Industria automovilística: un año después

El 11 de septiembre fue una fecha histórica que ha afectado de manera importante a la industria automovilística mundial, sobre todo a la estadounidense. Ésta ha sabido sobrevivir a la crisis gracias a descuentos y financiación a interés cero. Pero esto parece ser “pan para hoy y hambre para mañana”.
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Industria automovilística: un año después

En esos mismos días, las automovilísticas veían las orejas al lobo. No estaba siendo un buen año en cuanto a ventas, tras un 2000 de resultados récord, y la crisis provocada por los ataques no parecía ser el mejor antídoto para ello. Había que hacer algo y se hizo. La situación no era la ideal para afrontar una crisis, los máximos mandatarios de las “tres grandes” de Detroit (Rick Wagoner, de GM; Jacques Nasser, de Ford y Dieter Zetsche; de Chrysler) se encontraban en Europa a punto de inaugurar el Salón de Frankfurt y no podían regresar a sus respectivas sedes por el estado de emergencia decretado.

Una vez recuperada, en parte, la calma, General Motors fue la primera en sacar el arsenal de ofertas, descuentos y promociones, aunque sus rivales no tardaron en reaccionar con las mismas armas. La estrella de esta política fue la financiación a interés cero, que hasta la fecha ha sido adoptada intermitentemente. No es que este tipo de promociones fuera nuevo en el mercado estadounidense (desde hace dos años, era algo habitual de forma cíclica), pero tras los atentados del 11 de septiembre se convirtió en algo casi imprescindible para evitar el desplome de la demanda. “El aumento de los incentivos fue algo que debíamos hacer. Con la crisis que atravesábamos, teníamos dos opciones: o cerrar muchas plantas y despedir a un amplio número de trabajadores o crear incentivos para favorecer las ventas”, ha señalado el presidente de GM, Rick Wagoner. Se optó por lo segundo.

Los números han demostrado que esa medida ha sido vital para que el descenso de las ventas no hundiera a las tres grandes de Detroit. Un estudio realizado por General Motors señala que, al adoptar esta política, los fabricantes lograron incrementar el número de matriculaciones en el país en un millón de unidades (lo equivalente a lo que pueden producir cuatro plantas en un año).

Así, si las estimaciones antes del 11 de septiembre indicaban que se iban a vender en 2001 16,6 millones de unidades, tras los funestos atentados esa cifra se vio reducida hasta los 16,2 millones de unidades. Finalmente, los norteamericanos, espoleados por las facilidades de compra que se les ofrecían, adquirieron 17,2 millones de unidades, por lo que se ha logrado el segundo mejor año en cuanto a ventas de la historia automovilística estadounidense.

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