Localizadores de radar: viaja seguro

La DGT lo tiene claro: el radar será su arma principal para luchar contra la inseguridad vial y los excesos en carretera. Nuestras vías se pueblan día a día de estos impopulares aparatos y, como cabía esperar, ya proliferan los mecanismos para mejorar la convivencia entre automovilistas y radares. Los localizadores de radar constituyen la punta de lanza de los nuevos “copilotos electrónicos”.
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Localizadores de radar: viaja seguro
Localizadores de radar: viaja seguro

Más de 37 radares fijos ya implantados este año. Otros 450 más de aquí a 2007. Aproximadamente 200 radares móviles y, de ellos, 75 en coches camuflados. Radares en línea, cámaras fotográficas, cámaras de vídeo, sofisticados equipos láser... Las carreteras se van llenando, poco a poco, de una compleja red de vigilantes implacables que acechan día y noche a los que corran más de la cuenta.

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p> Pero, como no podía ser de otra forma, la vigilancia genera la aparición de la contravigilancia y, lo mejor de todo, una contravigilancia legal, eficaz y propiciadora de la seguridad vial.

Aparatos como los localizadores de radar nos permiten circular sabiendo dónde puede haber un radar y, por tanto, nos protegen de un posible error que nos puede costar mucho dinero en sanciones.
Además, estos aparatos son legales, pues, a diferencia de los detectores de radar, no detectan la onda del radar o el rayo del láser, sino que nos avisan de que estamos llegando a un punto geográfico en el que, según la propia DGT y otros organismos, es frecuente la presencia de cinemómetros o hay alguno estable.

En realidad, aparatos como el Sherpa GPS o el Quintezz Alerter no hacen nada más que aprovechar la mucha información existente sobre la ubicación de los radares. La DGT, el RACE, el RACC, AEA o CEA, además de alguna aseguradora, son fuentes habituales de información acerca de dónde están situados los equipos de vigilancia.

Sus listados son actualizados con frecuencia y circulan a través de los medios de comunicación, Internet, etc. Es decir: se sabe dónde están los radares fijos y se conoce, por las estadísticas, cuales son los puntos kilométricos en los que suelen instalarse los equipos portátiles de la Guardia Civil y otros cuerpos de seguridad.
Por tanto, conocidos todos estos datos, cualquiera puede llevar esas coordenadas geográficas apuntadas en un papel o registradas en cualquier soporte, sea digital o analógico.
Pues bien, lo que hacen los localizadores no es más que automatizar este proceso de apuntar y señalar los lugares donde podemos ser “cazados”, por utilizar la terminología del director general de Tráfico, Pere Navarro.

Es decir, un localizador no es más que un pequeño receptor de señales GPS que, combinadas con una base de datos de puntos geográficos “controlados”, emite mensajes de aviso cuando nos acercamos a un radar. Esto, que cualquiera puede hacer combinando un ordenador portátil o una PDA, y un GPS, o, simplemente, con el navegador del coche, se une en único y manejable dispositivo que hace las veces de copiloto antimultas. Claro, no puede con todos los radares: sigue siendo imposible detectar la presencia de los que van embarcados en coches (a no ser que se utilice un ilegal detector de radar) y es vulnerable a los portátiles que utilicen posiciones nuevas, poco habituales.

Siempre que hablamos de este tipo de aparatos que, de una forma u otra, permiten eludir en cierto modo la vigilancia de las autoridades, surge un debate: ¿es ético esto? La respuesta, como a cualquier cuestión ética, debe venir desde lo personal, desde el esfuerzo de cada persona por someterse a la autorregulación impuesta por su propia moral. Ahora bien, en este caso concreto, consideramos que el debate es un tanto estéril, pues lo que hacen estos dispositivos que describimos no es más que utilizar de una forma sofisticada una información pública y disponible en la sociedad.
Es cierto que alguna gente puede utilizar estos equipos para correr más, arriesgándose, eso sí, a ser detectado por radares instalados en puntos no “fichados” o por los que se mueven en coches. Pero también es cierto que otros, más prudentes, explotarán las virtudes de los localizadores para ser más prudentes en zonas delicadas de las carreteras, marcar sus propios puntos negros y, por qué, para darse cuenta de que están corriendo mucho y reducir el paso.

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