Las marcas japonesas siguen su escalada imparable en el mercado estadounidense

Trece meses consecutivos. Es el tiempo que los fabricantes japoneses Toyota y Honda llevan incrementado su cuota de mercado en los Estados Unidos. Los perjudicados, GM y Ford. Precisamente, el primero asegura que la Administración Bush les impide competir en igualdad de condiciones ante el inminente endurecimiento de la normativa que regula las emisiones contaminantes del automóvil. El resultado será la entrega del mercado de los todo terreno a sus rivales nipones.
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Las marcas japonesas siguen su escalada imparable en el mercado estadounidense
Las marcas japonesas siguen su escalada imparable en el mercado estadounidense

Según la Asociación Japonesa de Fabricantes de Automóviles, en noviembre de 2006, la producción doméstica de las 12 firmas niponas fue de 1,03 millones de unidades, un 7,3 por ciento más que en mismo mes del año anterior. De esa cantidad, más de la mitad, 555.295, se ha destinado a exportación, lo que significa un incremento del 25 por ciento. Esa extraordinaria subida ha sido debida a Toyota y Honda, quienes se han visto obligadas a incrementar sus exportaciones a los Estados unidos, especialmente, de coches pequeños poco contaminantes.

En contrapartida, los consorcios estadounidenses General Motors y Ford han visto reducirse su producción y sus ventas en el mercado local.

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p> La situación no parece muy halagüeña para los fabricantes locales. En el futuro, sus ventas podrían desplomarse. Así, lo ha dejado entrever Bob Lutz vicepresidente de GM y máximo responsable del área de Desarrollo de Producto de la compañía, para quien la Administración Bush no hace sino acrecentar el problema. En un blog, el dirigente de GM ha arremetido contra el Gobierno ante su pretensión de reformar el reglamento CAFE (Corporate Average Fuel Economy), un cuerpo de normas que rige la reducción del consumo de combustible, para 2008 y obligar a la industria del automóvil a reducir un cuatro por ciento más al año la cantidad de gases emitidos a la atmósfera. El sistema, basado en el establecimiento de un límite de la cantidad media de emisiones permitida a cada fabricante, ya favorece, según Lutz, claramente a las firmas japonesas. Si se endurece, les beneficiará aún más, dado que, durante años, han acumulado créditos de emisiones al haber inundado el mercado de coches pequeños poco contaminantes.

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p> Esto quiere decir que, en lo sucesivo, pueden dedicarse a fabricar coches todo terreno y similares, los más rentables, lo que “por cierto, ya están haciendo”. Y, prosigue Lutz, significará que “los fabricantes japoneses ocuparán el hueco que nos obligará a dejar vacante” la Administración Bush en este importante mercado.

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p> El ejecutivo finaliza su comentario alegando que “no hay fórmulas mágicas que permitan mejorar los consumos actuales” y que “mientras el galón cueste dos dólares, los consumidores seguirán ejerciendo su derecho de comprar el coche que quieran”.

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