La importancia del túnel de viento

Todas las marcas automovilísticas utilizan el túnel de viento para medir la resistencia al aire que oponen los diseños de sus vehículos y calcular así la aerodinámica de los mismos, que determinará factores como la velocidad que puede alcanzar un coche o el consumo que va a tener. La precisión de estas medidas es llevada al límite por los ingenieros que trabajan en el mundo de la Fórmula Uno, donde la obsesión por la aerodinámica es una constante.
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La importancia del túnel de viento

El proceso de construcción de un monoplaza suele durar entre seis y diez meses y hay que recorrer un camino largo y complicado. Su fabricación comienza por el diseño, que se plasmará pieza por pieza en un ordenador, para seguir con la fabricación de los distintos componentes teniendo en cuenta los datos arrojados por la computadora y llegar por fin al ensamblaje final.

La primera etapa consiste en la construcción del chasis, realizado en láminas de fibra de carbono y cocido en vacío en los hornos con los que suelen contar la mayoría de las instalaciones de los equipos. En la parte trasera de este bastidor se incorpora el motor. A continuación, se añadirán los radiadores de refrigeración a ambos lados del propulsor. Después se ensambla la caja de cambios (lo que supone 20 horas de trabajo) y se integran las suspensiones, los frenos y el eje posterior. Más tarde, se montan los alerones, la carrocería y las ruedas, dejando para el final los programas electrónicos de la caja de cambios y del motor.

Asimismo, existe una "caja negra" que recoge toda la información del chasis (transmisión, suspensiones, aceleración y estado de las ruedas) que se vacía de información cada vez que el piloto realiza una parada en los boxes durante los entrenamientos.

El coste total de uno de estos vehículos está muy cerca de los 200 millones de pesetas, debido a la alta tecnología incorporada en todos sus componentes (un espejo retrovisor, que a primera vista parece tan simple, tiene un precio de 540.000 pesetas). El elemento más caro es el motor, que casi todos los equipos (excepto Ferrari) compran a fabricantes externos. Estos propulsores, de potencia y rendimiento muy superiores a lo habitual, pueden llegar a costar más de 50 millones de pesetas.

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