La industria global

Vehículos alemanes vendidos en China, fabricantes franceses instalados en Eslovaquia, automóviles japoneses con las mejores cuotas de mercado en Estados Unidos... El mundo del motor se encuentra actualmente en una profunda fase de transformación, donde ya no hay lugar para las viejas convenciones. Ahora, las principales marcas del planeta persiguen un solo objetivo: obtener el máximo beneficio sin necesidad de marcarse fronteras. Las fábricas españolas ya han empezado a sufrir las consecuencias.
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Las empresas automovilísticas occidentales no han tenido más remedio que buscar nuevos y beneficiosos mercados para hacer frente a la nueva coyuntura mundial, caracterizada por una fuerte desaceleración económica, que, a su vez, ha generado fuertes pérdidas en la industria. Sin embargo, ésta no es la única nueva iniciativa que se ha adoptado en el sector, ya que compañías que hasta ahora eran exclusivamente locales se han lanzado desaforadamente a la conquista de los más potentes mercados, donde hace años no parecían tener hueco.

Se pueden enumerar multitud de factores que han posibilitado esta nueva estrategia empresarial. No obstante, hay uno que destaca muy por encima del resto: el tremendo cambio experimentado en los gustos de los consumidores.

Vehículos que a principios de la década de los 90 jamás hubieran tenido buena acogida en mercados tan importantes como el estadounidense o el europeo ahora alcanzan grandes cifras de ventas, incluso desplazando en muchos casos a las mejores firmas nacionales. Hasta esta situación han llegado las empresas coreanas y las japonesas, aunque bien es cierto que las primeras no han tenido más remedio que expandirse, dado el nivel de saturación que presenta su mercado.

Allí, en Corea del Sur, el 66 por ciento de los coches que se compran son para remplazar a uno viejo, mientras que sólo un 12,5 por ciento de las ventas van destinadas a personas que adquieren por primera vez un automóvil.

En la actualidad, cuatro firmas asiáticas (Toyota, Honda, Nissan y Hyundai) se han colocado entre las diez empresas automovilísticas del mundo que más unidades producen.

Entre ellas, habría que destacar a Toyota, tercera con más de seis millones de vehículos, y a Honda, séptima con casi tres millones de unidades. La gran demanda que sus automóviles están experimentando, sobre todo en el gran mercado norteamericano, ha provocado, en apenas unos años, este espectacular aumento de producción.

En la denominada “tierra de las oportunidades”, Estados Unidos, los vehículos japoneses acapararon en 2001 un 26,6 por ciento de mercado, gracias, fundamentalmente, al aumento de ventas de monovolúmenes y todo terrenos. Esta circunstancia provocó que Toyota anunciara su intención de incrementar de 1,09 a 1,45 millones de unidades su producción, al igual que Nissan, que doblará a casi 400.000 unidades la fabricación de su nueva factoría en Mississippi. Y no son las únicas, puesto que Mitsubishi Motors y Subaru también han expresado ya su deseo de abrir nuevas sedes en este país.

Las empresas coreanas, por su parte, también han aumentado notablemente su presencia en Norteamérica, donde, según el Instituto Coreano de Investigación Automovilística (KARI), han logrado superar ya la barrera de medio millón de vehículos vendidos anualmente. Ni siquiera la incertidumbre creada tras los ataques terroristas del 11 de septiembre ha frenado a una industria que tiene su máximo exponente en Hyundai, con una venta de unas 300.000 unidades en cada ejercicio, aunque, eso sí, seguida muy de cerca por la firma Kia, que comercializa casi 200.000 vehículos al año.

No sólo Estados Unidos ha padecido una invasión de vehículos asiáticos. En Europa se matricularon en el año 2000 nada menos que 1.350.000 automóviles japoneses, una cifra que ha aumentado en 2001 y 2002. Estos buenos resultados de venta provocaron que prácticamente todas las grandes empresas orientales se plantearan de manera inmediata la necesidad de adentrarse en un mercado que parecía colapsado por la gran cantidad de marcas comunitarias. La japonesa Subaru, por poner un ejemplo, anunció un desembolso de seiscientos millones de euros (casi cien mil millones de pesetas) para mejorar sus plantas en el Viejo Continente. Además, contrató a Andreas Zapatinas, ex responsable del diseño de Alfa Romeo y de BMW, para relanzar definitivamente este proyecto.

Curiosa es también la nueva relación que mantienen los mercados de Estados Unidos y de Europa, totalmente diferentes hace unos años en cuanto a gustos, diseños y modelos. Hoy en día, sin embargo, los automóviles de lujo europeos han conseguido monopolizar prácticamente este segmento en Norteamérica, donde tradicionalmente los Cadillac y los Lincoln eran los auténticos reyes. En los cuatro primeros meses del año 2002, la alemana BMW vendió más de 60.000 unidades de este tipo de modelos, un catorce por ciento más que en el mismo período de 2001. Y ahí no quedó la cosa, ya que en segundo lugar se alzó otra empresa europea, Mercedes, con vehículos más exclusivos y modernos que los clásicos americanos.

El auge de las firmas asiáticas, la innovación de los modelos europeos o la preocupante pérdida de creatividad de las firmas nacionales pueden considerarse las principales razones por las que las empresas estadounidenses han perdido cuota de su propio mercado. Sin embargo, un informe publicado por la revista “Consumer Reports” fijó como causa fundamental la mayor fiabilidad que ofrecen tanto los vehículos europeos como los asiáticos.

En una encuesta realizada a 2,5 millones de lectores, la mayoría de los consumidores estadounidenses reconocieron que sus automóviles eran mucho más problemáticos que los japoneses y los europeos. Entre los modelos que se votaron como los más fiables figuraban el VW Passat, el Honda Civic o el Toyota Prius. Pero, a pesar de su mal momento, muchos automóviles americanos se están implantando también en el mercado europeo. Un ejemplo son los “pick-up”, vehículos tradicionalmente sólo vendidos en Estados Unidos y que ahora comienzan a verse por nuestro continente, y los últimos modelos de la marca Chrysler, como el PT Cruiser, “Coche del año 2001” en España, o el Voyager.

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