Bugatti, leyenda viva

Por su pasado, por sus diseños, por sus victorias y por su constante innovación, Bugatti se ha convertido en una de las firmas automovilísticas más prestigiosas y admiradas de todas cuantas han nacido en la industria. Ahora, con casi un siglo de vida, la marca vuelve al mercado con el nuevo EB 16.4 Veyron, un vehículo capaz de desarrollar la friolera de 1.001 CV. Todo un sueño, todo un lujo.
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Bugatti, leyenda viva

En 1910, el Type 13 se convirtió en el primer vehículo Bugatti de la historia. Sin embargo, su humilde motor no contentó totalmente a “le Patrón”, que no descansó hasta que en 1919 logró montar el mismo coche con una espectacular mecánica de 1,5 litros, 4 cilindros, 16 válvulas y árbol de levas. Los buenos resultados no tardarían en llegar: dos años después, el deportivo lograba monopolizar las primeras posiciones del prestigioso Grand Prix de Brescia. La hazaña, insólita hasta ese año, provocó incluso que el veloz automóvil se empezara a conocer como “Bugatti Brescia”.

Con este triunfo, que rubricó probablemente una de las más brillantes páginas en la historia de la marca, los patrocinadores aumentaron su confianza en las creaciones de Ettore Bugatti. Así, con motivo del Gran Premio de Francia, aparecieron dos nuevos vehículos dispuestos a conquistar más competiciones, el Type 32, bautizado como “El tanque” y con el que el piloto De Vizcaya logró registrar 190 km/h, y el magnífico Type 35, de 2,3 litros y ocho cilindros en línea. Mención especial merece este modelo por sus numerosas victorias en los circuitos internacionales, que le valieron el derecho a ser considerado uno de los mejores coches de competición de todos los tiempos.

Aunque, si brillante fue su inicio, el verdadero esplendor de la firma no llegó hasta finales de la década de los 20, cuando “le Patrón” decide dar un giro completo a Bugatti, abandonando en parte la construcción de vehículos deportivos para comenzar la fabricación en serie de modelos “touring” de gran lujo. Y no se equivocaría, ya que con el nuevo Type 41, más conocido como Royale, la firma pudo competir en el mercado con Hispano Suiza y Rolls Royce, las marcas más prestigiosas de este segmento.

El Type 41, considerado por muchos el coche más impresionante jamás fabricado, se presentó con una mecánica de 13 litros y una longitud de más de seis metros. Además, el hecho de que las malas condiciones económicas originadas por la Gran Depresión permitieran la construcción de tan sólo seis unidades, todas ellas diferentes entre sí, contribuiría en gran medida a aumentar su leyenda.

Por todos estos factores, la década de los 30, que coincide con el período de entreguerras, puede ser considerada como la “Edad de Oro” de Bugatti.

Durante estos años, y junto a la saga Royale, aparece también el Type 57, un nuevo modelo con diferentes versiones muy exitosas: el 57S de carreras, considerado por el prestigioso piloto Sir Malcolm Campbell como el mejor vehículo de competición; el Type 57 SC Atlantic, uno de los más bellos de la historia por su armoniosa estética, y el 57 SC Atalante, famoso por su estilo aerodinámico y deportivo.

Sin embargo, y precisamente cuando la compañía Bugatti alcanzaba cotas de éxito y prestigio hasta el momento impensables, dos importantes acontecimientos marcaron el inicio de una etapa completamente opuesta. En primer lugar, la trágica muerte del hijo y sucesor de “le Patrón”, Jean Bugatti, en el momento en que probaba un nuevo bólido creado por su propio padre. El lamentable suceso sería el preludio del cambio de fortuna de la firma, puesto que, con el estallido de la II Guerra Mundial, tan sólo unos meses después, Alemania invadiría Francia y confiscaría la mítica planta de Molsheim, donde la compañía producía todos sus vehículos.

Durante los casi cinco años de guerra, Ettore Bugatti se refugió en su país natal, Italia. No obstante, y a pesar de lo que él creía, el final del conflicto no significó un nuevo período glorioso para la marca, pues las autoridades francesas se negarían a devolverle su fábrica, iniciándose un largo proceso judicial. En 1947, tan sólo un mes después de que una sentencia reconociera la propiedad de la planta y autorizase su puesta en funcionamiento, “le Patrón” fallecía sin poder levantar nuevamente su factoría automovilística. Desde entonces, nada sería igual en Molsheim, que, después de lanzar con rotundo fracaso dos nuevos modelos, entre ellos el Type 251, tendría que cerrar por quiebra.

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