La mejor manera de hacerlo

La enseñanza que recibimos en la autoescuela está dirigida a aprobar el examen de conducir. En esa instrucción, con frecuencia se olvidan de las situaciones de peligro en la carretera. Los cursos de conducción intentan cubrir esa carencia de nuestra formación.
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La mejor manera de hacerlo

La forma correcta de coger el volante también se incluye en esta primera explicación. ¡Cuántas veces hemos oído aquello de: “a las 15:15”! La mejor manera de asumir una norma es con una explicación, que no tarda en llegar. Con la correcta posición de las manos en el volante, podemos controlar mejor el movimiento de éste y conseguir giros de hasta 180 grados sin soltar las manos y sin cruzar los brazos. La teoría es sencilla, pero en la práctica sabemos que, por cansancio o por comodidad, no siempre se colocan las manos de esta forma.

9:15 h. Empiezan las clases prácticas. Hay varios automóviles, algunos antiguos (Ford Orion) y otros de lo más nuevo (Seat León y Skoda Octavia). Todos los grupos (de dos personas) pasarán tarde o temprano por cada uno de ellos. La primera prueba es un recorrido al circuito y un slalom en seco. Con el ejercicio, se pretende hacer ver al alumno la necesidad de llevar colocadas las manos correctamente y se incide en que no se deben cruzar los brazos, al mismo tiempo que se volantea, aunque a veces faltan brazos.

Ir sorteando conos a una distancia prudencial es más difícil de lo que parece. Hay que tener en cuenta las transferencias de masas en el vehículo. Cuando circulamos en línea recta, las masas del automóvil están equilibradas longitudinal y transversalmente, pero los diferentes giros de volante y consecuentes cambios de plano distribuyen las fuerzas de otra manera. Un giro a la izquierda “carga” las dos ruedas de este lado con gran parte del peso del vehículo, mientras que las derechas quedan más liberadas. Si inmediatamente después giramos a la derecha, se produce el efecto contrario, pero las cargas ya no son al cincuenta-cincuenta, como al principio, y puede haber desequilibrios.

La solución la propone Pedro con un ejemplo práctico que lleva a cabo otro monitor, Jaime. Con su primer slalom, Jaime trata de mostrarnos cómo se desequilibra el coche, si no lo estabilizamos antes de girar de nuevo. La segunda pasada la hace estabilizando después del giro. La diferencia es notable y consigue acabar sin rozar los conos. Nos toca a nosotros.

La cosa parece complicada, pero adecuando la velocidad se pueden sortear sin problemas los conos. Una, dos, tres vueltas al circuito y varias pasadas por el slalom. ¡Esto está “chupao”! La confianza se apodera de nosotros y vamos aumentando la velocidad poco a poco. Después de haber pasado por el circuito varias veces, uno ya “conoce” las curvas y lo que se puede encontrar. ¡Craso error!. De repente, aparece un cono situado donde no tenía que estar. Se han acortado las distancias. Perdemos el control del vehículo, nos “comemos” el cono y conseguimos frenar a un lado de la pista. No íbamos muy rápido, así que no hay mayores consecuencias.

Pedro nos reúne a todos, sonríe y nos echa una amigable bronca. Al principio del curso nos ha avisado de que el objetivo era que aprendiéramos a mirar. Ninguno nos hemos percatado de que “había crecido un cono nuevo en la pista” y todos nos lo hemos llevado por delante. Otro refrán llega a mi cabeza: “Donde hay confianza, da asco”. Es verdad, la carretera que recorremos todos los días y que conocemos, o creemos conocer, suficientemente nos puede dar alguna que otra sorpresa. Ya nos lo avisa nuestro monitor: “Tened cuidado, los conos son como los hongos, salen por cualquier parte”.

La primera prueba práctica nos hace reflexionar a todos mientras nos tomamos un café y unas pastas en el bar de las instalaciones. Hay que estar preparado para cualquier imprevisto: un desprendimiento de piedras, una mancha de aceite, un charco de agua, un animal… cualquier cosa puede aparecer en nuestro camino, hasta en esa ruta que hacemos todos los días varias veces.

10.30 h. Volvemos a las clases teóricas. Es el turno de trazar curvas. Vemos el vídeo correspondiente a la unidad y Pedro nos invita a dibujar en la pizarra cómo trazaríamos una curva sencilla de 90 grados, otra de 180 grados y, finalmente, unas cuantas enlazadas. “Para gustos están los colores” y, si no, que nos lo digan a nosotros. “Empezaría por el exterior, luego iría al centro, saldría por la tangente…”.

La Física tiene mucho que decir en este tema: las fuerzas centrífuga y centrípeta deciden hacia dónde va el vehículo, pero también estos vectores de fuerza nos ayudan a conocer cuál es el trazado ideal y, por tanto, lo que hay que hacer.

Salimos a la pista de nuevo. Cambio de sentido en el trazado del circuito, para que no nos acostumbremos más que nada, y nuevo coche. Pedro se desespera con algunos de nosotros y se coloca incluso en medio de la pista, para que recordemos que hay que entrar por el exterior. Curva tras curva nos da instrucciones. Aunque estemos trazando curvas y ya haya pasado el primer ejercicio, no hay que cruzar los brazos, y hay que mirar, y hay que colocarse bien en el coche, y hay que… hay que ir acumulando los conocimientos adquiridos, en resumen.

La primera parte de la jornada finaliza sobre las 13 horas. A comer, ya se sabe, primer y segundo plato, postre, café, pííí y puro. Está claro que, tratándose de un curso de conducción, no está permitido el alcohol.

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