Los sindicatos de Seat aceptan una mayor flexibilidad

La empresa ha podido más que los trabajadores y, al final, los sindicatos de Seat, principalmente UGT y Comisiones Obreras, se han plegado a las exigencias de Andreas Schleef, presidente de la compañía española. Ambas centrales se avienen a negociar unas condiciones laborales más flexibles en la planta de Martorell.
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Los sindicatos de Seat aceptan una mayor flexibilidad

Son tiempos de cambios en las relaciones laborales dentro de las grandes compañías automovilísticas afincadas en España. La irrupción de los países de Europa del Este como alojamientos propicios para las fábricas ha cambiado mucho las reglas del juego: España ya no es un país tan barato y las factorías pueden mudarse a latitudes más frías, pero más rentables.

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p> Así, mientras la Dirección de Nissan pelea por imponer la doble escala salarial para sus nuevos empleados, en Seat quieren que los trabajadores sean más flexibles, que trabajen más cuando hace más falta y menos cuando el trabajo desciende.

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p> La negativa del comité de empresa de Martorell a aceptar un aumento de las horas de trabajo en la factoría fue la causa de que Seat decidiese trasladar un 10 por ciento de la producción del Ibiza a Eslovaquia. Aquella represalia ha escarmentado a los sindicatos, que, ahora, se han vuelto algo más dóciles.

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p> La semana pasada, Andreas Schleef, presidente de Seat, reclamaba a la plantilla más flexibilidad a la hora de plantear la organización del trabajo en la fábrica barcelonesa. Asustados, los sindicatos mayoritarios, UGT y CC.OO., han respondido que aceptan negociar nuevas condiciones. Sólo la Confederación General del Trabajo, CGT, se opone a las peticiones de Schleef. Y no sólo eso: los responsables de la CGT han pedido a Seat que comparta los beneficios con los trabajadores y dé a cada uno de ellos una paga extra de 1.000 euros.

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Esta postura belicosa de la CGT está reportando excelentes réditos a sus responsables. En las elecciones sindicales de la industria del motor, el sindicato radical es el único que gana votos, mientras que los mayoritarios pierden apoyo.

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p> Da la impresión de que los trabajadores valoran esa oposición frontal que hace la CGT y le dan su respaldo.
Así, tras haberse celebrado elecciones en el 80 por ciento de las empresas del motor entre 2002 y 2003, los anarquistas han logrado subir sus votos del 8,8 por ciento al 10,2 por ciento. Esta subida es a costa de UGT, que baja de 33,9 a 32,1 por ciento. Comisiones también sube, pero en menor medida que la CGT.

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p> El resultado es una mayor radicalización de los comités de empresa, que alimentan su componente obrerista de la línea dura más tradicional. En una visión panorámica del fenómeno, parece que los trabajadores encajan mal la nueva política de las empresas de abaratar los despidos, flexibilizar el trabajo y amenazar con deslocalización industrial.

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