Contacto: Mercedes C Sportcoupé

No hay enemigo pequeño. Mercedes no podía seguir más tiempo sin cubrir un hueco como el que ocupan el BMW Compact o incluso el Audi A3. Con las mismas cualidades del Clase C, Mercedes ha elaborado una variante truncada de éste, suficientemente estilizada como para poder atacar, también, la faceta de coupé, con más espacio detrás que el propio CLK.
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Contacto: Mercedes C Sportcoupé
Contacto: Mercedes C Sportcoupé

El diseño del Sportcoupé contaba desde el primer momento con la presencia de un techo oscuro, transparente, capaz de aportar una luminosidad y una personalidad exterior exclusiva. Así se explica su perfecta integración, aunque se contemple como una opción de 300.000 pesetas. Se trata de un módulo que suministra el especialista Webasto, practicable de forma eléctrica para dejar entrar el aire y que cuenta con cortinillas también eléctricas para evitar el efecto invernadero cuando el sol castiga. Por suerte, otros elementos, del ABS al control de estabilidad, del climatizador a los asientos posteriores abatibles, se incluyen de serie.

Las mecánicas se conocen de la Clase C, cuatro seleccionadas entre los cuatro cilindros, dejando ausentes los motores V6 por el momento. Para todos ellos se ofrece de serie una caja de cambios de seis marchas. Su tacto hace dirigir las miras con avidez al Sequentronic, su variante robotizada, de manejo secuencial, sin embrague y que permite también un uso totalmente automático por menos de 200.000 pesetas de sobreprecio. El automático de cinco marchas se ofrece por el doble de precio, pero resulta una posibilidad sumamente recomendable por suavidad y eficacia. El C180, a pesar de su motor de 2 litros, se encuentra algo justo de fuelle, porque el Sportcoupé apenas pesa diez kilos menos que la berlina. El C200 K es lo razonable para quien no desea sólo una imagen y el C230 K ya permite ritmos correspondientes a ese Sport que encontramos en su denominación. Se ofrecerá también una variante Diesel, el C220 CDI, que empuja lo suficiente y se espera sea la versión más demandada.

En este primer contacto, ningún reproche que hacer al bastidor, que recibe en el tren trasero unos tarados de amortiguación algo más firmes que la berlina. Incluso soporta sin pestañear la mayor precisión de marcha de unas suspensiones rebajadas en 15 milímetros delante y cinco detrás, con una comodidad de suspensión todavía muy razonable, incluso sobre piso irregular. Este extra aumenta el tamaño de las ruedas de 205/55 a 225. Éxito asegurado, sin ser barato, para no distorsionar la imagen de la marca.

El diseño del Sportcoupé contaba desde el primer momento con la presencia de un techo oscuro, transparente, capaz de aportar una luminosidad y una personalidad exterior exclusiva. Así se explica su perfecta integración, aunque se contemple como una opción de 300.000 pesetas. Se trata de un módulo que suministra el especialista Webasto, practicable de forma eléctrica para dejar entrar el aire y que cuenta con cortinillas también eléctricas para evitar el efecto invernadero cuando el sol castiga. Por suerte, otros elementos, del ABS al control de estabilidad, del climatizador a los asientos posteriores abatibles, se incluyen de serie.

Las mecánicas se conocen de la Clase C, cuatro seleccionadas entre los cuatro cilindros, dejando ausentes los motores V6 por el momento. Para todos ellos se ofrece de serie una caja de cambios de seis marchas. Su tacto hace dirigir las miras con avidez al Sequentronic, su variante robotizada, de manejo secuencial, sin embrague y que permite también un uso totalmente automático por menos de 200.000 pesetas de sobreprecio. El automático de cinco marchas se ofrece por el doble de precio, pero resulta una posibilidad sumamente recomendable por suavidad y eficacia. El C180, a pesar de su motor de 2 litros, se encuentra algo justo de fuelle, porque el Sportcoupé apenas pesa diez kilos menos que la berlina. El C200 K es lo razonable para quien no desea sólo una imagen y el C230 K ya permite ritmos correspondientes a ese Sport que encontramos en su denominación. Se ofrecerá también una variante Diesel, el C220 CDI, que empuja lo suficiente y se espera sea la versión más demandada.

En este primer contacto, ningún reproche que hacer al bastidor, que recibe en el tren trasero unos tarados de amortiguación algo más firmes que la berlina. Incluso soporta sin pestañear la mayor precisión de marcha de unas suspensiones rebajadas en 15 milímetros delante y cinco detrás, con una comodidad de suspensión todavía muy razonable, incluso sobre piso irregular. Este extra aumenta el tamaño de las ruedas de 205/55 a 225. Éxito asegurado, sin ser barato, para no distorsionar la imagen de la marca.

El diseño del Sportcoupé contaba desde el primer momento con la presencia de un techo oscuro, transparente, capaz de aportar una luminosidad y una personalidad exterior exclusiva. Así se explica su perfecta integración, aunque se contemple como una opción de 300.000 pesetas. Se trata de un módulo que suministra el especialista Webasto, practicable de forma eléctrica para dejar entrar el aire y que cuenta con cortinillas también eléctricas para evitar el efecto invernadero cuando el sol castiga. Por suerte, otros elementos, del ABS al control de estabilidad, del climatizador a los asientos posteriores abatibles, se incluyen de serie.

Las mecánicas se conocen de la Clase C, cuatro seleccionadas entre los cuatro cilindros, dejando ausentes los motores V6 por el momento. Para todos ellos se ofrece de serie una caja de cambios de seis marchas. Su tacto hace dirigir las miras con avidez al Sequentronic, su variante robotizada, de manejo secuencial, sin embrague y que permite también un uso totalmente automático por menos de 200.000 pesetas de sobreprecio. El automático de cinco marchas se ofrece por el doble de precio, pero resulta una posibilidad sumamente recomendable por suavidad y eficacia. El C180, a pesar de su motor de 2 litros, se encuentra algo justo de fuelle, porque el Sportcoupé apenas pesa diez kilos menos que la berlina. El C200 K es lo razonable para quien no desea sólo una imagen y el C230 K ya permite ritmos correspondientes a ese Sport que encontramos en su denominación. Se ofrecerá también una variante Diesel, el C220 CDI, que empuja lo suficiente y se espera sea la versión más demandada.

En este primer contacto, ningún reproche que hacer al bastidor, que recibe en el tren trasero unos tarados de amortiguación algo más firmes que la berlina. Incluso soporta sin pestañear la mayor precisión de marcha de unas suspensiones rebajadas en 15 milímetros delante y cinco detrás, con una comodidad de suspensión todavía muy razonable, incluso sobre piso irregular. Este extra aumenta el tamaño de las ruedas de 205/55 a 225. Éxito asegurado, sin ser barato, para no distorsionar la imagen de la marca.

El diseño del Sportcoupé contaba desde el primer momento con la presencia de un techo oscuro, transparente, capaz de aportar una luminosidad y una personalidad exterior exclusiva. Así se explica su perfecta integración, aunque se contemple como una opción de 300.000 pesetas. Se trata de un módulo que suministra el especialista Webasto, practicable de forma eléctrica para dejar entrar el aire y que cuenta con cortinillas también eléctricas para evitar el efecto invernadero cuando el sol castiga. Por suerte, otros elementos, del ABS al control de estabilidad, del climatizador a los asientos posteriores abatibles, se incluyen de serie.

Las mecánicas se conocen de la Clase C, cuatro seleccionadas entre los cuatro cilindros, dejando ausentes los motores V6 por el momento. Para todos ellos se ofrece de serie una caja de cambios de seis marchas. Su tacto hace dirigir las miras con avidez al Sequentronic, su variante robotizada, de manejo secuencial, sin embrague y que permite también un uso totalmente automático por menos de 200.000 pesetas de sobreprecio. El automático de cinco marchas se ofrece por el doble de precio, pero resulta una posibilidad sumamente recomendable por suavidad y eficacia. El C180, a pesar de su motor de 2 litros, se encuentra algo justo de fuelle, porque el Sportcoupé apenas pesa diez kilos menos que la berlina. El C200 K es lo razonable para quien no desea sólo una imagen y el C230 K ya permite ritmos correspondientes a ese Sport que encontramos en su denominación. Se ofrecerá también una variante Diesel, el C220 CDI, que empuja lo suficiente y se espera sea la versión más demandada.

En este primer contacto, ningún reproche que hacer al bastidor, que recibe en el tren trasero unos tarados de amortiguación algo más firmes que la berlina. Incluso soporta sin pestañear la mayor precisión de marcha de unas suspensiones rebajadas en 15 milímetros delante y cinco detrás, con una comodidad de suspensión todavía muy razonable, incluso sobre piso irregular. Este extra aumenta el tamaño de las ruedas de 205/55 a 225. Éxito asegurado, sin ser barato, para no distorsionar la imagen de la marca.

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