Contacto: Opel Agila

A partir de mayo, Opel pondrá a la venta el Agila, un «minivolumen» fabricado en colaboración con Suzuki, con el que la marca alemana «prueba suerte», por primera vez, en un segmento en el que nunca había estado presente.
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Contacto: Opel Agila
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Los dos motores procedentes del Corsa han sido convenientemente mejorados en lo que a rendimiento y emisiones contaminantes se refiere, y ambos cumplen la norma Euro IV que entrará en vigor a partir de 2005. Las principales variaciones se centran en los árboles de levas, con lo que se consigue aumentar en 4 CV la potencia del tricilíndrico 1.0 12V del Corsa y en nada menos que 10 CV el 1.2 16V, ofreciendo ahora 58 y 75 CV, respectivamente, con una cota de par máximo de 85 y 110 Nm. El menos potente cumple satisfactoriamente para movernos por la ciudad y periferia, ofreciendo unos consumos muy aquilatados y una respuesta muy rápida en tráfico urbano. Pero los 58 CV se quedan muy cortos para movernos por carretera con algo de carga o tener que adelantar en una carretera secundaria a un vehículo que circula entre 100-110 km/h. Por el contrario, el 1.2 16V ofrece un nivel de prestaciones más que satisfactorio para afrontar viajes esporádicos de poca distancia, aunque también con él nos tenemos que tomar las cosas con paciencia, ya que una quinta relación un tanto descolgada y una aerodinámica especialmente mala suponen un serio lastre cuando llega la hora de ganar velocidad desde los 120-130 km/h. De todas formas, de no haber mucha diferencia de precio entre ambos -los precios no están aún definidos- resulta mucho más aconsejable decantarse por esta motorización, ya que la diferencia en consumo entre ambos tampoco es significativa.

En una utilización racional, el Agila no plantea serios problemas de comportamiento. Hay que tener en cuenta que el centro de gravedad está más elevado que en un turismo y que éste se eleva aún más (a diferencia de aquél) a medida que llevamos más pasajeros y carga, por lo que, si el balanceo en vacío es acusado, con carga es aún más palpable. Pero la estabilidad en línea recta sólo está penalizada por su elevada superficie, lo que le hace muy sensible al viento lateral, mientras que en curva su ligera batalla y la ligereza de las suspensiones propician un comportamiento algo errático si nos vemos obligados a frenar o a variar la trayectoria en pleno apoyo. De todos modos, queda bastante claro que este tipo de vehículos no están pensados para realizar una conducción vivaz y decidida. Lo mejor es su excelente maniobrabilidad para callejear por las zonas más estrechas, algo a lo que ayuda positivamente su escaso radio de giro y la suavidad de su dirección asistida electro-hidráulica.

Los dos motores procedentes del Corsa han sido convenientemente mejorados en lo que a rendimiento y emisiones contaminantes se refiere, y ambos cumplen la norma Euro IV que entrará en vigor a partir de 2005. Las principales variaciones se centran en los árboles de levas, con lo que se consigue aumentar en 4 CV la potencia del tricilíndrico 1.0 12V del Corsa y en nada menos que 10 CV el 1.2 16V, ofreciendo ahora 58 y 75 CV, respectivamente, con una cota de par máximo de 85 y 110 Nm. El menos potente cumple satisfactoriamente para movernos por la ciudad y periferia, ofreciendo unos consumos muy aquilatados y una respuesta muy rápida en tráfico urbano. Pero los 58 CV se quedan muy cortos para movernos por carretera con algo de carga o tener que adelantar en una carretera secundaria a un vehículo que circula entre 100-110 km/h. Por el contrario, el 1.2 16V ofrece un nivel de prestaciones más que satisfactorio para afrontar viajes esporádicos de poca distancia, aunque también con él nos tenemos que tomar las cosas con paciencia, ya que una quinta relación un tanto descolgada y una aerodinámica especialmente mala suponen un serio lastre cuando llega la hora de ganar velocidad desde los 120-130 km/h. De todas formas, de no haber mucha diferencia de precio entre ambos -los precios no están aún definidos- resulta mucho más aconsejable decantarse por esta motorización, ya que la diferencia en consumo entre ambos tampoco es significativa.

En una utilización racional, el Agila no plantea serios problemas de comportamiento. Hay que tener en cuenta que el centro de gravedad está más elevado que en un turismo y que éste se eleva aún más (a diferencia de aquél) a medida que llevamos más pasajeros y carga, por lo que, si el balanceo en vacío es acusado, con carga es aún más palpable. Pero la estabilidad en línea recta sólo está penalizada por su elevada superficie, lo que le hace muy sensible al viento lateral, mientras que en curva su ligera batalla y la ligereza de las suspensiones propician un comportamiento algo errático si nos vemos obligados a frenar o a variar la trayectoria en pleno apoyo. De todos modos, queda bastante claro que este tipo de vehículos no están pensados para realizar una conducción vivaz y decidida. Lo mejor es su excelente maniobrabilidad para callejear por las zonas más estrechas, algo a lo que ayuda positivamente su escaso radio de giro y la suavidad de su dirección asistida electro-hidráulica.

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