Todo por la imagen

Nació como una vuelta de tuerca más a un concepto que había necesitado todo el empuje de Mercedes para remontar el vuelo. Año y medio después de mostrarse en público para llamar la atención en el Salón de Ginebra, llega a los concesionarios para deslumbrar en la calle, en una serie limitada de 2.000 unidades.
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Mundo al revés. BMW propone una moto para circular sin casco, bajo un techo, con su limpiaparabrisas y un maletero en el que caben 70 litros de equipaje. Smart quita la protección y ofrece 122 litros de maletero, a compartir entre dos personas. La agilidad del scooter se pierde con su peculiar centro de gravedad elevado. La agilidad que sugiere el compacto smart se limita electrónicamente para evitar situaciones peligrosas.

La idea del C1 no ha cuajado y BMW ha anunciado este mes que dejará de producirlo sin sucesor. Smart está reconduciendo su próxima gama hacia modelos más convencionales y prácticos, que dejan al Crossblade como un sueño para noches de verano.

¿Te gusta dar que hablar? ¿Ser el protagonista allá donde llegues? Smart tiene el vehículo que necesitas.

¿Te gusta dar que hablar? ¿Ser el protagonista allá donde llegues? Smart tiene el vehículo que necesitas. Pensado para provocar a miles de visitantes de un salón del automóvil, entre modelos inéditos y supercoches, ahora puedes aparcarlo en tu garaje. Eso sí, por un precio comparable al de un Clase A 190, un PT Cruiser, un Beetle V5 o un Toyota MR-2, por mencionar un descapotable.

Mi padre siempre me ha dicho que en esta vida hay que probar de todo. Creo que se refería en realidad a la comida, pero aquí estoy, a punto de ponerme al volante del Crossblade, todavía recientes unas inolvidables vueltas al circuito de Fiorano en el Ferrari Enzo. Y si entonces había cierto recelo fruto de alguna inquietud, ahora la sensación es más cotidiana, pero con inquietud similar. Acabo de bajarme de un coche que hace un crucero de 220 sin más intranquilidad que la del pasajero al mirar el velocímetro. Mi subconsciente me hace caer en la cuenta de la rotura del parabrisas fruto de un chinazo. En el Crossblade no tendré ese problema, porque no tiene parabrisas. El temor es quedar ciego, porque la violencia con la que chocan los mosquitos y las abejas contra el casco al circular en moto aconseja no andarse con bromas. Nos jugamos a los chinos quién va a conducir el coche camino de la redacción, justo a la puerta de Mercedes. Sí, los mismos que ofrecen un coche tan serio como el SL también son responsables del Crossblade. "El que tenga gafas de sol". Ninguno llevamos. El casco, como había pensado antes de venir, tampoco lo he traído. Al final me ha tocado. Hay que experimentarlo todo. Un supercoche no hace temer por la integridad física de uno, sino por el dinero que puede costar el estropicio si nos equivocamos. La sensación de seres invulnerables que acompaña a cada uno de nosotros esta ahí. En el Crossblade es bien distinto. Los mosquitos sobre el reposacabezas del pasajero nos acentúan la prevención. "La verdad es que por dentro es difícil de dejarlo bien limpio" nos advierte el encargado antes de entregárnoslo. Acostumbrados a ver todo género de suciedad en los coches descapotables, no nos desentona el comentario. Pero enseguida te viene una reflexión: en este coche, ¿a qué se referirá cuando dice el interior? ¡Pero, si todo es exterior!

No queremos pasar por unos "pardillos" después de años descifrando las mil y una invenciones de los diseñadores, incluidas algunas de sus pesadillas intelectuales. Nos lleva casi un minuto adivinar que en la posición menos adecuada, por aquello del brazo de palanca y esas cosas que llevábamos utilizando desde tiempos de los griegos, antes de que el márketing inundase nuestras necesidades, se encuentra el mando de apertura, muy cerca de la bisagra, bajo el enorme brazo que nos protegerá en caso de impacto lateral (?). Oop, hacia arriba, para poder luego salir con facilidad y no dar un golpe en la barriga a ese peatón que ha quedado paralizado boquiabierto al vernos llegar. Para volver a la redacción, nada de coger la autovía, porque a esas velocidades nos tememos lo peor. Un proyectil desde el coche de delante nos puede abrir la cabeza, así que por la vía de servicio y bien lejos de los coches de delante. El smart no es un coche rápido, pero este ritmo es infumable, si no vamos por una carretera costera y menos con este sol de agosto. Asiento para atrás, tanto como para colocarnos al volante como si condujésemos un monoplaza. Ajuste de los retrovisores con el dedo, también a lo F1, para poder conducir completamente tumbado y ver justo entre el aro del volante y la instrumentación. Con los ojos ahí, la protección del mínimo parabrisas es suficientemente segura. Así embutidos, a la vista de todas las miradas, sin aprovechar toda la superficie del asiento, resulta apto para circular en autovía entre los demás coches. A ver si no llamo demasiado la atención, porque antes de alcanzar la ciudad los remolinos ya se han llevado en volandas el papel que me autoriza a conducir el coche y que pensaba había puesto a buen recaudo.

Hace unos días tuve ocasión de conducir un smart y la sorpresa es la agilidad con la que hace las glorietas el Crossblade. Con sus vías delanteras más anchas, zapatos extra-anchos y centro de gravedad más bajo, resulta sorprendente. Vamos, es casi tan ágil como un turismo, sin que el pseudo-control de estabilidad detenga o ralentice todas nuestras acciones a los mandos. Claro espejismo del primer momento. Es el proceso lógico de adaptación que te permite bajarte de un coche de 61 CV y pasar a uno de 450 sin morir en el intento, en cualquiera de los dos sentidos. En seguida el Crossblade se muestra como un buen afinamiento del smart en cuanto a comportamiento y con 6 caballos más. Pero, poco más. Los pasos de marcha son parsimoniosos, hay escasa respuesta a bajo régimen...

Con el torso hacia fuera, este vehículo presenta la desventaja de que todo comentario que se haga mientras paramos en el semáforo lo oímos a la perfección. Estamos entre los coches, pero somos como un peatón. La costumbre hace que no nos sintamos observados al circular en los coches más espectaculares o grotescos. Sólo algunos coches realmente provocadores han incitado a alguien a hacernos bajar la ventanilla y decirnos lo feo que les parecía. Las más de las veces, te dedicas a escrutar caras de impresión o admiración. En marcha, te llega algún sentimiento con la cabeza o un pulgar arriba. Pero en el Crossblade, alejado del motor, sin ventanillas, puertas, techo o parabrisas que impida el paso del sonido... oímos todo y de todo. Esquivamos colocarnos los primeros en el semáforo casi tanto como a los autobuses. Qué decir de las fumarolas de estos ecológicos vehículos. No hay que temer a los mosquitos, que se alejan de la contaminación de las grandes ciudades, pero en el Crossblade no hay tecla de recirculación, como tampoco tendrían sentido las salidas de aireación.

Pasamos junto a una fuente. Es verdad, ahora volvemos a caer en la cuenta de que no tiene puertas. El viento hace que el agua y las proyecciones de los otros coches entren por los laterales y nos mojen el pantalón. Bueno, para algo el interior es de plástico y el coche es un tanto playero. Podría pasar. Todo para que sólo el pasajero pueda disfrutar de ver desfilar el asfalto. Salvo que se sea un verdadero provocador, habrá que dejar bien claro al pasajero/a en qué coche va a ir para adecuar la vestimenta, más aún que en un descapotable al uso. Y ojo al vértigo en según qué zonas. En plena glorieta sentimos que en esta ocasión no está mal que el control de estabilidad actúe y no deje hacer nada al coche. Qué susto el amago en la zona seca-mojada que ha dejado la fuente. En fin, ya lo sabíamos. Es un smart. Mucho menos práctico. Una auténtica atracción para los niños. ¿Por qué no habrán puesto en la calle el smart según la idea del creador de los Swatch? A mitad de precio que el utilitario más pequeño -ahora serían 5.000 euros (poco más de 800.000 pesetas)-, todo chaval con 17 años estaría esperando ansioso su cumpleaños para estrenar un flamante carnet y un smart. Al precio del Crossblade, su difusión será tan limitada como para que esa placa numerada sobre el salpicadero -acertada denominación, como hemos comprobado- que indica ese carácter limitado sea una obviedad.

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