Le Mans: la grande entre las grandes

La grande de las clásicas, la prueba de resistencia por antonomasia, las 24 horas de Le Mans, llega a su punto culminante. Tras meses de preparación en las ALMS (American Le Mans Series) y ELMS (European Le Mans Series), competiciones subsidiarias y clasificatorias para la competición francesa, 48 vehículos y 4 reservas estarán presentes el próximo sábado a las 16:00 horas, en el circuito semiurbano de Le Sarthe.
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Le Mans: la grande entre las grandes

La competición llega a su sexagesimonovena edición, con años de emoción e historia tras de sí y con la seguridad de que contará con un seguimiento masivo de aficionados de todos los rincones del mundo. Desde su inicio, en 1923, la prueba de las 24 horas ha sufrido alteraciones de todo tipo: trazado, reglamento, salidas, vehículos. Aun así, estas modificaciones no han podido borrar el carácter entre heroico y mítico que proporciona una victoria aquí.

Le Mans forma, junto a las Quinientas Millas de Indianápolis y el Gran Premio de Mónaco, la gran tríada del automovilismo. Las tres reúnen todos los condicionantes: prestigio, fama, reto y glamour. Sin embargo, la prueba francesa supera a las dos anteriores en una aceptación por parte del aficionado y del competidor que traspasa fronteras y que reune dos formas de entender el automovilismo separadas por el Océano Atlántico. Todos quieren vencer en la Vieja Europa, en una competición que revive duelos de entreguerras, a bordo de locos ingenios y cacharros rodantes, cuando la industria de la automoción aún estaba en pañales.

Las 24 horas es una carrera que gusta, que apasiona, incluso, a pilotos norteamericanos que tienen en su altar particular a la Fórmula Cart y a Indianápolis. Antiguos miembros de escuderías de Fórmula 1 terminan sus días de conductor en busca de un triunfo sonoro en Le Mans que les reserve un lugar en los anales de la historia.

Los 13,129 km. del trazado de Le Sarthe recuperan el espíritu de reto, de resistencia, de lucha hasta el límite y de imponderables y suerte que hacen de Le Mans una carrera mágica. Maison Blanche, Arnage, Mulsanne, Jacky Ickx, Pescarolo, el malogrado Alboreto son nombres que quedarán inevitablemente ligados a la grandeza de este evento.

Sin embargo, correr en Le Mans también tiene un precio. Como todas las grandes pruebas, sus momentos de gloria están manchados por algunos momentos de tristeza. El mayor accidente de la historia de la competición automovilística tuvo lugar aquí, como no podía ser de otra manera. 83 personas, la mayoría espectadores, fallecieron en la edición de 1995.

En la recta de meta, a la altura de boxes, el Mercedes de Pierre Levegh chocó con el Austin Healey de su rival Lance Macklin. El motor del primero salió disparado súbita y violentamente por los aires, impactando en la tribuna de espectadores y arrastrando en su inercia a toda la plataforma. El resultado fue ese elevado número de víctimas mortales, entre las que estaba Levegh, y un centenar de heridos. Su equipo retiró a todos sus miembros de la competición, con Fangio y Moss entre ellos. Este hecho también motivó durante algún tiempo la prohibición de carreras automovilísticas en varios países, decisión que aún prevalece en Suiza.

La nota negativa de este año ha sido el fallecimiento de Michelle Alboreto, quien buscaba su segundo triunfo en la prueba gala, tras el de 1997. El ex piloto de Ferrari murió el pasado mes de abril, cuando realizaba una sesión preparatoria con el segundo Audi R8, vehículo perteneciente al equipo oficial de la escudería alemana, y uno de los grandes favoritos a la victoria final.

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