El petróleo se toma un respiro

El pánico desapareció del parqué de las bolsas durante la última sesión hábil del año 2002. El precio del petróleo, que acumuló en los últimos 12 meses un alza del 57 por ciento, experimentó un retroceso durante el día 31 y bajó un dólar por barril en el mercado de Londres. La posibilidad de que la Opep aumente sus exportaciones ha relajado los ánimos de los intermediarios y propiciado este abaratamiento de fin de año.
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El petróleo se toma un respiro
El petróleo se toma un respiro

En Londres, el barril de Brent cerró 2002 a 28,66 dólares, mientras que en Nueva York el recorte de precios fue más suave y se quedó en 0,17 dólares, con una tarifa de cierre de 31,20 dólares. Estas leves bajadas suponen una tregua en unos mercados que viven arrastrados por un temporal de rumores y malas noticias. La cada día más cercana guerra en Irak y la huelga en Venezuela, que tiene paralizados los trabajos de la gigantesca petrolera PDVSA, han tensado tanto los precios que nadie sabe qué puede pasar.

El martes 30 había sido otro “martes negro”, con el barril a más de 31 dólares en Londres, un precio inédito en los dos últimos años y las calculadoras desbordadas ante lo que podía suponer un principio de año sin buenas noticias.

Pero el miércoles trajo un poco de calma. La Opep , el poderoso cártel petrolero que está detrás de esta escalada de precios imparable desde enero, dejó escapar un rumor que hablaba de un posible incremento de sus exportaciones. En realidad, más que un rumor es una esperanza. El precio medio de la Opep, la media de sus siete petróleos principales, se ha situado por encima de los 28 dólares desde la semana pasada. Si ese precio medio se mantiene 21 días hábiles en esos niveles, se pondrá en marcha el mecanismo de protección de la Opep, un sistema diseñado para controlar los precios y mantenerlos en una banda de fluctuación que va de los 22 a los 28 dólares por barril. Si transcurren tres semanas de tarifas disparadas, los países productores pondrán en circulación un contingente adicional compuesto por medio millón de barriles diarios. Esa inyección de crudo en los mercados debería relajar los mercados y bajar los precios hasta la banda óptima para la Opep.

Sin embargo, con la ausencia de casi dos millones de barriles diarios que deja de embarcar Venezuela, y con la posibilidad de que Irak suspenda la exportación de sus 2,3 millones de bidones, el medio millón que puede añadir el resto de la organización parece muy poco.

Pese a esta tranquilidad de fin de año, nadie duda de que lo peor puede estar por llegar. La situación internacional se complica cada día que pasa y el invierno agrava el panorama, pues dispara el consumo de energía.

Si Estados Unidos lanza su ataque sobre Irak, los precios enloquecerán. Hay analistas que hablan de 40 dólares por barril, una cifra que demolería los intentos de las economías occidentales por salir de la crisis económica que arrastran desde hace dos años. A este paso, si Venezuela no reanuda sus exportaciones y Sadam Hussein corta el grifo, el mercado padecerá grandes insuficiencias en el abastecimiento. La falta de crudo y, sobre todo, el miedo a que la situación se alargue harán que en los próximos días se acumule y se acapare petróleo para especular más adelante con él. Indudablemente, esto encarecerá los precios. Arabia Saudí, tradicional aliado petrolero de Estados Unidos, no ha salido como otras veces a calmar los ánimos diciendo que sus pozos cubrirán la falta de crudo. Al contrario, las relaciones entre ambos países se han enfriado mucho y el reino árabe no parece por la labor de echar un capote a los países occidentales.

Así las cosas, los consumidores serán los grandes perjudicados de toda esta marejada. En España, los efectos de la última espiral alcista se han empezado a notar. Desde principios de diciembre, la gasolina sin plomo de 95 octanos ha incrementado su precio en un tres por ciento, mientras que la vieja súper y el gasóleo se han encarecido en un cuatro y un cinco por ciento respectivamente.

Para las próximas semanas se espera una nueva subida, pues las petroleras tendrán que trasladar los últimos estirones de esta tensión. Además, en comunidades como Madrid habrá una propina en la subida, con la incorporación a los precios del segundo tramo del llamado impuesto sanitario.

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