Jaguar XKR

Una fiera amansada, un torrente represado… Cualquiera de estas asociaciones resulta reveladora para definir la espectacular versión R de la saga XK de Jaguar, un GT con alma de deportivo en el que el refinamiento y el dinamismo se conjugan a partes iguales. Frente a deportivos de carácter indómito, reservados a manos expertas, este modelo es accesible a todo el mundo, sólo que, para ello, hay que tener los más de 100.000 euros que cuesta en sus dos carrocerías, convertible y coupé.
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Jaguar XKR
Jaguar XKR

Si ya el Jaguar XK8 había llamado nuestra atención con la conjunción de deportividad y refinamiento de marcha, como advertimos en la prueba de la versión coupé, el XKR nos ha parecido sublime. Todos los aspectos que hacían del primero un modelo notable se optimizan y conjugan en la versión “Racing” de la gama, para desembocar en un conjunto divertido, fácil de conducir y seguro. Una dirección menos precisa de lo esperado, y que nos obliga a “meter algo más de volante”, y unos asientos cuyo agarre lateral debiera haber sido mejorado no son razones suficientes para empañar la grandeza de una realización que, sin tapujos, viene a competir de tú a tú con los grandes deportivos coupés o cabrios del mercado.

Hemos tenido la ocasión de transitar con él, a través de un paraje espectacular como es la campiña riojana, una región regada por el río Ebro y plagada de carreteras que siguen su serpenteante curso entre pequeñas gargantas y amplias praderas.

Antes de entrar en el vehículo, quedamos prendados de la estilizada figura del XKR coupé, sin apenas diferencias con el cabrio, salvo que la parte trasera del techo es levemente más elevada en la versión convertible. Traducido a la práctica, implica un coeficiente aerodinámico levemente superior (0,34 por 0,35).

Al acercarnos a él, intuimos, pese a su imagen robusta y musculada, una ligereza poco habitual entre vehículos de su tamaño, percepción que queda corroborada al elevar la puerta del maletero y guardar nuestros bártulos. Se levanta sin dificultad, como si fuera una pluma.

Ya sentados al volante, la colocación en una posición ergonómica resulta un ejercicio divertido y eficaz, gracias a la multitud de reglajes eléctricos a los que faculta el paquete opcional Luxury. La pantalla táctil, el freno de mano de accionamiento eléctrico y el botón de encendido redundan la sensación de calidad que respiran los materiales utilizados, con remates en aluminio y tapicería en piel.

Pulsamos el botón y aparece el sonido suave y refinado del motor, un rumor contenido que nos anticipa toda la fuerza capaz de proporcionar pisando a fondo el acelerador.

Efectivamente, nos ponemos en marcha y aceleramos con contundencia. El motor comienza a entregar su fuerza progresivamente y la caja de cambios responde con progresividad, aumentando relaciones de manera suave e inmediata, sin bruscos cambios de inercia. Apreciamos que superadas las 4.000 vueltas, el motor pasa el límite de la contundencia y se ubica en el terreno de la brutalidad.

Decidimos jugar un poco con la palanca y pasamos a modo Sport, donde comprobamos que la gestión del cambio de relaciones es diferente. Mantiene más las velocidades y permite incrementar el giro del motor hasta regímenes más elevados que los del modo Confort.

Animados como estamos por la estupenda conjunción motor/transmisión, decidimos pasar a la acción y manejar las levas (la de la izquierda para bajar velocidades, la de la derecha para subirlas). Mantenemos una relación hasta el corte de inyección y constatamos que llega a superar la barrera de las 6.250 vueltas (justo donde tiene radicado su potencia máxima). En estos momentos, el sistema de escape activo con cuatro salidas se hace notar con toda su fuerza. El cambio de relación resulta inmediato. No sabemos si los 600 milisegundos anunciados por la marca, pero no importa. El hecho es que, cuando decidimos cambiar, lo hace casi instantáneamente.

Alentados por tanta deportividad y ante la presencia de una carretera curva, decidimos probar el ligero bastidor del XKR. La velocidad a la llegada de las curvas es muy elevada, por lo que la recurrencia al freno se hace inevitable. Aunque el tacto del pedal revela falta de mordiente, al menos hasta un punto, no hemos sentido nunca inseguridad Tampoco por el hecho de que las suspensiones sean menos duras que en deportivos rivales, dado que, en compresión, sujetan con firmeza la carrocería sin permitir que afloren movimientos parásitos. A la entrada de la curva, necesitamos “meter más volante”, dado que la dirección se nos ha figurado algo imprecisa y hemos apreciado una tendencia al subviraje.

En la zaga, el control de estabilidad deja poco margen a las sorpresas. Para un conducción más dinámica habría que desconectarlo y comprobar cómo el tren trasero redondea las curvas siguiendo la dirección marcada por el eje delantero.

La naturaleza dinámica del XKR queda completada con el refinamiento de marcha que se respira en carreteras de primer orden y autovías. Ahí, circulando a velocidades de crucero, el confort es sumo. Ni una filtración al habitáculo, ni un vaivén desagradable. Todo ello con una forma de pisar garbosa, aplomada.

La versión convertible aporta más de lo mismo, con el añadido de que, pulsando un botón, en cuestión de segundos transitaremos a cielo abierto.

El XKR nos ha parecido una fiera domesticada. Tiene argumentos suficientes para comportarse radicalmente (motor potente, cambio, bastidor ligero), pero estas mismas razones se vuelven en contra de su naturaleza deportiva y se convierten en fieles valedoras de un carácter menos enérgico, más tranquilo. Así, el motor, aunque tiene caballos de sobra, ve domado su espíritu con un corte de inyección relativamente bajo para su deportividad y con la inserción de una caja de cambios automática que, aunque precisa, va en contra de lo que se estila en el mercado de las realizaciones radicales. También las suspensiones, pese a disponer de un tarado más firme que el XK8, son más propias de berlinas de representación.

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p> En suma, el XKR tiene una doble cara, entendida ésta como una virtud, no como un defecto, dado que, precisamente, es lo que Jaguar quería mostrar con su lanzamiento: un modelo que aunase a partes iguales el dinamismo de un deportivo y el refinamiento de un Gran Turismo, fácil de manejar y en el que, en todo momento, quien va al volante tiene información sobre lo que sucede bajo las ruedas. En suma, un coche divertido, ágil, espectacular, pero a la vez fácil de conducir y accesible a una variada gama de conductores, siempre y cuando, claro está, dispongan del dinero que cuesta.

Si ya el Jaguar XK8 había llamado nuestra atención con la conjunción de deportividad y refinamiento de marcha, como advertimos en la prueba de la versión coupé, el XKR nos ha parecido sublime. Todos los aspectos que hacían del primero un modelo notable se optimizan y conjugan en la versión “Racing” de la gama, para desembocar en un conjunto divertido, fácil de conducir y seguro. Una dirección menos precisa de lo esperado, y que nos obliga a “meter algo más de volante”, y unos asientos cuyo agarre lateral debiera haber sido mejorado no son razones suficientes para empañar la grandeza de una realización que, sin tapujos, viene a competir de tú a tú con los grandes deportivos coupés o cabrios del mercado.

Hemos tenido la ocasión de transitar con él, a través de un paraje espectacular como es la campiña riojana, una región regada por el río Ebro y plagada de carreteras que siguen su serpenteante curso entre pequeñas gargantas y amplias praderas.

Antes de entrar en el vehículo, quedamos prendados de la estilizada figura del XKR coupé, sin apenas diferencias con el cabrio, salvo que la parte trasera del techo es levemente más elevada en la versión convertible. Traducido a la práctica, implica un coeficiente aerodinámico levemente superior (0,34 por 0,35).

Al acercarnos a él, intuimos, pese a su imagen robusta y musculada, una ligereza poco habitual entre vehículos de su tamaño, percepción que queda corroborada al elevar la puerta del maletero y guardar nuestros bártulos. Se levanta sin dificultad, como si fuera una pluma.

Ya sentados al volante, la colocación en una posición ergonómica resulta un ejercicio divertido y eficaz, gracias a la multitud de reglajes eléctricos a los que faculta el paquete opcional Luxury. La pantalla táctil, el freno de mano de accionamiento eléctrico y el botón de encendido redundan la sensación de calidad que respiran los materiales utilizados, con remates en aluminio y tapicería en piel.

Pulsamos el botón y aparece el sonido suave y refinado del motor, un rumor contenido que nos anticipa toda la fuerza capaz de proporcionar pisando a fondo el acelerador.

Efectivamente, nos ponemos en marcha y aceleramos con contundencia. El motor comienza a entregar su fuerza progresivamente y la caja de cambios responde con progresividad, aumentando relaciones de manera suave e inmediata, sin bruscos cambios de inercia. Apreciamos que superadas las 4.000 vueltas, el motor pasa el límite de la contundencia y se ubica en el terreno de la brutalidad.

Decidimos jugar un poco con la palanca y pasamos a modo Sport, donde comprobamos que la gestión del cambio de relaciones es diferente. Mantiene más las velocidades y permite incrementar el giro del motor hasta regímenes más elevados que los del modo Confort.

Animados como estamos por la estupenda conjunción motor/transmisión, decidimos pasar a la acción y manejar las levas (la de la izquierda para bajar velocidades, la de la derecha para subirlas). Mantenemos una relación hasta el corte de inyección y constatamos que llega a superar la barrera de las 6.250 vueltas (justo donde tiene radicado su potencia máxima). En estos momentos, el sistema de escape activo con cuatro salidas se hace notar con toda su fuerza. El cambio de relación resulta inmediato. No sabemos si los 600 milisegundos anunciados por la marca, pero no importa. El hecho es que, cuando decidimos cambiar, lo hace casi instantáneamente.

Alentados por tanta deportividad y ante la presencia de una carretera curva, decidimos probar el ligero bastidor del XKR. La velocidad a la llegada de las curvas es muy elevada, por lo que la recurrencia al freno se hace inevitable. Aunque el tacto del pedal revela falta de mordiente, al menos hasta un punto, no hemos sentido nunca inseguridad Tampoco por el hecho de que las suspensiones sean menos duras que en deportivos rivales, dado que, en compresión, sujetan con firmeza la carrocería sin permitir que afloren movimientos parásitos. A la entrada de la curva, necesitamos “meter más volante”, dado que la dirección se nos ha figurado algo imprecisa y hemos apreciado una tendencia al subviraje.

En la zaga, el control de estabilidad deja poco margen a las sorpresas. Para un conducción más dinámica habría que desconectarlo y comprobar cómo el tren trasero redondea las curvas siguiendo la dirección marcada por el eje delantero.

La naturaleza dinámica del XKR queda completada con el refinamiento de marcha que se respira en carreteras de primer orden y autovías. Ahí, circulando a velocidades de crucero, el confort es sumo. Ni una filtración al habitáculo, ni un vaivén desagradable. Todo ello con una forma de pisar garbosa, aplomada.

La versión convertible aporta más de lo mismo, con el añadido de que, pulsando un botón, en cuestión de segundos transitaremos a cielo abierto.

El XKR nos ha parecido una fiera domesticada. Tiene argumentos suficientes para comportarse radicalmente (motor potente, cambio, bastidor ligero), pero estas mismas razones se vuelven en contra de su naturaleza deportiva y se convierten en fieles valedoras de un carácter menos enérgico, más tranquilo. Así, el motor, aunque tiene caballos de sobra, ve domado su espíritu con un corte de inyección relativamente bajo para su deportividad y con la inserción de una caja de cambios automática que, aunque precisa, va en contra de lo que se estila en el mercado de las realizaciones radicales. También las suspensiones, pese a disponer de un tarado más firme que el XK8, son más propias de berlinas de representación.

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p> En suma, el XKR tiene una doble cara, entendida ésta como una virtud, no como un defecto, dado que, precisamente, es lo que Jaguar quería mostrar con su lanzamiento: un modelo que aunase a partes iguales el dinamismo de un deportivo y el refinamiento de un Gran Turismo, fácil de manejar y en el que, en todo momento, quien va al volante tiene información sobre lo que sucede bajo las ruedas. En suma, un coche divertido, ágil, espectacular, pero a la vez fácil de conducir y accesible a una variada gama de conductores, siempre y cuando, claro está, dispongan del dinero que cuesta.

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