Ford Focus RS: la historia de un coche deportivo con embrujo

RS son las siglas de Rally Sport, el marchamo con el que, desde hace más de casi 50 años, Ford distingue a sus coches más deportivos. Esta es el recorrido de una exclusiva división que inició un Ford Taunus y que hoy acoge al tercer Ford Focus RS.
Luis Miguel Vitoria.

Twitter: @luismivitoria -

Ford Focus RS: la historia de un coche deportivo con embrujo
Ford Focus RS: la historia de un coche deportivo con embrujo

A finales de los años 60, en marzo de 1968, Ford incorporaba a su gama el Ford Taunus o 15M RS. Con su motor V4 de 1.699 cm3 se convirtió en un objeto de deseo para muchísimos aficionados, especialmente cuando se asociaba  en la carrocería coupé. Desde entonces, han sido ya 30 los coches de Ford merecedores de contar en su nombre con las siglas RS.

Entre ellos, no pocos de tamaño medio, como diferentes generaciones del Ford Escort desde su primera generación y, a la desaparición de éstos, de los Ford Focus.

Primer Ford Focus RS en 2002

El primer Ford Focus RS apareció en 2002. Montaba un dos litros, alimentado por turbo, con una potencia de 215 CV. Se trataba de un motor de cuatro cilindros Duratec que, en su versión tranquila, entregaba 145 CV en el Mondeo. Para el Ford Focus RS incorporaba notables cambios en los conductos de aceite, pistones, bielas… incluso un turbo fabricado por Garret, que era refrigerado por agua.  Su incorporación modificaba totalmente el escape, incluso con una salida de enorme diámetro para la época (6,5 cm). El turbo hacía imprescindible montar un intercooler.

El embrague respondía a especificaciones «de carreras», de modo que el Ford Focus RS era fabricado por AP Racing, en tanto que la caja de cambios de cinco marchas había sido revisada en profundidad para este modelo; pero se echaban ya de menos las seis velocidades.

Ford Focus RS 2002, primera generación

Sin cambios en la distancia entre ejes, sí se modificaba la anchura de vías respecto a los otros Focus, en tanto que los amortiguadores eran suministrados por Sachs Racing y los frenos por Brembo, con discos ventilados de 325 mm en el eje delantero y cuatro pistones. Las llantas, con neumáticos de 18’, montaban neumáticos Michelin Pilot Sport en medida 225/40 R18.

Sin embargo, su elemento más característico, por lo que marcaba su comportamiento, era el diferencial autoblocante de engranajes helicoidales Quaife, imprescindible para que, con una tracción delantera, fuese posible llevar tanto empuje del motor hasta el asfalto.

Mi compañero, por aquellos tiempos, Carlos Enríquez de Salamanca, titulaba la prueba de este coche con «Toro mecánico» justificándolo con que «subir al Ford Focus RS supone vivir sensaciones que la electrónica nos habías hecho olvidar. Porque no sólo empuja como un demonio, sino que además hay que domarlo con mano firme y sin titubeos para que responda con nobleza».

«Hay que apuntar muy bien con el volante, sí,  pero siempre va por donde dices gracias a un diferencial que trabaja de maravilla; además, es preciso ir descerebrado para que se mueva de delante o de atrás y los frenos Brembo aguantan lo que no está escrito». Comentaba. Como hoy, ocurre con el nuevo Ford Focus RS, «los recorridos de la palanca son un poco largos».

En esta primera generación del Ford Focus RS, los asientos eran bacquets firmados por Sparco, forrados en piel y Alcántara». Y, claro, en su interior dominaba un azul eléctrico.

Ford Focus RS 2002, primera generación

Costaba unos 31.787 euros, y entre sus rivales directos estaban el Seal León Cupra R, algo más económico y civilizado.

El Ford Focus RS de primera generación aceleraba, según los datos ofrecidos por nuestro Centro Técnico, de 0 a 100 km/h en 6,4 segundos; de 0 a 1.000 m en 26,7 segundos y recuperaba de 80 a120 km/h, en 4ª y 5ª, en 5,5 y 9,4 segudos, respectivamente.

Ford Focus RS de segunda generación

La segunda generación del Ford Focus RS llegó en 2009. En lugar de un motor de cuatro cilindros, éste ya daba el paso a los cinco con 2,5 litros. Aún con inyección multipunto, su potencia sobrepasaba ya la frontera de los 300 CV, 305 CV, concretamente, en parte por la ayuda de un turbocompresor Borg Warner que soplaba con una sobrepresión de 1,4 bares, sólo 0,2 menos que el turbo del Ford Focus RS de tercera generación recién llegado.

Ya incorporaba una de las demandas que se hacían al primer Ford Focus RS de la saga, una caja de seis marchas, de nuevo rápida y precisa, pero que quedaba lejos del conductor por bajita, según criticaba mi compañero Manuel Juliá. Para él, «el motor se siente muy lleno a bajo régimen y, pese al turbo, es bastante más progresivo que el anterior. Los 2,5 litros y el cilindro extra algo tendrán que ver...»

Ford Focus RS 2009, segunda generación

Los bacquets ya Recaro se convertían en imprescindibles para sacar el máximo provecho a este Ford Focus RS, especialmente en los tramos más parecidos a los rallies de asfalto. «Es en este tipo de trazados plagados de curvas lentas, de segunda y tercera, donde el tren delantero del RS resulta especialmente efectivo. Podemos confirmar que mantiene su esencia bruta de tracción delantera indomable, aunque es más conducible. Y decimos esto  porque, si bien la dirección continúa pidiendo guerra, en parte por el trabajo del autoblocante delantero Quaife tipo Torsen, ahora es menos brusca y rápidamente nos acostrumbramos a ella; y en parte, también, por el empleo de manguetas desacopladas en las columnas McPherson que aíslan a la dirección, en gran medida, del efecto de la tracción».

En este coche la comodidad quedaba en un segundo plano y el objetivo prioritario era la efectividad. Sin embargo, era posible descolocar el eje trasero, lo que hacía de modo muy vivo.

Este Ford Focus RS de 305 CV costaba, en 2009, 33.995 euros, ya con un equipamiento más abundante que su predecesor. Este Ford Focus RS aceleraba de 0 a 100 km/h en 6,5 segundos, de 0 a 1.000 m en 26,2 segundos y pasaba de 80 a120 km/h en 4ª, 5ª y 6ª en 4,1, 5,5 y 8,9 segundos, respectivamente. Eso pese a que el motor, en el banco de potencia, se quedó en 302 CV, pues sobrepasó el par prometido (44,9 mkg entre 2.300 y 6.500 rpm), al arrojar 47,7 mkg a 3.530 rpm.

De él hubo una secuela, una segunda generación «y media», con el nombre de Ford Focus RS500. Sólo se fabricó una edición limitada a 500 unidades y, en lugar de 305 CV como el resto de Ford Focus RS, éste tenía 45 CV más: la misma potencia, 350 CV, que tiene el recién lanzado.

Costaba 43.400 euros y, como en sus hermanos de gama, y en contra del recurso de la tracción trasera o a las cuatro ruedas para un coche tan potente, se recurría también al diferencial mecánico Quaife.

Ford Focus RS 2009, segunda generación

Yo mismo escribía en su día —apareció en 2010— que, después de bajarnos de él «lo que más nos ha asombrado es lo muchísimo que corre: uno lo deja pensando que antes que acelerador tiene una especie de pulsador positrónico que pone a este compacto con instantaneidad a velocidad de curvatura, más allá de la luz. Bueno, vale quizá exagere y el R500 está lejos de alcanzar la velocidad de desplazamiento del Enterprise, pero de lo que no cabe duda es que este Ford —si bien no a base de deformar el espacio tiempo— hace que dos puntos alejados estén mucho más cerca que con otros muchos coches parecidos: apenas hay un par de GTI más rápidos —por un pelín, oiga—, tal cual el Volkswagen Golf R o el Subaru Impreza WRX STi, por mucho que ninguno de ellos tan potente».  Cerraba la aceleración de 0 a 100 km/h en 5,9 segundos y la larga, la de 1.000 m, en 25,1 s. Las recuperaciones, en las tres últimas marchas mejoraban a la del Ford Focus RS de 305 CV, pero no por muchísimo: 3,7, 5,0 y 8,5 segundos eran los registros obtenidos por nuestro Centro Técnico.

La potencia extra la lograba esta edición especial del Ford Focus RS con un filtro de aire y un intercooler más grandes, colectores de escape de más diámetro, una bomba que empuja más combustible y una gestión electrónica específica. El turbo, en teoría, era semejante, pero no trabajaba a idéntica presión que el Ford Focus RS «a secas», pues aumentaba, según la marca, pero no «de forma significativa». Sin embargo, en el Ford Focus RS500 parece más presente todavía por el aún más audible sonido de la válvula de descarga.

El comportamiento no era distinto al de su hermano pequeño. «Va como un RS y, como éste, exige frenadas rotundas antes de entrar en los giros más lentos para «matar» la inusitada rapidez con la que devora las rectas entre curvas —todas parecen cortas, sin embargo, no frena tanto como desearíamos— y, una vez llega el fin de éstas, medir con meticulosidad lo que se acelera para evitar tirones en la dirección. No se lleva, pues, bien con los «pisapedales», más si la marcha es corta. En todo caso, de uno a otro punto no falta progresividad y, de la mano de ella, hasta docilidad para ponerlo justo donde se desea con un tren trasero receptivo: nada diferencia al RS500 del RS a tenor de lo que dice su chasis».

Ford Focus RS tercera generación

El Ford Focus RS de tercera generación se presentó en 2015 y se empieza a vender en este 2016. Todos los detalles de esta nueva bomba deportiva, en nuestra prueba.

Ford Focus RS, tercera generación

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