como un apoyo al ataque de EEUU.

Para tranquilizar al mercado, los analistas han asegurado que no se necesita más crudo, pues los precios (que ya están al mismo nivel que en 1991, cerca de 40 dólares por barril) no reflejan la situación real entre la oferta y la demanda y, además, la llegada del buen tiempo al hemisferio norte traerá consigo una reducción del consumo de crudo que puede cifrarse en dos millones de barriles diarios.

Sin embargo, las dudas persisten: el titular de Petróleo de los Emiratos Árabes Unidos, Obeid Ben Saif al-Nasseri, ha alimentado los temores de los operadores reunidos en Viena (donde también se encuentran productores independientes, como Rusia, México, Angola, Omán y Siria), pues ha señalado que la OPEP tendrá dificultades para cubrir una carencia simultánea del crudo iraquí y kuwaití -cuyos ministros no han acudido a la reunión, precisamente, por la amenaza que sufren sus países-. Según Ben Saif, el cártel ya produce casi a su máxima capacidad, por lo que sería difícil pedir a sus socios un aumento en las extracciones para llegar a los 4 millones de barriles más cada día, un tope que Argelia ve posible.

Aunque hay varios factores que avalan la tesis de la suficiencia del mercado, como la vuelta de la producción venezolana (que ya casi ha alcanzado las cuotas anteriores a la huelga petrolera) y el aumento de las exportaciones rusas, desbloqueadas tras el deshielo de las aguas que han cerrado muchos de sus puertos, también hay hechos suficientes como para provocar la alarma. Por ejemplo, Venezuela podría volver a la huelga, mientras que la situación política en Nigeria, que se enfrenta a un período electoral, es muy inestable. Pero, sobre todo, los expertos se encuentran preocupados ante la posibilidad de que Bagdag vuele sus pozos, lo que interrumpiría la producción de crudo durante años. De momento, Kuwait ha cerrado los yacimientos de Ratga y Abdali y, según afirman varias cadenas de televisión norteamericanas, los militares iraquíes se preparan para incendiar los campos petroleros del norte del país. Estas noticias han provocado un aumento de la tensión en Estados Unidos, que ya ha preparado el camino para usar su reserva estratégica de crudo –599 millones de barriles- y ha visto cómo el precio del combustible roza precios récord.

Las consecuencias de una guerra van más allá de los países directamente implicados cuando se habla de un conflicto que afecta tan directamente al mercado energético mundial, máxime si tenemos en cuenta que el petróleo es la fuente de energía más utilizada y que el uso de alternativas renovables se ha reducido un 2,2 por ciento desde 1993.

El aumento de precios que ya está viviendo el crudo afectará por igual a sus productores y a sus importadores: aunque los primeros se beneficiarán, en un primer momento, de su encarecimiento, el crecimiento económico y la demanda mundial se reducirá, lo que dañará las expectativas de desarrollo de las regiones más dependientes, donde las inversiones disminuirán y se dará un aumento del riesgo de inflación.

Mientras España se prepara para hacer frente a las consecuencias de un posible ataque bélico contra Irak, el sector del transporte comienza a notar la subida en el precio del combustible, derivada de la incertidumbre en los mercados.

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p> A pesar de la preocupación que muestra el Comité Nacional de Transportes, aún no se ha solicitado a la Administración una medida para compensar esta situación. El ministro de Fomento, Francisco Álvarez-Cascos, ha descartado iniciar algún tipo de acción en este sentido, pues, a su juicio, las ayudas que se adoptaron en 2000 “absorben” los precios que se están registrando en los últimos meses. Sin embargo, reconoció que rebajar la presión fiscal hasta el mínimo establecido por la Unión Europea es “una alternativa”.

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