Los inventos nacionales de la automoción

Volantes avisadores, parasoles, llantas ventiladoras, chasis reforzados, asientos basculantes, fundas antideslizantes… Son tantos los inventos destinados al mundo del automóvil, fruto del genio individual, que sería una tarea ardua y laboriosa hacer una enumeración de todos. En Autopista.es hemos decidido mostrar todas las innovaciones que han llegado a nuestra redacción durante el último año. Tomad buena nota de ellas. En breve, podrían convertirse en elementos de la dotación de serie de nuestros automóviles.
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Los inventos nacionales de la automoción
Los inventos nacionales de la automoción

No hay datos exactos de cuántos inventores independientes hay en España y, mucho menos, de cuántos se dedican al mundo de la automoción. La OEPM (la Oficina Española de Patentes y Marcas) lleva un registro exhaustivo de inventos e innovaciones, pero se hace muy difícil bucear en su base de datos para obtener cifras fiables. Algunas fuentes hablan de 25.000 inventores, otras de muchos más, aunque sin aventurarse a dar un número en concreto.

Lo que está claro es que ninguno o casi ninguno vive de ello. Sólo unos pocos privilegiados han podido dar el “pelotazo” y no en el sentido peyorativo del término. Muchas ideas se quedan en el camino, otras llegan a plasmarse en productos tangibles, pero muy pocas logran tener repercusión nacional o internacional. La fregona, la jeringuilla desechable o el chupa chups son los ejemplos españoles más destacados de “bombillas” que se encendieron y llegaron a convertirse en bienes de consumo ampliamente difundidos.

Efectivamente, esta frase del escritor norteamericano Mark Twain, define con exactitud el estado principal de la cuestión. Los inventores son un colectivo generalmente olvidado, salvo cuando triunfan. La sociedad tiene una imagen estereotipada de ellos, a medio camino entre el genio y la extravagancia. Gran parte de la culpa la tienen las propias instituciones nacionales que, durante años, han hecho pocos esfuerzos por el desarrollo de la investigación científico-técnica en nuestro país. Muchas de las mentes más preclaras de España han tenido que emigrar al extranjero en busca de más suerte; otros han tenido que abandonar el terreno académico y llevar una vida, digamos, convencional. De estos últimos se nutre gran parte de la inventiva española: investigadores sin apoyo que han decidido consagrar su tiempo libre a la búsqueda de soluciones prácticas para problemas de la vida cotidiana.

En los últimos años, el Ministerio de Educación y Ciencia ha decidido dar un impulso al ámbito científico-académico con el Plan Nacional de I+D, que engloba varios programas dirigidos explícitamente a instituciones académicas y a empresas. Sin embargo, los genios independientes, los que trabajan en la soledad de su casa, los que gastan el dinero de su propio bolsillo, quedan al margen de estas ayudas.

Un sorprendente ejemplo recalca, pese al cambio de actitud hacia la investigación oficial, el ninguneo al que se ven aún sometidos los inventores y la consideración que nuestras instituciones tienen del ingenio nacional. La página web de la Consejería de Educación, en Australia y Nueva Zelanda, dependiente del propio Ministerio de Educación y Ciencia, dedica un apartado a promocionar en nuestros antípodas la inventiva nacional. Entre las espectaculares invenciones que han hecho famosa a la “Piel de Toro” se citan la peineta, la bota, el botijo y el porrón. El colofón lo ponen la boina, el Tío Pepe y el traje de luces. Ni una referencia a Torres Quevedo, a Isaac Peral, a Narcís Monturiol o a Juan de la Cierva, por citar a alguno de los más destacados innovadores que ha dado nuestro país. En lugar de eso, una nueva vuelta de tuerca a la imagen carpetovetónica de la España folclórica y baturra que tanto ha costado superar.

Trasladada esta sentencia del dramaturgo irlandés Bernard Shaw a nuestro tiempo: los listos son las grandes empresas que se aprovechan del ingenio de los creadores. Los inventores deben lidiar con este poderoso competidor.

En el mundo de la automoción es el principal obstáculo. En noviembre de 2004, Autopista.es publicó un reportaje sobre los inventores españoles del mundo del automóvil. En aquel curioso artículo, titulado “Inventores por vocación”, hacíamos hincapié en los problemas que tenían los investigadores independientes para hacer frente a los elevados gastos derivados de la puesta en marcha de sus ideas, hecho que contrastaba poderosamente con la afirmación de que el sector de la automoción se convirtió en 2003 en el que más invertía en innovación y desarrollo. Dos años más tarde nada ha cambiado, el dinero sigue saliendo a espuertas de los centros de investigación y desarrollo de las marcas, cada vez más grandes, más luminosos, más modernos. (foto) Sin apoyo institucional y con las grandes empresas como rival, el creador independiente tiene un futuro negro. No sólo no dispone de fuentes de financiación, también tiene que aprender a desenvolverse por la desconocida senda legal del registro de patentes y, luego, lidiar con las aves de rapiña que quieren plagiar su idea, cosa sumamente sencilla, pese a la protección legal.

Una consultora especializada en asesoría y gestión de patentes, In.nova.3, asegura que los inventores “están dejados de la mano de Dios”. El 50 por ciento de las patentes registradas en la OEPM son de inventores independientes, el resto de empresas. Sin embargo, es la pescadilla que se muerde la cola, ya que, como explica Mara Diana, responsable del área comercial, “la legislación española exige que haya una persona jurídica detrás para homologar un producto”. Es decir, superadas las trabas financieras y burocráticas de puesta en marcha del lanzamiento de un producto, el inventor debe contactar con una empresa para poder dar salida comercial a su idea. En suma, que, llegado a un punto, pierde el control sobre su producto y se pliega, además, a las condiciones exigidas por el empresario.

Afortunadamente, la proliferación de inventores ha propiciado una mayor unión, como demuestra la existencia de varias asociaciones para proteger sus intereses y la aparición de empresas especializadas en el retorcido mundo de las patentes. Una de ellas es la ya comentada In.nova.3 Innovaciones, con sede en Barcelona. Proporciona asesoría y gestión desde el esbozo de la idea en un papel hasta la presentación del producto; se ocupa de los trámites legales para patentar la idea y de la viabilidad económica del proyecto; busca financiación; proporciona soporte publicitario y aconseja las vías de actuación para desarrollar convenientemente el invento.

Con iniciativas como ésta, cobra más fuerza la frase de José Ortega y Gasset que encabeza este epígrafe.

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