¿El Gran Hermano en nuestro coche?

Si sobrepasas los límites, te avisan e, incluso, actúan sobre el pedal de tu acelerador. No es ciencia ficción; en Mataró, veinte personas rigen su conducción bajo los mandatos de sofisticados controles de velocidad guiados vía satélite. Es sólo un primer paso; en el futuro, podrían gobernar el coche por ti. ¿Estarías dispuesto?
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¿El Gran Hermano en nuestro coche?
¿El Gran Hermano en nuestro coche?

Mataró es una localidad catalana de calles estrechas, pero muy transitadas. No en vano hay 112.000 habitantes; la mitad de los mismos, conductores habituales. Rebasar los límites no es fácil. Tan sólo en las rondas –carreteras de circunvalación- nos encontramos con un tráfico más fluido, pero en estas vías no se va a llevar a cabo este experimento.

Nos pusimos al volante de un Ford Mondeo dotado de uno de estos controles de velocidad vía satélite. Tan sólo un pequeño aparato en el salpicadero –como una especie de cronómetro- lo delata. Por lo demás, no hay ningún cambio respecto a un coche “normal”.

Y empezamos el experimento… Algunos voluntarios nos han comentado que notan que sus vehículos se muestran más remolones que antes al comenzar la marcha. Sin embargo, no hemos detectado nada parecido en nuestro coche: sube bien de vueltas y no hay ningún ruido extraño.

Recta, vía libre, límite de 50 km/h y acelerar… Empezamos a circular con la opción del bloqueo del pedal ajustada. Metemos gas, sube, sube, sube… y, de repente, un ligero “clon” suena de fondo. Empezamos a notar que el acelerador está más duro. Para acelerar, debemos pisar con más fuerza. Aun así, seguimos aumentando el ritmo hasta casi alcanzar el doble de lo permitido.

¿Pero y si necesitamos una respuesta inmediata? Aquí llega el problema. Habituarse a la resistencia del acelerador es fácil, pero, si circulamos por encima de la velocidad permitida y levantamos instantáneamente el pie del pedal derecho, tendremos que realizar una gran presión para volver a acelerar. Para desactivar el sistema, zapatazo hasta el fondo y el coche sale (en ningún momento se queda bloqueado).

A lo mejor nos juega una mala pasada el inconsciente, pero no sentimos “feeling” con el automóvil. Es como si no termináramos nosotros de llevar las riendas. La sensación es similar a la que teníamos cuando íbamos en el coche de la autoescuela y notábamos que el instructor nos intervenía los pedales.

Le hemos preguntado al responsable del proyecto, Ole Thorson, sobre este problema: “Hay muchos conductores que han aprendido a conducir con cambios automáticos que tal vez también son un poco más lentos que los deportivos. Es la misma situación, no es preocupante”, nos asegura.

También probamos la otra modalidad del experimento, el avisador acústico. El mismo tramo, el mismo límite de velocidad y la misma aceleración… Nada más rebasar los 50 km/h establecidos, suena un pequeño pitido. A medida que aceleramos, éste se hace más uniforme y alto. Termina sonando de forma continua y muy estridente. “Pero, ¿quieren avisarme a mí o a los demás conductores?”, me preguntaba.

Sin duda, habituarse a conducir bajo semejante sinfonía no es nada fácil. Sin embargo, y contrariamente a lo que en un primer momento podría pensar, al bloqueo del acelerador te terminas acostumbrando y suministras de manera distinta la presión del pie para conseguir un extra de velocidad (aunque esté prohibida).

¿Por qué no se respetan los límites? Es verdad que, en muchas ocasiones, no nos damos cuenta de que circulamos por encima de la velocidad permitida. Los coches actuales son muy suaves, el tráfico en ocasiones invita a ello… El experimento de Mataró procura que los conductores sean conscientes de la velocidad que llevan en cada momento. Pero, ¿es ése el principal problema?

Muchos expertos en Seguridad Vial aseguran que los límites no se respetan porque se consideran poco creíbles. España adoptaba la actual limitación en 1973 para enfrentarse a la crisis de petróleo más importante vivida nunca en Occidente. Desde entonces, y a pesar de que los coches y las carreteras han evolucionado vertiginosamente, seguimos rodando “a piñón fijo” a 120 km/h.

El experimento de Mataró podría imponerse en breve a todos los conductores europeos. No estamos hablando de un futuro muy lejano, en el que los coches circulen solos y hablen a sus pasajeros. Los técnicos de PROSPER aseguran que el sistema sería técnicamente factible en 2005 y que en 2010 ya podría actuar con parámetros distintos: modificaría la velocidad del coche en curvas o en intersecciones. Más tarde, también podría llegar a intervenir según las condiciones del tráfico real.

Es tan sólo la punta del iceberg. En el pasado Salón de Tokio ya pudimos ver coches que disponen de frenos que son capaces de actuar por sí solos. Fabricantes como Honda, Toyota o Mazda están preparados para introducir sistemas que –mediante radar o cámaras de TV- detecten obstáculos y actúen corrigiendo la trayectoria del coche o incluso frenando en seco el vehículo.


¿Es una medida positiva?
¿Crees que se está criminalizando la velocidad cuando hay otros temas que también son importantes en la lucha contra la siniestralidad?
¿Llegará un momento en que los coches circulen en caravana regidos por satélite?
¿Deberían los automóviles adoptar cajas negras o pilotos automáticos como los aviones?

¿Cualquier medida es buena para evitar los accidentes?
¿En qué estarías dispuesto a ceder para que se consiguiera algún día que no hubiera ni un muerto más en las carreteras?

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