Libertad de horarios

¿Te vas de vacaciones pero, a pesar de las fechas en las que estamos, aún no has reservado plaza en ningún hotel? ¿Tampoco has alquilado una casa rural o un apartamento? Entonces, posiblemente seas uno de los amantes del caraváning, una fórmula ideal para aprovechar los períodos de descanso sin ataduras y –por increíble que parezca- sin aglomeraciones.
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Todavía se trata de un sector que comienza a despegar en nuestro país, pero lo cierto es que viajar en caravana o autocaravana se está convirtiendo en algo cada vez más habitual para los españoles. Aún no llegamos a los niveles de países como Francia, Alemania o Reino Unido (auténticos especialistas en el “caravanismo”), pero las cifras comienzan a crecer.

El año pasado, se vendieron 3.299 caravanas –la “casa”, que hay que remolcar- y 978 autocaravanas (es decir, vehículo y “hogar” juntos) en nuestro país, frente a las 159.000 del resto de Europa. La mayoría de estas operaciones se realizaron en Cataluña, donde este tipo de vacaciones cuenta con una mayor tradición. De hecho, en esta región se concentra el 24 por ciento de las empresas dedicadas a un sector que genera, cada año, un volumen de negocio cercano a los 130 millones de euros.

Sin embargo, las previsiones señalan que estas cifras subirán, pues esta forma de viajar gana cada vez más adeptos: no hay que preocuparse por buscar un hotel, se cuenta con las mismas comodidades que en casa –en versión reducida, claro está- y podremos marcarnos los horarios, las rutas y las excursiones que queramos, moviéndonos de un sitio a otro a nuestro antojo.

Para este propósito nos servirá una caravana o una autocaravana. La primera cuenta con la ventaja de poder quedarse instalada en nuestro lugar de destino y emplear después el coche para llevar a cabo diferentes excursiones. Son más baratas que las autocaravanas, aunque también más engorrosas: hay que instalar una bola de remolque en el coche, enganchar y desenganchar la caravana y emplazarla en un camping.

Realizar todos los pasos de forma correcta requiere un cierto ritual. Lo primero que debe hacerse es colocar correctamente la carga: debe ser distribuida repartiendo el peso en el interior de la caravana, dejando los bultos más voluminosos sobre el eje y compensando después la parte delantera y la trasera. De hecho, las caravanas sin equipamiento vienen equilibradas de fábrica, de forma que pueden sujetarse por el cabezal con sólo dos dedos. Cuando terminemos de colocar las maletas, debemos ser capaces de repetir este gesto.

Antes de ponernos en marcha, hay que engrasar el cabezal de enganche, comprobar que los pilotos traseros, el freno de mano y el de las ruedas funcionan correctamente e inspeccionar el estado de los neumáticos (especialmente si ha pasado mucho tiempo desde que salimos de viaje por última vez). El equipamiento interior de la caravana -luces, lavabo…- también debe ser inspeccionado. Llega el momento de unir nuestra “casa con ruedas” al coche.

  1. Hay que acercar el vehículo hasta aproximar la bola del remolque al enganche. Se elevan las patas estabilizadoras de la caravana para que no molesten al moverla y se coloca (quitando, previamente, el freno de mano) encima de la bola.

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p> 2. Debemos manipular el enganche e ir bajando, a la vez, la tercera rueda de la caravana –situada en la parte delantera-. El conjunto quedará fijo y aparecerá un testigo verde que indica que todo está correctamente bloqueado.

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p> 3. Se retira la tercera rueda (también llamada “jockey”) y se pone el cable de seguridad en la bola. También hay que conectar el enchufe de las luces exteriores de la caravana.

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p> 4. Por último, comprobaremos las presiones de inflado de los neumáticos del coche (hay que elegir las de plena carga) y nos pondremos en marcha.

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p> Cuando se llegue al destino elegido, el proceso tendrá que repetirse a la inversa: hay que quitar el cable del freno de emergencia y el de las luces, instalar la tercera rueda y subir el conjunto con la manivela mientras se suelta el enganche. Después, se mueve a un lado para que no vuelva a caer sobre la bola y se pone el freno de mano. Tras bajar las patas de las esquinas, habremos conseguido estabilizar y asegurar perfectamente la caravana.

Los usuarios de este tipo de vehículos aseguran que –por suerte- este procedimiento se realiza de forma mucho más rápida de lo que parece. Sin embargo, para aquellos más “comodones”, existen las autocaravanas: son más caras –más abajo encontrarás indicaciones sobre los precios-, pero no hay que montarlas o desmontarlas y la casa irá con el conductor allá donde él vaya.

Actualmente, existen unos 200 fabricantes de autocaravanas, con más de 2.000 modelos en el mercado. En su manufactura intervienen los constructores de furgonetas industriales (sobre las que se monta el vehículo) y los carroceros. En España, tres marcas producen la mayoría de este tipo de vehículos: Ford, Fiat y Mercedes. También lo hacen Peugeot y Citroën, si bien en menor medida. Suelen ser automóviles con tracción delantera, motores turbodiésel de 2.000 a 2.800 cm3 y tienen entre 85 y 157 CV.

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