Madrid y Barcelona esconden los coches bajo tierra

Enterrar el tráfico para devolver la ciudad a los peatones. Esta idea, simple pero muy costosa, parece ser el lema con el que se rigen los responsables de la política urbanística de las grandes ciudades españolas. En Barcelona acaban de inaugurar el soterramiento de la Ronda de Mig, que ha tardado una década en estar completo. Mientras, Madrid planea peatonalizar la emblemática calle Serrano hundiendo los coches en un laberinto de galerías subterráneas.
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Madrid y Barcelona esconden los coches bajo tierra
Madrid y Barcelona esconden los coches bajo tierra

Que José María Álvarez del Manzano, alcalde de Madrid, es un amante de los túneles es algo que va de boca en boca de forma humorística en la capital. Hace apenas unos días que inauguraba con toda la pompa el túnel de Santa María de la Cabeza, una de las principales vías de salida de la ciudad. Tiene levantada toda la Avenida de América para hacer otra galería que desagüe coches hacia la Nacional II, en su día enterró otras vías importantes y, por si fuera poco, ha agujereado el centro allá donde había sitio para construir un aparcamiento.

Ahora, Álvarez del Manzano tiene en mente un último túnel que, de llevarse a término, será su testamento político, pues abandona el cargo en mayo. La idea es rescatar la exclusiva calle Serrano, emporio comercial de lujo en el centro de Madrid, y hacerla casi peatonal, con aceras de 11 metros de ancho y apenas tres carriles para el transporte público y los residentes. Como era de esperar, el espeso tráfico que soporta esta calle noche y día será escamoteado bajo el asfalto de la superficie.

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p> Según explica el diario La Razón, el nuevo túnel, que contaría con 1,8 kilómetros de longitud, recorrería todo Serrano desde la esquina de María de Molina hasta poco antes de la plaza de la Independencia, donde está la Puerta de Alcalá. La idea haría de la calle Serrano un enorme paseo con 22 metros de aceras y revitalizaría su ya de por sí pujante fortaleza comercial.

Pero la ambiciosa idea de los munícipes no se queda ahí. Por debajo del primer nivel subterráneo, que albergará tres carriles de circulación, se edificará un enorme aparcamiento con capacidad para unos 4.000 vehículos. Esta infraestructura es muy importante, pues de la venta de estas plazas saldrá parte del dinero que financie las obras, calculadas en unos 90 millones de euros, 15.000 millones de pesetas.

De antemano no parece que haya muchos problemas para ejecutar el proyecto. Sin embargo, Madrid es una de esas ciudades cuya epidermis esconde un mundo entero. La calle Serrano también tiene en sus entrañas una línea de metro, la número 4, cuyo engarce con los nuevos carriles resultará complicado.

Pero mucho más difícil será que Serrano pueda dar cabida a la idea del Ayuntamiento si se tiene en cuenta que ha sido elegida por el Ministerio de Fomento como la ruta óptima para enlazar las estaciones de Atocha y Chamartín con las vías del AVE. El ministerio de Álvarez Cascos quiere que la terminal de Chamartín, al norte de Madrid, sea el eje de los futuros trenes de alta velocidad que unan la capital con el norte de España. Para hacerlo, es preciso unir esta estación con Atocha, actual base de operaciones del AVE y, claro, la ruta más factible pasa por Serrano.

En el Ayuntamiento dicen que es perfectamente posible conjugar todos los túneles, pues el AVE circularía a unos 27 metros por debajo de la superficie, con lo que sobraría sitio para los aparcamientos y los carriles de circulación.

Al igual que se hace en Madrid, en Barcelona apuestan por hacer que los coches desaparezcan del paisaje por el método simple y directo de meterlos bajo tierra. Ayer domingo, el ayuntamiento de la Ciudad Condal dio por concluidas las obras de soterramiento de la Ronda del Mig, un cinturón rodado de 2,2 kilómetros que une las plazas de Ildefonso Cerdá y la Reina María Cristina.

Esta vía, muy criticada por partir en dos la zona de Les Corts y Sants, ha sido objeto de una transformación radical que se inició en 1994, cuando el consistorio decidió soterrarla y crear en su lugar un paseo ajardinado, una típica rambla barcelonesa.
Los trabajos han durado 10 años y han supuesto la remodelación de 100.000 metros cuadrados de la ciudad. Con sus más de dos kilómetros, es el túnel urbano más largo de España, el segundo de Europa y, en principio, el único de estas características que planea el ayuntamiento.

Responsables del municipio explican que la complejidad de la obra ha sido enorme y que hundir y cubrir las calles es una opción sólo valida si no hay otra alternativa contra el ruido o la división de barrios. Reconocen implícitamente los riesgos que acarrea una obra de este tipo para la circulación en la ciudad, porque sus dimensiones hacen muy difícil la evacuación en caso de accidente grave.

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p> Como se ve, los túneles son una solución muy socorrida cuando se trata de dar aire al tráfico urbano. Sin embargo, hay puntos de vista muy distintos en su modo de utilización y, sobre todo, plantean dudas que son muy difíciles de resolver.

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