Ford S-Max

Basado en la misma plataforma que el Galaxy, el nuevo modelo de Ford, el S-MAX, llega al mercado español para completar el hueco existente entre el primero y el Mondeo. El comprador podrá optar entre cuatro motores (dos Diesel y dos gasolina) de este monovolumen con aires de familiar y ágil comportamiento.
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=48649&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Ford S-Max

Nada más abrir la puerta del S-Max se respira un ambiente diferente al que ofrecen otros modelos similares, aunque, en realidad no hay alternativas con este planteamiento tan particular. Podríamos definir al S-Max como una evolución del C-Max, para clientes que ya hayan disfrutado del monovolumen compacto y busquen una alternativa por encima de él. Quien haya valorado los aspectos de deportividad, ergonomía, versatilidad y practicidad de un C-Max y busque un modelo superior, encontrará la respuesta perfecta en el S-Max, pues mantiene la misma filosofía de producto en un escalón superior.

El planteamiento interior del modelo es muy bueno, el coche está bien realizado en cuanto a materiales, soluciones de espacio y ergonomía. Hay mucha habitabilidad interior gracias a la generosidad de las tres dimensiones espaciales. Destaca el reglaje de la segunda fila de asientos, que permite un desplazamiento longitudinal de 15 cm. Este movimiento del asiento permite que la habitabilidad sea muy buena en la segunda fila y razonablemente buena en la tercera. Tú decides según las necesidades de utilización.

Lo que no nos ha parecido muy bueno es el acceso a la tercera fila de asientos, opción que hemos tenido oportunidad de probar ahora. Vale que estén destinados a niños o jóvenes, pero no deja de ser un poco complicado llegar a instalarse en ellos. Lo que sí destaca en todo el interior del habitáculo es la anchura. En las dos primeras filas, muy buena y también en la tercera, aunque en este caso no es tan importante, pues sólo es posible instalar a dos ocupantes; eso sí, gozarán de espacio suficiente para la cabeza (hay casi 90 cm de altura hasta el techo) y podrán dejar objetos en los múltiples huecos repartidos por el interior.

Respecto al maletero, en la versión de siete plazas y con los asientos desplegados, la capacidad no es espectacular, pero resulta aceptable y está dentro de lo esperado para un modelo de este tipo. Si plegamos los asientos de la tercera fila nos queda un maletero completamente plano, como en el caso del Opel Zafira o del Toyota Corolla Verso, lo que facilita la introducción de bultos al mismo. La anchura del plano de carga es de aproximadamente 120 cm y la altura sin los asientos plegados es de 55 cm.

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p> En todos los casos -incluso en el Galaxy, más orientado al uso familiar y de mayores dimensiones- se ha prescindido de rueda de repuesto y se ha sustituido por un lamentable kit de reparación. No obstante, la marca ofrece en opción la posibilidad de montar neumáticos Runflat, que permiten rodar sin presión. Eso sí, por debajo del plano de carga existe un hueco de unos 30 ó 40 litros que permite llevar pequeños objetos que no se necesiten habitualmente.

Durante la breve toma de contacto efectuada por tierras andaluzas, hemos podido corroborar todo lo que esperábamos al observar las fichas técnicas del nuevo S-Max. Al menos en esta versión tope de gama, con motor 2.5 Turbo de cinco cilindros, que es un verdadero torrente de energía y sí permite un comportamiento deportivo al nuevo modelo de Ford.

Los 225 CV que anuncia bajo el capó delantero se muestran siempre dispuestos para proporcionar el comportamiento ágil y deportivo que promete la marca, entendiendo por deportivo todo lo que puede transmitir un modelo de estas dimensiones y peso, claro está. No obstante, el chasis del S-Max se muestra muy equilibrado, con unas suspensiones bastante firmes que no quitan confort a los ocupantes, pero sí transmiten confianza al conductor y aplomo al vehículo. También ayudan unos generosos neumáticos 225/50 en código de velocidad W sobre llanta de 17 pulgadas que confieren muy buen agarre (en opción se ofrece también sobre llanta de 18 pulgadas) y una dirección muy precisa que permite inscribir el vehículo en las curvas con la máxima facilidad. No balancea ni se muestran inercias incómodas que interfieran en el comportamiento dinámico, por lo que el S-Max resulta muy sencillo de conducir en cualquier tipo de trazado.

Con esta mecánica espectacular, de origen Volvo, el S-Max empujaron contundencia a cualquier régimen de giro no siendo necesario “tirar” de cambio para superar pendientes normales. La sexta velocidad es muy utilizable (no resulta corta ni larga), en torno a 43 km/h de desarrollo a 1.000 rpm. Sobra velocidad –y más ahora que está muy complicado-, pues supera con solvencia los 200 km/h y acelera de 0 a 100 en algo menos de ocho segundos, según los datos de prestaciones oficiales.

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p> Claro, que todas estas impresiones están tomadas de la versión más imponente de la gama, que, en realidad, no es la versión lógica. Es llamativa, impresionante, muy agradable de conducir, deportiva... El corazón de la gama estará centrado en el 2.0 TDCI de 140 CV, que es la versión apetecible para viajar sin despilfarrar, ya que, aunque no existe una diferencia abismal de precio entre ambas (2.075 euros en las versiones Titanium), si hay un importante ahorro de combustible en la utilización diaria.

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Nada más abrir la puerta del S-Max se respira un ambiente diferente al que ofrecen otros modelos similares, aunque, en realidad no hay alternativas con este planteamiento tan particular. Podríamos definir al S-Max como una evolución del C-Max, para clientes que ya hayan disfrutado del monovolumen compacto y busquen una alternativa por encima de él. Quien haya valorado los aspectos de deportividad, ergonomía, versatilidad y practicidad de un C-Max y busque un modelo superior, encontrará la respuesta perfecta en el S-Max, pues mantiene la misma filosofía de producto en un escalón superior.

El planteamiento interior del modelo es muy bueno, el coche está bien realizado en cuanto a materiales, soluciones de espacio y ergonomía. Hay mucha habitabilidad interior gracias a la generosidad de las tres dimensiones espaciales. Destaca el reglaje de la segunda fila de asientos, que permite un desplazamiento longitudinal de 15 cm. Este movimiento del asiento permite que la habitabilidad sea muy buena en la segunda fila y razonablemente buena en la tercera. Tú decides según las necesidades de utilización.

Lo que no nos ha parecido muy bueno es el acceso a la tercera fila de asientos, opción que hemos tenido oportunidad de probar ahora. Vale que estén destinados a niños o jóvenes, pero no deja de ser un poco complicado llegar a instalarse en ellos. Lo que sí destaca en todo el interior del habitáculo es la anchura. En las dos primeras filas, muy buena y también en la tercera, aunque en este caso no es tan importante, pues sólo es posible instalar a dos ocupantes; eso sí, gozarán de espacio suficiente para la cabeza (hay casi 90 cm de altura hasta el techo) y podrán dejar objetos en los múltiples huecos repartidos por el interior.

Respecto al maletero, en la versión de siete plazas y con los asientos desplegados, la capacidad no es espectacular, pero resulta aceptable y está dentro de lo esperado para un modelo de este tipo. Si plegamos los asientos de la tercera fila nos queda un maletero completamente plano, como en el caso del Opel Zafira o del Toyota Corolla Verso, lo que facilita la introducción de bultos al mismo. La anchura del plano de carga es de aproximadamente 120 cm y la altura sin los asientos plegados es de 55 cm.

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p> En todos los casos -incluso en el Galaxy, más orientado al uso familiar y de mayores dimensiones- se ha prescindido de rueda de repuesto y se ha sustituido por un lamentable kit de reparación. No obstante, la marca ofrece en opción la posibilidad de montar neumáticos Runflat, que permiten rodar sin presión. Eso sí, por debajo del plano de carga existe un hueco de unos 30 ó 40 litros que permite llevar pequeños objetos que no se necesiten habitualmente.

Durante la breve toma de contacto efectuada por tierras andaluzas, hemos podido corroborar todo lo que esperábamos al observar las fichas técnicas del nuevo S-Max. Al menos en esta versión tope de gama, con motor 2.5 Turbo de cinco cilindros, que es un verdadero torrente de energía y sí permite un comportamiento deportivo al nuevo modelo de Ford.

Los 225 CV que anuncia bajo el capó delantero se muestran siempre dispuestos para proporcionar el comportamiento ágil y deportivo que promete la marca, entendiendo por deportivo todo lo que puede transmitir un modelo de estas dimensiones y peso, claro está. No obstante, el chasis del S-Max se muestra muy equilibrado, con unas suspensiones bastante firmes que no quitan confort a los ocupantes, pero sí transmiten confianza al conductor y aplomo al vehículo. También ayudan unos generosos neumáticos 225/50 en código de velocidad W sobre llanta de 17 pulgadas que confieren muy buen agarre (en opción se ofrece también sobre llanta de 18 pulgadas) y una dirección muy precisa que permite inscribir el vehículo en las curvas con la máxima facilidad. No balancea ni se muestran inercias incómodas que interfieran en el comportamiento dinámico, por lo que el S-Max resulta muy sencillo de conducir en cualquier tipo de trazado.

Con esta mecánica espectacular, de origen Volvo, el S-Max empujaron contundencia a cualquier régimen de giro no siendo necesario “tirar” de cambio para superar pendientes normales. La sexta velocidad es muy utilizable (no resulta corta ni larga), en torno a 43 km/h de desarrollo a 1.000 rpm. Sobra velocidad –y más ahora que está muy complicado-, pues supera con solvencia los 200 km/h y acelera de 0 a 100 en algo menos de ocho segundos, según los datos de prestaciones oficiales.

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p> Claro, que todas estas impresiones están tomadas de la versión más imponente de la gama, que, en realidad, no es la versión lógica. Es llamativa, impresionante, muy agradable de conducir, deportiva... El corazón de la gama estará centrado en el 2.0 TDCI de 140 CV, que es la versión apetecible para viajar sin despilfarrar, ya que, aunque no existe una diferencia abismal de precio entre ambas (2.075 euros en las versiones Titanium), si hay un importante ahorro de combustible en la utilización diaria.

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Nada más abrir la puerta del S-Max se respira un ambiente diferente al que ofrecen otros modelos similares, aunque, en realidad no hay alternativas con este planteamiento tan particular. Podríamos definir al S-Max como una evolución del C-Max, para clientes que ya hayan disfrutado del monovolumen compacto y busquen una alternativa por encima de él. Quien haya valorado los aspectos de deportividad, ergonomía, versatilidad y practicidad de un C-Max y busque un modelo superior, encontrará la respuesta perfecta en el S-Max, pues mantiene la misma filosofía de producto en un escalón superior.

El planteamiento interior del modelo es muy bueno, el coche está bien realizado en cuanto a materiales, soluciones de espacio y ergonomía. Hay mucha habitabilidad interior gracias a la generosidad de las tres dimensiones espaciales. Destaca el reglaje de la segunda fila de asientos, que permite un desplazamiento longitudinal de 15 cm. Este movimiento del asiento permite que la habitabilidad sea muy buena en la segunda fila y razonablemente buena en la tercera. Tú decides según las necesidades de utilización.

Lo que no nos ha parecido muy bueno es el acceso a la tercera fila de asientos, opción que hemos tenido oportunidad de probar ahora. Vale que estén destinados a niños o jóvenes, pero no deja de ser un poco complicado llegar a instalarse en ellos. Lo que sí destaca en todo el interior del habitáculo es la anchura. En las dos primeras filas, muy buena y también en la tercera, aunque en este caso no es tan importante, pues sólo es posible instalar a dos ocupantes; eso sí, gozarán de espacio suficiente para la cabeza (hay casi 90 cm de altura hasta el techo) y podrán dejar objetos en los múltiples huecos repartidos por el interior.

Respecto al maletero, en la versión de siete plazas y con los asientos desplegados, la capacidad no es espectacular, pero resulta aceptable y está dentro de lo esperado para un modelo de este tipo. Si plegamos los asientos de la tercera fila nos queda un maletero completamente plano, como en el caso del Opel Zafira o del Toyota Corolla Verso, lo que facilita la introducción de bultos al mismo. La anchura del plano de carga es de aproximadamente 120 cm y la altura sin los asientos plegados es de 55 cm.

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p> En todos los casos -incluso en el Galaxy, más orientado al uso familiar y de mayores dimensiones- se ha prescindido de rueda de repuesto y se ha sustituido por un lamentable kit de reparación. No obstante, la marca ofrece en opción la posibilidad de montar neumáticos Runflat, que permiten rodar sin presión. Eso sí, por debajo del plano de carga existe un hueco de unos 30 ó 40 litros que permite llevar pequeños objetos que no se necesiten habitualmente.

Durante la breve toma de contacto efectuada por tierras andaluzas, hemos podido corroborar todo lo que esperábamos al observar las fichas técnicas del nuevo S-Max. Al menos en esta versión tope de gama, con motor 2.5 Turbo de cinco cilindros, que es un verdadero torrente de energía y sí permite un comportamiento deportivo al nuevo modelo de Ford.

Los 225 CV que anuncia bajo el capó delantero se muestran siempre dispuestos para proporcionar el comportamiento ágil y deportivo que promete la marca, entendiendo por deportivo todo lo que puede transmitir un modelo de estas dimensiones y peso, claro está. No obstante, el chasis del S-Max se muestra muy equilibrado, con unas suspensiones bastante firmes que no quitan confort a los ocupantes, pero sí transmiten confianza al conductor y aplomo al vehículo. También ayudan unos generosos neumáticos 225/50 en código de velocidad W sobre llanta de 17 pulgadas que confieren muy buen agarre (en opción se ofrece también sobre llanta de 18 pulgadas) y una dirección muy precisa que permite inscribir el vehículo en las curvas con la máxima facilidad. No balancea ni se muestran inercias incómodas que interfieran en el comportamiento dinámico, por lo que el S-Max resulta muy sencillo de conducir en cualquier tipo de trazado.

Con esta mecánica espectacular, de origen Volvo, el S-Max empujaron contundencia a cualquier régimen de giro no siendo necesario “tirar” de cambio para superar pendientes normales. La sexta velocidad es muy utilizable (no resulta corta ni larga), en torno a 43 km/h de desarrollo a 1.000 rpm. Sobra velocidad –y más ahora que está muy complicado-, pues supera con solvencia los 200 km/h y acelera de 0 a 100 en algo menos de ocho segundos, según los datos de prestaciones oficiales.

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El planteamiento interior del modelo es muy bueno, el coche está bien realizado en cuanto a materiales, soluciones de espacio y ergonomía. Hay mucha habitabilidad interior gracias a la generosidad de las tres dimensiones espaciales. Destaca el reglaje de la segunda fila de asientos, que permite un desplazamiento longitudinal de 15 cm. Este movimiento del asiento permite que la habitabilidad sea muy buena en la segunda fila y razonablemente buena en la tercera. Tú decides según las necesidades de utilización.

Lo que no nos ha parecido muy bueno es el acceso a la tercera fila de asientos, opción que hemos tenido oportunidad de probar ahora. Vale que estén destinados a niños o jóvenes, pero no deja de ser un poco complicado llegar a instalarse en ellos. Lo que sí destaca en todo el interior del habitáculo es la anchura. En las dos primeras filas, muy buena y también en la tercera, aunque en este caso no es tan importante, pues sólo es posible instalar a dos ocupantes; eso sí, gozarán de espacio suficiente para la cabeza (hay casi 90 cm de altura hasta el techo) y podrán dejar objetos en los múltiples huecos repartidos por el interior.

Respecto al maletero, en la versión de siete plazas y con los asientos desplegados, la capacidad no es espectacular, pero resulta aceptable y está dentro de lo esperado para un modelo de este tipo. Si plegamos los asientos de la tercera fila nos queda un maletero completamente plano, como en el caso del Opel Zafira o del Toyota Corolla Verso, lo que facilita la introducción de bultos al mismo. La anchura del plano de carga es de aproximadamente 120 cm y la altura sin los asientos plegados es de 55 cm.

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Durante la breve toma de contacto efectuada por tierras andaluzas, hemos podido corroborar todo lo que esperábamos al observar las fichas técnicas del nuevo S-Max. Al menos en esta versión tope de gama, con motor 2.5 Turbo de cinco cilindros, que es un verdadero torrente de energía y sí permite un comportamiento deportivo al nuevo modelo de Ford.

Los 225 CV que anuncia bajo el capó delantero se muestran siempre dispuestos para proporcionar el comportamiento ágil y deportivo que promete la marca, entendiendo por deportivo todo lo que puede transmitir un modelo de estas dimensiones y peso, claro está. No obstante, el chasis del S-Max se muestra muy equilibrado, con unas suspensiones bastante firmes que no quitan confort a los ocupantes, pero sí transmiten confianza al conductor y aplomo al vehículo. También ayudan unos generosos neumáticos 225/50 en código de velocidad W sobre llanta de 17 pulgadas que confieren muy buen agarre (en opción se ofrece también sobre llanta de 18 pulgadas) y una dirección muy precisa que permite inscribir el vehículo en las curvas con la máxima facilidad. No balancea ni se muestran inercias incómodas que interfieran en el comportamiento dinámico, por lo que el S-Max resulta muy sencillo de conducir en cualquier tipo de trazado.

Con esta mecánica espectacular, de origen Volvo, el S-Max empujaron contundencia a cualquier régimen de giro no siendo necesario “tirar” de cambio para superar pendientes normales. La sexta velocidad es muy utilizable (no resulta corta ni larga), en torno a 43 km/h de desarrollo a 1.000 rpm. Sobra velocidad –y más ahora que está muy complicado-, pues supera con solvencia los 200 km/h y acelera de 0 a 100 en algo menos de ocho segundos, según los datos de prestaciones oficiales.

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p> Claro, que todas estas impresiones están tomadas de la versión más imponente de la gama, que, en realidad, no es la versión lógica. Es llamativa, impresionante, muy agradable de conducir, deportiva... El corazón de la gama estará centrado en el 2.0 TDCI de 140 CV, que es la versión apetecible para viajar sin despilfarrar, ya que, aunque no existe una diferencia abismal de precio entre ambas (2.075 euros en las versiones Titanium), si hay un importante ahorro de combustible en la utilización diaria.

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El planteamiento interior del modelo es muy bueno, el coche está bien realizado en cuanto a materiales, soluciones de espacio y ergonomía. Hay mucha habitabilidad interior gracias a la generosidad de las tres dimensiones espaciales. Destaca el reglaje de la segunda fila de asientos, que permite un desplazamiento longitudinal de 15 cm. Este movimiento del asiento permite que la habitabilidad sea muy buena en la segunda fila y razonablemente buena en la tercera. Tú decides según las necesidades de utilización.

Lo que no nos ha parecido muy bueno es el acceso a la tercera fila de asientos, opción que hemos tenido oportunidad de probar ahora. Vale que estén destinados a niños o jóvenes, pero no deja de ser un poco complicado llegar a instalarse en ellos. Lo que sí destaca en todo el interior del habitáculo es la anchura. En las dos primeras filas, muy buena y también en la tercera, aunque en este caso no es tan importante, pues sólo es posible instalar a dos ocupantes; eso sí, gozarán de espacio suficiente para la cabeza (hay casi 90 cm de altura hasta el techo) y podrán dejar objetos en los múltiples huecos repartidos por el interior.

Respecto al maletero, en la versión de siete plazas y con los asientos desplegados, la capacidad no es espectacular, pero resulta aceptable y está dentro de lo esperado para un modelo de este tipo. Si plegamos los asientos de la tercera fila nos queda un maletero completamente plano, como en el caso del Opel Zafira o del Toyota Corolla Verso, lo que facilita la introducción de bultos al mismo. La anchura del plano de carga es de aproximadamente 120 cm y la altura sin los asientos plegados es de 55 cm.

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Durante la breve toma de contacto efectuada por tierras andaluzas, hemos podido corroborar todo lo que esperábamos al observar las fichas técnicas del nuevo S-Max. Al menos en esta versión tope de gama, con motor 2.5 Turbo de cinco cilindros, que es un verdadero torrente de energía y sí permite un comportamiento deportivo al nuevo modelo de Ford.

Los 225 CV que anuncia bajo el capó delantero se muestran siempre dispuestos para proporcionar el comportamiento ágil y deportivo que promete la marca, entendiendo por deportivo todo lo que puede transmitir un modelo de estas dimensiones y peso, claro está. No obstante, el chasis del S-Max se muestra muy equilibrado, con unas suspensiones bastante firmes que no quitan confort a los ocupantes, pero sí transmiten confianza al conductor y aplomo al vehículo. También ayudan unos generosos neumáticos 225/50 en código de velocidad W sobre llanta de 17 pulgadas que confieren muy buen agarre (en opción se ofrece también sobre llanta de 18 pulgadas) y una dirección muy precisa que permite inscribir el vehículo en las curvas con la máxima facilidad. No balancea ni se muestran inercias incómodas que interfieran en el comportamiento dinámico, por lo que el S-Max resulta muy sencillo de conducir en cualquier tipo de trazado.

Con esta mecánica espectacular, de origen Volvo, el S-Max empujaron contundencia a cualquier régimen de giro no siendo necesario “tirar” de cambio para superar pendientes normales. La sexta velocidad es muy utilizable (no resulta corta ni larga), en torno a 43 km/h de desarrollo a 1.000 rpm. Sobra velocidad –y más ahora que está muy complicado-, pues supera con solvencia los 200 km/h y acelera de 0 a 100 en algo menos de ocho segundos, según los datos de prestaciones oficiales.

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