Francia criminaliza las infracciones de tráfico

En Francia ya no quieren más bromas al volante. A partir del próximo 1 de enero, los reincidentes de la carretera se arriesgan a pagar sus infracciones de tráfico hasta con tres años de cárcel. El Gobierno quiere reducir las 8.000 muertes que se producen cada año en sus vías de circulación.
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Francia criminaliza las infracciones de tráfico
Francia criminaliza las infracciones de tráfico

El presidente de la República de Francia, Jacques Chirac, considera la lucha contra los accidentes de tráfico una “causa nacional prioritaria”. Esta bandera ha sido recogida por el Gobierno conservador de Jean Pierre Raffarin, que ha puesto en marcha una insólita iniciativa legislativa para criminalizar las imprudencias al volante.

Desde el día 1 de enero, una impresionante colección de nuevas medidas de presión se abatirá sobre los conductores franceses para impedir que siga creciendo la siniestralidad. Los ejes de esta nueva política son dos: más control y pago de las sanciones de forma inmediata.

Para empezar, las fuerzas del orden encargadas de vigilar las carreteras galas recibirán 1.000 nuevos radares, helicópteros especiales y coches camuflados. También se les dotará de mecanismos para cobrar las multas en el acto, aunque los sancionados tendrán siempre la opción de recurrir posteriormente. Los juicios también se acelerarán, de forma que no haya posibilidad de evadirse de la justicia por cuestiones de forma o procedimiento.

Después viene el apartado de endurecimiento de las sanciones, el más polémico. Destaca el trato que se dispensará a los infractores que reincidan. Por ejemplo, si alguien supera el límite de velocidad en más de 50 km/h una sola vez, será multado duramente. Si vuelven a hacerlo, se exponen a pasar entre uno y tres años en la cárcel. Esta medida, inédita en Europa, también se aplicará a los que conduzcan sin carné de forma reiterada.

Además, el homicidio involuntario al volante se penará con una pena que puede llegar a los 5 años de prisión y 75.000 euros de multa, unos 12,4 millones de pesetas. Si el conductor añade el agravante de la embriaguez, la pena puede ascender a 7 años de cárcel y 100.000 euros de sanción, sobre los 16 millones de pesetas.

Los novatos tampoco salen muy bien parados con el cambio legal. Ahora, su carné tendrá un periodo de pruebas de tres años y seis puntos, en lugar de los 12 que tienen los demás conductores. En esos tres años, deberán demostrar que conducen con la debida prudencia para no perder esos exiguos puntos. Si los pierden, se quedan sin carné.

Los mayores de 75 años tendrán que pasar un examen médico cada dos años.

Estas medidas han levantado cierta polémica en Francia, aunque cuentan con el apoyo de las asociaciones de víctimas y de ciudadanos. El Ejecutivo francés espera reducir notablemente las casi 8.000 muertes que registraron sus carreteras en 2001 y también los casi 21 millones de infracciones contra el código de circulación.

Nicolas Sarkozy, el nuevo y duro ministro de Interior, es el gran abanderado de esta reforma que costará al Estado 15 millones de euros en 2003, además de los 21 millones que ya se habían presupuestado para modernizar los sistemas de control. Sarkozy ha enviado una carta a los responsables de la policía pidiendo mano dura y el fin de la indulgencia que algunos agentes practican en cuestiones de tráfico rodado. “La lucha contra la delincuencia en la carretera sólo será eficaz si nadie se beneficia de una tolerancia particular”, explica el polémico ministro.

En España, desde enero, rige una nueva Ley de Tráfico y Seguridad Vial que contempla la retirada de carné para aquellos conductores especialmente reincidentes. En los próximos meses entran en vigor algunas normativas derivadas de aquella ley, como la posibilidad de realizar cursillos de “reeducación” para rebajar las penas impuestas por las infracciones.

Además, la DGT piensa incrementar notablemente el control de la alcoholemia y tratará de concienciar a los conductores de la importancia de lucir prendas reflectantes cuando salen del coche en caso de avería o accidente en carretera.

Las autoridades españolas han declarado la guerra también al exceso de velocidad, sobre todo en Cataluña, donde se ha constatado el éxito de las cámaras láser equipadas con radares automáticos. La idea ha resultado tan bien que el Servei Català de Trànsit ya trabaja en la instalación de nuevas cámaras. Los responsables de este departamento catalán insisten en que un descenso del 10 por ciento en la velocidad da como resultado una bajada idéntica en el número de accidentes. Pero, además, al reducirse la velocidad de impacto, se reduce también el número de muertes en más de un 20 por ciento.

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