Ford C-Max

Se diría que ahora parece el hermano pequeño del S-Max, el reciente Coche del Año en Europa. Exactamente es lo que han intentado en el Ford C-Max, de ahí que desaparezca de su denominación la palabra Focus.
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Ford C-Max

Luminosidad parece la máxima de los fabricantes de coches actuales. Se llevan los techos transparentes, los parabrisas prolongados, las ventanillas bajas… En el caso del C-Max se han contentado con incluir entre las opciones una nueva, la del techo transparente de gran tamaño. Laminado y con un filtro para infrarrojos para evitar “sufrir” insolaciones en verano. Para este caso, dos cortinillas de accionamiento manual se encargan de proteger las coronillas de los ocupantes.

Si para los ocupantes está luminosidad será lo más llamativo, para el conductor las sensaciones al volante vendrán de serie. El tacto irreprochable al volante sigue ahí, con la mejor dirección de la categoría –si es que te gusta sentir lo que llevas entre manos-, con la posibilidad de regular en tres posiciones la curva de respuesta del sistema de asistencia hidráulico. En teoría no hay cambios mecánicos, pero en la unidad que pudimos conducir se apreciaba una actuación de suspensión ejemplar, sujetando los movimientos de las ruedas en las irregularidades sin que fuese en detrimento del confort de los ocupantes. Los tapizados de los asientos son nuevos, pero también se aprecia más dureza en los mullidos que en la anterior generación y algo más de soporte lumbar. También se nos antoja algo más de actuación por parte del servofreno, aunque esto puede deberse a dispersión entre unidades. Ninguna de las virtudes de marcha y de comportamiento del C-Max –de cuando se llamaba Focus- se han quedado en el camino.

Lo mismo puede decirse de los motores, que conservan la misma oferta que antes. El filtro de partículas sólo se ofrece en el diesel de dos litros, mientras que el motor 1.8 de gasolina cuenta con la posibilidad de emplear como combustible bioetanol. La gama arranca con los motores 1.6, que ofrecen 100 ó 90 caballos, según sean gasolina o Diesel. Los 1.8 son el ya mencionados Flexifuel, capaz de funcionar con bioetanol, y el diesel TDCI de 115 caballos. En dos litros, el Diesel ofrece 136 caballos y el gasolina 145 CV. Por el momento no hay versiones ST, pero quién sabe hasta donde estirará Ford la deportividad de sus monovolumen… Con esta filosofía, ha desaparecido el cambio automático CVT, por su baja aceptación en el mercado.

Si te gustaba el motor más potente Diesel, sólo podrás disfrutar ahora de él con los acabados Ghia y Titanium, los más golosos… y costosos. Si quieres control de estabilidad ESP, en el caso de los mencionados acabados superiores también tendrás que llevarte faros con sobredotación, o bien de xenón, o bien halógenos direccionales.

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p> Ford ha redefinido la gama con la llegada del C-Max “a secas”, de manera que los motores van aparejados a la motorización. Así, los Business y Trend, se asocian a los motores básicos gasolina y Diesel, mientras que Ghia y Titanium se reservan a los más potentes.

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p> De la misma manera, una de las características diferenciales del C-Max, los asientos traseros deslizantes para conforman un cuatro plazas de gran confort (a costa de ocultar una plaza en el maletero), se reserva a los dos acabados superiores.

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p> Te sorprenderán un par de opciones por las que te cobrarán 10 euros: un “paquete fumador” (vulgo, mechero) y una “rueda de repuesto mini” (de emergencia, en lugar del kit reparapinchazos, aún más inútil en caso de reventón, pinchazo de gran tamaño, golpe en la llanta…).

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p> Por si algún cliente piensa inclinar el equilibrio del C-Max hacia aún más dinamismo, se ofrece ahora una suspensión deportiva, a un precio nada gravoso, menos que los cristales posteriores tintados. Desaparece, finalmente, el freno de estacionamiento con mando eléctrico que antes equipaba las versiones Ghia.

La nueva gama C-Max no tiene novedades en cuanto a los propulsores. Se mantienen los de la anterior generación. Son tres mecánicas Diesel y tres motores de gasolina.

Luminosidad parece la máxima de los fabricantes de coches actuales. Se llevan los techos transparentes, los parabrisas prolongados, las ventanillas bajas… En el caso del C-Max se han contentado con incluir entre las opciones una nueva, la del techo transparente de gran tamaño. Laminado y con un filtro para infrarrojos para evitar “sufrir” insolaciones en verano. Para este caso, dos cortinillas de accionamiento manual se encargan de proteger las coronillas de los ocupantes.

Si para los ocupantes está luminosidad será lo más llamativo, para el conductor las sensaciones al volante vendrán de serie. El tacto irreprochable al volante sigue ahí, con la mejor dirección de la categoría –si es que te gusta sentir lo que llevas entre manos-, con la posibilidad de regular en tres posiciones la curva de respuesta del sistema de asistencia hidráulico. En teoría no hay cambios mecánicos, pero en la unidad que pudimos conducir se apreciaba una actuación de suspensión ejemplar, sujetando los movimientos de las ruedas en las irregularidades sin que fuese en detrimento del confort de los ocupantes. Los tapizados de los asientos son nuevos, pero también se aprecia más dureza en los mullidos que en la anterior generación y algo más de soporte lumbar. También se nos antoja algo más de actuación por parte del servofreno, aunque esto puede deberse a dispersión entre unidades. Ninguna de las virtudes de marcha y de comportamiento del C-Max –de cuando se llamaba Focus- se han quedado en el camino.

Lo mismo puede decirse de los motores, que conservan la misma oferta que antes. El filtro de partículas sólo se ofrece en el diesel de dos litros, mientras que el motor 1.8 de gasolina cuenta con la posibilidad de emplear como combustible bioetanol. La gama arranca con los motores 1.6, que ofrecen 100 ó 90 caballos, según sean gasolina o Diesel. Los 1.8 son el ya mencionados Flexifuel, capaz de funcionar con bioetanol, y el diesel TDCI de 115 caballos. En dos litros, el Diesel ofrece 136 caballos y el gasolina 145 CV. Por el momento no hay versiones ST, pero quién sabe hasta donde estirará Ford la deportividad de sus monovolumen… Con esta filosofía, ha desaparecido el cambio automático CVT, por su baja aceptación en el mercado.

Si te gustaba el motor más potente Diesel, sólo podrás disfrutar ahora de él con los acabados Ghia y Titanium, los más golosos… y costosos. Si quieres control de estabilidad ESP, en el caso de los mencionados acabados superiores también tendrás que llevarte faros con sobredotación, o bien de xenón, o bien halógenos direccionales.

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p> Ford ha redefinido la gama con la llegada del C-Max “a secas”, de manera que los motores van aparejados a la motorización. Así, los Business y Trend, se asocian a los motores básicos gasolina y Diesel, mientras que Ghia y Titanium se reservan a los más potentes.

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p> De la misma manera, una de las características diferenciales del C-Max, los asientos traseros deslizantes para conforman un cuatro plazas de gran confort (a costa de ocultar una plaza en el maletero), se reserva a los dos acabados superiores.

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p> Te sorprenderán un par de opciones por las que te cobrarán 10 euros: un “paquete fumador” (vulgo, mechero) y una “rueda de repuesto mini” (de emergencia, en lugar del kit reparapinchazos, aún más inútil en caso de reventón, pinchazo de gran tamaño, golpe en la llanta…).

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p> Por si algún cliente piensa inclinar el equilibrio del C-Max hacia aún más dinamismo, se ofrece ahora una suspensión deportiva, a un precio nada gravoso, menos que los cristales posteriores tintados. Desaparece, finalmente, el freno de estacionamiento con mando eléctrico que antes equipaba las versiones Ghia.

La nueva gama C-Max no tiene novedades en cuanto a los propulsores. Se mantienen los de la anterior generación. Son tres mecánicas Diesel y tres motores de gasolina.

Luminosidad parece la máxima de los fabricantes de coches actuales. Se llevan los techos transparentes, los parabrisas prolongados, las ventanillas bajas… En el caso del C-Max se han contentado con incluir entre las opciones una nueva, la del techo transparente de gran tamaño. Laminado y con un filtro para infrarrojos para evitar “sufrir” insolaciones en verano. Para este caso, dos cortinillas de accionamiento manual se encargan de proteger las coronillas de los ocupantes.

Si para los ocupantes está luminosidad será lo más llamativo, para el conductor las sensaciones al volante vendrán de serie. El tacto irreprochable al volante sigue ahí, con la mejor dirección de la categoría –si es que te gusta sentir lo que llevas entre manos-, con la posibilidad de regular en tres posiciones la curva de respuesta del sistema de asistencia hidráulico. En teoría no hay cambios mecánicos, pero en la unidad que pudimos conducir se apreciaba una actuación de suspensión ejemplar, sujetando los movimientos de las ruedas en las irregularidades sin que fuese en detrimento del confort de los ocupantes. Los tapizados de los asientos son nuevos, pero también se aprecia más dureza en los mullidos que en la anterior generación y algo más de soporte lumbar. También se nos antoja algo más de actuación por parte del servofreno, aunque esto puede deberse a dispersión entre unidades. Ninguna de las virtudes de marcha y de comportamiento del C-Max –de cuando se llamaba Focus- se han quedado en el camino.

Lo mismo puede decirse de los motores, que conservan la misma oferta que antes. El filtro de partículas sólo se ofrece en el diesel de dos litros, mientras que el motor 1.8 de gasolina cuenta con la posibilidad de emplear como combustible bioetanol. La gama arranca con los motores 1.6, que ofrecen 100 ó 90 caballos, según sean gasolina o Diesel. Los 1.8 son el ya mencionados Flexifuel, capaz de funcionar con bioetanol, y el diesel TDCI de 115 caballos. En dos litros, el Diesel ofrece 136 caballos y el gasolina 145 CV. Por el momento no hay versiones ST, pero quién sabe hasta donde estirará Ford la deportividad de sus monovolumen… Con esta filosofía, ha desaparecido el cambio automático CVT, por su baja aceptación en el mercado.

Si te gustaba el motor más potente Diesel, sólo podrás disfrutar ahora de él con los acabados Ghia y Titanium, los más golosos… y costosos. Si quieres control de estabilidad ESP, en el caso de los mencionados acabados superiores también tendrás que llevarte faros con sobredotación, o bien de xenón, o bien halógenos direccionales.

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p> Ford ha redefinido la gama con la llegada del C-Max “a secas”, de manera que los motores van aparejados a la motorización. Así, los Business y Trend, se asocian a los motores básicos gasolina y Diesel, mientras que Ghia y Titanium se reservan a los más potentes.

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p> De la misma manera, una de las características diferenciales del C-Max, los asientos traseros deslizantes para conforman un cuatro plazas de gran confort (a costa de ocultar una plaza en el maletero), se reserva a los dos acabados superiores.

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p> Te sorprenderán un par de opciones por las que te cobrarán 10 euros: un “paquete fumador” (vulgo, mechero) y una “rueda de repuesto mini” (de emergencia, en lugar del kit reparapinchazos, aún más inútil en caso de reventón, pinchazo de gran tamaño, golpe en la llanta…).

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p> Por si algún cliente piensa inclinar el equilibrio del C-Max hacia aún más dinamismo, se ofrece ahora una suspensión deportiva, a un precio nada gravoso, menos que los cristales posteriores tintados. Desaparece, finalmente, el freno de estacionamiento con mando eléctrico que antes equipaba las versiones Ghia.

La nueva gama C-Max no tiene novedades en cuanto a los propulsores. Se mantienen los de la anterior generación. Son tres mecánicas Diesel y tres motores de gasolina.

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