Galileo: el Gran Hermano europeo

Bautizado como Galileo, el astrónomo que sufrió los rigores de la Inquisición por demostrar que la Tierra se movía, el nuevo sistema de localización por satélite europeo revolucionará el mundo de la automoción.
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Galileo: el Gran Hermano europeo

Galileo es un complejo sistema de satélites en órbita geoestacionaria con dirección sudeste-nordeste en un hipotético mapa-mundi. En total, Europa desplegará 30 satélites de comunicaciones, de los que 27 estarán todo el tiempo trabajando y 3 actuarán como reservas. Con esa enorme red orbital, Galileo informará a miles de terminales terrestres de cuál es la posición en la que se encuentran expresada en coordenadas geográficas.

Hasta aquí todo igual que el GPS, pero la ventaja de Galileo es que será totalmente civil, con mayor cobertura (en realidad el sistema norteamericano sólo cubre con total garantía el hemisferio norte) y, sobre todo, más preciso. Las señales de los satélites estadounidenses pueden cortarse en cualquier momento y equivocarse en hasta 100 metros (una distancia que no resulta muy relevante en la automoción, pero que en la navegación aérea ocasiona más de un disgusto). Se prevé que el sistema europeo sólo tenga un margen de error de 6 metros y que pueda localizar un coche hasta en el más profundo de los subterráneos.

Según el embajador adjunto de España en la Unión Europea, Miguel ángel Navarro, los límites de este sistema de localización por satélite serán "los de la imaginación, puesto que sus aplicaciones son ilimitadas".

Hasta ahora, los sistemas de localización por satélite se utilizan, sobre todo, para que un conductor conozca cuál es el camino más corto hacia un destino o localice una dirección. Podría decirse que estamos en la prehistoria de lo que será el mundo de la automoción.

Cuando evolucionen estos sistemas, se lograrán cosas que ahora parecen ciencia ficción. Por ejemplo, las diversas administraciones podrán determinar que los coches que más circulen paguen más impuestos o que las rutas congestionadas sean más caras. Además, los conductores pasarán por las diversas autopistas sin pagar los peajes: un chip almacenará sus datos y luego se cobrarán a final de mes. También se multará a distancia y -aunque esto seguramente encontrará un gran número de opositores- se podrá frenar un vehículo para que circule a la velocidad adecuada.

En caso de accidente, el resto de los conductores será avisado al instante y, para facilitar la fluidez, por ejemplo, se agrupará a los vehículos y se hará que éstos circulen en caravana, como si llevasen un piloto automático puesto. Según datos de la revista Tráfico de la DGT, habrá un ahorro del 20 por ciento en los tiempos de viaje en las ciudades, gracias a la sincronización de todos los semáforos y sistemas de regulación.

Las aseguradoras tendrán en los coches una especie de "caja negra", por la que sabrán en todo momento qué coche provocó un accidente y cómo fue éste. También se beneficiarán a la hora de contratar los seguros, porque sabrán cómo conducen sus clientes. Las empresas de alquiler de vehículos o las que presten coches a sus empleados descubrirán qué uso se da a los mismos (algunas firmas ya ofrecen en la actualidad algunas de estas informaciones mediante el uso del GPS).

En 2008, Galileo entrará en funcionamiento. Ahora nos encontramos en la segunda fase del proyecto, hasta 2005, basada en el desarrollo; la tercera -de despliegue- se completará entre 2006 y 2008, mientras que la cuarta fase (a partir de 2008) será la de explotación.

Su coste estimado es de 3.300 millones de euros (549.000 millones de pesetas), el mismo dinero que -según la revista Tráfico de la DGT- se necesita para fabricar 1.000 kilómetros de autopista. El coste de la operación y mantenimiento, después de que los satélites estén en órbita, será de unos 150 ó 200 millones de euros al año (entre 25.000 y 33.000 millones de pesetas). Este dinero será aportado por los estados europeos y sus empresas de titularidad pública, al menos hasta su puesta en marcha definitiva. Por tanto, Galileo será el primer proyecto que realiza la Unión Europea en común.

En el otro lado de la balanza, se encuentran los beneficios económicos que aportará el sistema: creará 12.000 empleos directos y 140.000 indirectos y generará unas ganancias de 9.600 millones de euros (1,6 billones de pesetas) al año.

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