La máquina del tiempo

Hay cosas que, afortunadamente, nunca cambian. Una de ellas es el Mini, un vehículo pequeño, potente y deportivo que, en 1964, sorprendió al mundo con su victoria en el prestigioso Rally de Montecarlo. Cuarenta años después, la firma celebra el acontecimiento que marcó su éxito. Y lo hace de la mejor manera: matriculando en el mercado más de 175.000 unidades al año. El nuevo Mini también triunfa hoy, aunque, esta vez, por las carreteras.
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La máquina del tiempo
La máquina del tiempo

Por toda su brillante historia, la marca Mini ha conservado su prestigio con el paso de los años. Sus modelos nunca han dejado de sorprender al mercado, así como sus cualidades tampoco han cesado de atraer a nuevos clientes y admiradores. La firma, no obstante, jamás hubiera alcanzado tanta celebridad de no haber sido por su excelente rendimiento en carrera. Desde su aparición, el Mini es un coche deportivo, cuya maniobrabilidad siempre se ha comparado a la de un kart. Los pasados años 60 fueron conocidos como “el decenio del Mini”, ya que sus continuas victorias en las competiciones oficiales impulsaron también su éxito en el mercado. El colofón lo alcanzó en 1964 con su primer triunfo en el Rally de Montecarlo, del que ahora se cumple el 40 aniversario.

El Mini nació para competir. Al menos, eso señala la historia. Sólo seis meses después de su lanzamiento al mercado (en agosto de 1959), seis coches oficiales de la nueva marca toman la salida del Rally de Montecarlo, una de las pruebas más importantes y exigentes del circuito europeo. Sin embargo, su estreno no alcanza las expectativas: cruza la meta en el puesto 23. Una posición similar alcanzaría también un año después.

En 1962, la situación da un cambio radical. La marca, por entonces británica, decide acudir a Francia con su flamante nuevo modelo: el Mini Cooper. A sus mandos, el mejor piloto de la época, Rauno Aaltonen. El finlandés realiza una extraordinaria carrera que acaba truncándose por un desgraciado accidente, con vuelco e incendio incluido, del que salva la vida milagrosamente. Él abandona, pero otros dos Mini oficiales acaban la competición, pilotados por dos jóvenes promesas: Timo Mäkinen y Patrick Hopkirk. La confirmación del tremendo potencial que ofrece este vehículo llega al año siguiente, cuando Aaltonen consigue la primera victoria en su categoría y un magnífico tercer puesto en la clasificación general. Hopkirk es sexto.

A tenor de sus últimos resultados, BMC afronta con gran optimismo, y con un vehículo más potente, otra edición del rally. Esta vez, los seis pilotos oficiales que presenta la marca participan con los nuevos Cooper S que, con una cilindrada de 1.071 cm3, desarrollan una potencia de 70 CV, frente a los 55 del año anterior. El comienzo no puede ser más esperanzador con Hopkirk aupado al segundo puesto en la primera etapa. La agilidad del coche, no obstante, contrasta con una velocidad punta muy modesta, en comparación con los Ford Falcon, los Mercedes 300 SE o los Volvo 544.

Los Mini Cooper, pese a todo, se defienden sorprendentemente bien y, tras una dramática ascensión al Col de Turini de 1.607 metros, Hopkirk accede al primer puesto en esta etapa gracias a la fórmula del hándicap, que obliga en Montecarlo a conducir más rápido cuanto mayor es la cilindrada (para evitar puntos de penalización). El irlandés confirma su hazaña en el circuito urbano de Grandes Premios de Mónaco, al acabar el rally en primera posición. El cuarto puesto de Mäkinen y el séptimo de Aaltonen reafirman el liderazgo de la marca en la competición.

En 1965, le toca el turno a Mäkinen. El joven finlandés se alza con la victoria en Monte Carlo, en una edición considerada como la más difícil: los conductores tienen que atravesar unos Alpes cubiertos completamente de nieve. Alentados por este triunfo, los Mini se presentan en 1966 con la obsesión de lograr el tercer triunfo consecutivo. Sin embargo, ese año se produjo una de las decisiones más polémicas de la historia de los rallies: tras acabar en primera, segunda y tercera posición, la organización descalifica a los tres vehículos por constatar que los faros adicionales, montados delante del radiador, no corresponden exactamente a las normas de circulación francesas. Curiosamente, el vencedor resulta ser un piloto de Citroën y de nacionalidad gala.

El desquite de la marca se produce sólo un año después, cuando Aaltonen concluye la carrera en primer puesto. En 1968, la flota Mini parte rumbo a Mónaco por última vez. En esta ocasión, la tercera posición del finlandés no convence a la compañía, que decide acabar con una era de triunfos, éxitos y reconocimientos.

Los Mini Cooper y Cooper S no sólo estuvieron presentes en Montecarlo. También participaron en otros rallies y en carreras sobre pistas asfaltadas. Y con éxito. Estos vehículos obtuvieron, entre otras victorias, los rallies de los Tulipanes, de Baden-Baden, de Ginebra, de los Alpes, de Austria, de los 100 Lagos, de Polonia o carreras como la Munich-Budapest, la Circuit of Ireland o el Tour de Francia.

-“Paddy” Hopkirk: nacido en 1933 en Belfast (Irlanda del Norte); con 22 años, abandona sus estudios y empieza su carrera como piloto. Con el Mini Cooper obtiene un gran reconocimiento internacional al imponerse en los rallies de Montecarlo, de Acrópolis y de los Alpes. En 1970, se retira oficialmente, aunque años después participaría en alguna otra competición.
-Rauno Aaltonen: nacido en 1938 en Turku (Finlandia); a los 12 años fue campeón de su país en lanchas de carreras. A continuación, estudia Economía y decide dedicarse de lleno al mundo de los rallies, donde obtiene, como mejor resultado, la victoria en Montecarlo. El “finlandés volador”, como se le llegó a conocer, firma después un contrato como instructor jefe de la escuela de conducción de BMW, una tarea de formación y análisis que todavía hoy sigue realizando.
-Timo Mäkinen: nacido en 1938 en Helsinki (Finlandia); participa desde muy joven en carreras en pistas sobre hielo y, posteriormente, en rallies, donde logra triunfos tan importantes como Montecarlo, los Tulipanes o los 100 Lagos. En 1968, decide cambiar el volante de los coches por el timón de una lancha de competición, que también le reporta numerosas victorias.

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