Ford, 100 años de revolución

Hace 100 años el coche era un artículo de lujo que sólo podían comprar unos pocos potentados. La automoción estaba en pañales y los automóviles se fabricaban a mano en talleres artesanos. De un panorama así surgió Henry Ford, un visionario que tenía en su cabeza un futuro donde cualquiera pudiera conducir su propio vehículo. Hace 100 años, Ford inventó la industria del motor.
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Ford, 100 años de revolución
Ford, 100 años de revolución

Cien años de luces y sombras
El primer coche de Henry Ford fue un rudimentario cuadriciclo que fabricó en 1896. Aquella máquina se metió en su cabeza de tal forma que decidió consagrar su vida a la construcción de automóviles. La gran oportunidad le llegó en 1900, cuando construyó el Sweepstakes, un coche muy básico que llevaba un motor de cifras colosales: dos cilindros, 8,6 litros de cilindrada y 26 CV de potencia.
Construyó aquel engendro para correr y lo llevó a la victoria. Aquel dinero fue decisivo porque, unido a la popularidad que obtuvo, consiguió convencer a otros 11 accionistas para crear la Ford Motor Company aquel junio de 1903.

A partir de ese momento, Ford empezó a fabricar coches. El primero de ellos fue el Ford A, un rudimentario automóvil que se movía con un motor de gasolina y que empezó a venderse en octubre de 1903 en las calles de Detroit, una ciudad bendecida por la automoción. Ford sorprendió al mundo fabricando 25 coches al día, unas cifras desconocidas en aquella época.

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p> Poco a poco fue haciéndose fuerte hasta que, en 1908, dio el salto definitivo. Ese año diseñó el Ford T, un coche casi indestructible, barato (850 dólares), con un cambio fácil de utilizar y, lo mejor, producido completamente en cadena. El Ford T puso ruedas a la sociedad de su tiempo y alcanzó unas ventas de 10.660 unidades en su primer año de vida, con lo que se convirtió en el primer coche popular y asequible. Cuando dejó de producirse, en 1927, había más de 15 millones de unidades rodando por todo el mundo. Ford ya era un coloso.

Es también el momento en que Ford toca todos los palos: coches, camiones, mil variantes del Ford T, material bélico, submarinos y… aviones. En 1925 se montaron los primeros Ford Tri-Motor, los aviones que hicieron posible la aviación comercial.

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p> Sin embargo, para esa época, otra marca le disputaba ya el liderazgo en ventas de coches: General Motors, otro gigante que, copiando los métodos de producción de Ford, había sabido captar mejor los gustos de los americanos de entreguerras.

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Espoleado, Ford modernizó la empresa y su gestión. Metió en ella a hombres con ideas frescas y el ritmo empezó a cambiar. Los nuevos nombres apostaron fuerte por el diseño, la ingeniería y los precios bajos. Modelos como el Ford 1949, con suspensión delantera independiente, fueron el principio de la recuperación .

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A Henry Ford le sorprendió la I Guerra Mundial en la cúspide de su poderío. El industrial no tuvo dudas: “Pondré nuestra fábrica a disposición del Gobierno de Estados Unidos y la haré funcionar sin un céntimo de beneficios”. Y lo hizo: las cadenas de Ford lo ensamblaron todo, desde simples coches para transporte de tropas a submarinos, pasando por aviones de carga, bombarderos, blindados…

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p> Las tropas volvieron de Europa diciendo que Ford había fabricado vehículos tan duros y capaces que parecían indestructibles.

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p> El esfuerzo volvió a repetirse durante la II Guerra Mundial. Ya antes de que Estados Unidos entrase en ella, Ford había empezado a montar bombarderos, como los B-24 Liberator. Después, tras Pearl Harbour, se producirían 8.000 unidades de este avión. En 1942, un decreto del Gobierno paralizó la producción “civil” de Ford y toda la capacidad instalada se dedicó a fabricar material bélico. De sus cadenas salieron los tanques M-4, varios modelos de blindados, anfibios, tractores… Incluso los Jeep se montaban en los talleres de Ford.

Precisamente fue en los 40 cuando el veterano fundador se apartó del todo de la dirección de su empresa. Estaba previsto que le sucediera su hijo Edsel Ford, presidente “oficial” desde 1918, pero su prematura muerte, a los 49 ños, hizo que el padre retomase el cargo (nunca abandonó el mando) hasta 1945, cuando Henry Ford II, su nieto, accedió a la presidencia. Bajo su mandato se produciría el relanzamiento definitivo de la marca.
En dura lucha con General Motors por el liderazgo, Ford lanzó al mercado coches de leyenda, como el Thunderbird y, en 1965, el Mustang, uno de los iconos del siglo XX.

Ya en los 70, Ford da el salto mundial. Con la empresa en manos de Lee Iacocca y otros presidentes, se abren fábricas en todo el mundo y se presenta la primera política de bastidores, buscando el coche global. Los superventas Escort y Fiesta son los mejores ejemplos de este cambio de orientación.

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p> Los 80 fueron los años de la compra de marcas históricas venidas a menos o metidas en problemas, como Jaguar, a la que se unieron en los 90 Volvo y Aston Martin y, más recientemente, Mazda y Land Rover.

El final de los 90 trajo otra importante crisis a la casa de Detroit. Caída de ventas y unos costes insostenibles hicieron que Jacques Nasser, el último presidente ajeno al clan, saliera por la puerta falsa después de una vida entera dedicada a Ford. Le sustituyó en 2001 William Clay Ford, biznieto del pionero y hombre con una visión muy pasional de la empresa. Su tarea ha empezado a devolver lustre a la compañía.

En un siglo se producen muchos fallos. El más sangrante de la historia de Ford apareció en 2000, cuando estalló el escándalo de los neumáticos Firestone. Los todo terreno Explorer de Ford equipados con ruedas de esta firma sufrieron una plaga de accidentes que ocasionó varios muertos. Las gomas reventaban sin motivo aparente, lo que llevó en un primer momento a culpar a los neumáticos de los percances. Sin embargo, Firestone-Bridgestone reaccionó y acusó a Ford de diseñar mal los Explorer. El caso, todavía en los tribunales, acabó con la casi centenaria cooperación entre ambas marcas y con la sustitución de 13 millones de neumáticos.

En los últimos tiempos, Ford ha avanzado en tres frentes bien diferenciados. Continúa con su política de coches asequibles y piezas compartidas. Rescata modelos históricos y los pone al día, como el GT 40 y, sobre todo, avanza en las nuevas tecnologías, con la llegada de la telemática y los más revolucionarios métodos de propulsión, como el motor de hidrógeno.

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Un siglo después, Ford sigue a la cabeza de la automoción mundial. Su viejo logotipo ovalado es reconocido a la primera en todo el planeta y, si Bill Ford y su gente logran enderezar finalmente el rumbo, como así parece, la marca afrontará su segundo siglo con muy buenas perspectivas. El sueño de un visionario se ha cumplido con 300 millones de coches vendidos en 100 años.

Incluyendo todas las marcas que componen el grupo Ford, las ventas totales superan los siete millones de unidades anuales. Este es un reparto aproximado de esas matriculaciones de gigante.

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Marcas
Ventas/ uds
Países
Concesionarios
Ford
5.457.445
137
13.000
Lincoln
159.651
38
1.561
Mercury
24.875
15
2.141
Mazda
964.800
145
6.131
Aston Martin
1.551
25
100
Jaguar
130.330
66
787
Volvo
406.695
100
2.500
Land Rover
174.593
142
1.808
Ford Credit Financiación de 4 millones de uds.
Hertz Alquiler por valor de 5.000 millones de dólares.

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