Ford, 100 años de revolución

Hace 100 años el coche era un artículo de lujo que sólo podían comprar unos pocos potentados. La automoción estaba en pañales y los automóviles se fabricaban a mano en talleres artesanos. De un panorama así surgió Henry Ford, un visionario que tenía en su cabeza un futuro donde cualquiera pudiera conducir su propio vehículo. Hace 100 años, Ford inventó la industria del motor.
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Ford, 100 años de revolución
Ford, 100 años de revolución

Hoy en día se producen casi 60 millones de coches al año. Hay fábricas capaces de ensamblar hasta 10.000 unidades en un solo día y, por si fuera poco, los vehículos que se fabrican son cada vez más complicados y sofisticados, con elementos tan avanzados que eran un sueño hace sólo cuatro o cinco años.

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p>Desde este escenario, tratemos ahora de retrotraernos a los primeros meses de 1903, hace 100 años, cuando la automoción era todavía cosa de herreros metidos a ingenieros, una industria incipiente que trataba de ponerse de pie a fuerza de vender automóviles a los ricos burgueses de la época. Ellos eran los únicos que podían pagar las sumas que costaban aquellos proto-coches elaborados a mano en talleres casi familiares.

Aquel mundillo compuesto por decenas de pequeñas fábricas que apenas ensamblaban cinco o seis unidades diarias fue el caldo de cultivo para que naciese una especie de mesías, el hombre que abrió las ventanas de la industria y dejó que entrase el aire de la revolución. Henry Ford, un descendiente de granjeros irlandeses, fundó el 16 de junio de 1903 una compañía que habría de cambiar para siempre el rumbo de la automoción.

En aquel verano de 1903 la Ford Motor Company era una más entre las 88 empresas que fabricaban coches en Estados Unidos. Unos pocos años después, era más grande y poderosa que todas las demás juntas. Hoy es el segundo fabricante más importante del planeta. Todo se lo debe al talento sin par de Henry Ford.

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p> La deuda que tiene toda la industria con aquel hombre permanece impagada. Él descubrió la fórmula del éxito para los coches, la máquina que más ha cambiado el mundo y la que más ha transformado la forma de vida de las personas. Henry Ford explicó a los fabricantes de automóviles lo que tenían que hacer para venderle un coche a casi cualquier persona de la Tierra.

El momento de gloria llegó en 1913. Ese año, una década después de fundar la empresa, Henry Ford inscribió su nombre en los libros de Historia, Ingeniería, Economía, Psicología… Su fábrica de Highland estrenaba un innovador sistema de montaje de los coches. En lugar de ensamblarse todas las piezas sobre un bastidor quieto, se puso en marcha una cadena de montaje, un sistema en el que el bastidor recorría una cinta transportadora y los operarios lo esperaban en puestos distribuidos a lo largo de la cinta. Cuando el chasis llegaba a su posición, cada obrero realizaba su función y dejaba que el ciclo continuase.

Para pasmo de todos, el Ford T, un modelo presentado en 1908, vio cómo su tiempo de ensamblaje pasaba de doce horas a tan sólo una hora y media. Había nacido la automoción moderna y, por extensión, la producción fabril moderna.

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p> Pero el cambio no fue sólo industrial. La posibilidad de producir a gran escala redujo los costes, con lo que los salarios aumentaron. Los obreros abandonaron la clase baja para engrosar una creciente clase media y, además, se enfrentaron a problemas nuevos, como las depresiones que produce el trabajo mecanizado en cadena y el aburrimiento de una actividad tan repetitiva… Para bien o para mal, los métodos de producción se transformaron y, con ellos, las relaciones entre el ser humano y las máquinas.

A Henry Ford y sus métodos de organización debe la sociedad actual una nueva filosofía del trabajo, el “fordismo”. Se trata de un conjunto de normas regularizadoras del trabajo, que se desarrolló concentrando la producción en grandes establecimientos, produciendo en series largas productos homogéneos a fin de lograr economías a escala. La definición en sentido estricto del “fordismo” se ha ampliado para abarcar una serie de normas que no sólo tratan de la organización de los procesos productivos (sobre todo de la organización del factor trabajo), sino que también analizan los objetivos productivos y los métodos para resolver conflictos laborales.
El método de producción “fordista” implica la combinación del taylorismo con la creciente mecanización de grandes empresas con muchas líneas productivas, asociadas con la aplicación de la cadena de montaje, la selección uniforme de los componentes y de los productos finales.
Una idea principal del “fordismo” es que los medios de trabajo requieren para funcionar correctamente que las piezas o partes estén fabricadas con precisión y uniformidad para que sean intercambiables. Esto se logra con la ayuda de la cadena de montaje y de una racionalización en cuanto a la provisión de stocks.
Las mejoras se consiguen también con el perfeccionamiento en máquinas y en técnicas de producción. La complejidad del equipamiento exige mayor formación en el personal, y por lo tanto mayor especialización del mismo; o sea, exigen un menor esfuerzo físico muscular pero implican una mayor carga mental. El proceso de trabajo fordista requiere también de la existencia de trabajadores altamente cualificados, situados fuera de la línea de montaje, encargados del diseño de productos, de la programación de la producción, de tareas de mantenimiento y reparaciones.

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