Mayores al volante, ¿experiencia o un riesgo?

Para muchos automovilistas, las personas de más de 65 años representan un peligro al volante. Expertos y estadísticas, sin embargo, desmienten esta opinión. Las previsiones auguran que, en 2010, más de un millón de personas circularán en España con 80 años cumplidos.
Autopista -
Mayores al volante, ¿experiencia o un riesgo?
Mayores al volante, ¿experiencia o un riesgo?

Cada vez son más. En España circulan ya más de 1,6 millones de conductores mayores de 65 años (el 8,4 por ciento del total de automovilistas) y la cifra aumentará considerablemente durante esta década. Según las estimaciones, el 20 por ciento de la población superará en 2010 esa edad y en su mayoría seguirán conduciendo, pues los avances médicos y el ejercicio físico han mejorado mucho la calidad de vida de estas personas. La publicación de estas estadísticas ha abierto en nuestro país una nueva polémica: ¿Es conveniente, tanto para ellos como para el resto de conductores, que personas de determinada edad se mantengan al volante?; ¿hay que poner límite de edad a la conducción?.

El debate no es nuevo. Hace algunos meses, un anciano de 85 años confundió la salida de una autopista y circuló en sentido contrario durante varios kilómetros. Todos pudimos ver las imágenes por televisión. Este descuido, que finalmente se resolvió sin mayores consecuencias, puso en peligro a numerosos vehículos y fueron muchos los que aseguraron que personas de esta edad jamás deberían conducir. Ahora, sin embargo, las estadísticas dan la razón a los conductores mayores de 65 años.

Los denominados conductores seniors no son los más peligrosos a la hora de ponerse al volante. Según los últimos datos facilitados por la Dirección General de Tráfico (DGT), de los casi 9.000 conductores que resultaron muertos o heridos en accidentes de circulación en el año 2002, sólo el 4,56 por ciento tenía más de 65 años. Los datos contrastan con la elevada siniestralidad que registran los conductores más jóvenes, aquellos que, supuestamente, presentan mejores condiciones físicas para realizar la actividad.

Para el gerontólogo Ricardo Moragas, director de un grupo de investigación del envejecimiento en la Universitat de Barcelona, incidentes como el que protagonizó el conductor de 85 años son hechos totalmente aislados. En su opinión, “no hay que poner límite de edad para conducir. La edad no es un criterio de incapacidad, sino la pérdida de función. Hay que medir la aptitud de cada individuo”.

Las conclusiones extraídas por Moragas en el informe “Los conductores seniors en autopistas: presente y futuro”, publicado recientemente junto a la Fundación Abertis, son rotundas: “Estos conductores tienen una baja siniestralidad, porque adoptan conductas menos arriesgadas”. Es más, para él, este tipo de conductores no sólo no representan un riesgo en las carreteras, sino que además ofrecen dos ventajas: experiencia y prudencia. “El habitual deterioro que produce el envejecimiento hace adoptar al conductor mayor una serie de medidas protectoras y reductoras de riesgos. Asume nuevos patrones de movilidad y una acomodación al entorno, lo que reduce el riesgo de accidentes”, afirma Moragas.

Son jubilados de clase media y viven en zonas mayoritariamente urbanas. Su media de ingresos mensuales es de unos 1.200 euros y más de la mitad sólo poseen estudios primarios. Disponen de vehículos con una antigüedad media de seis años, con los que recorren unos 120 kilómetros por semana. Sus salidas suelen responder a motivos de ocio, visitas médicas o familiares. Éste es el perfil de nuestros conductores más mayores, los que superan los 65 años de edad.

Y a todo esto, ¿qué piensan ellos? Los conductores mayores de 65 años hacen bueno el refrán que asegura que “más sabe el diablo por viejo, que por diablo”. Se resisten a dejar de conducir, una práctica que han realizado durante muchos años, y consideran que la edad no es un escollo; además, estos automovilistas, según publica el informe de la Universitat de Barcelona, critican la agresividad que muestran hoy en día los jóvenes y denuncian su temeridad al volante.

Los conductores seniors, a pesar de todo, reconocen las limitaciones que provoca la edad, una realidad que intentan paliar modificando ciertos hábitos: disminuyen la velocidad, conducen distancias más cortas, circulan menos por la noche, evitan las horas de tráfico denso... Sin embargo, sus facultades físicas y psíquicas no siempre recomiendan ejercer esta práctica. En ocasiones, los mayores se convierten en un riesgo para el tráfico y en un peligro latente para el resto de automovilistas.

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