Fiat Bravo

Fiat regresa a la denominación Bravo -tras una generación denominada Stilo- para su nuevo compacto, que vuelve a las formas curvas, crece en dimensiones y avanza en ergonomía y presentación interior. La gama inicial arranca con una versión atmosférica de gasolina y dos Diesel, a la espera de los nuevos motores sobrealimentados de gasolina, que llegarán algo más adelante.
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Pasan los kilómetros y a la quinta o la sexta intentona logramos encontrar la posición ideal al volante. No es un coche en el que se encuentre uno perfecto a la primera, porque hay que adoptar una posición distinta a la de la mayoría de sus rivales, pero, en todo caso, no hay color frente al Stilo, que no queremos ni entrar a recordar.

El motor, dejando aparte el tema del ruido, es conocido y se comporta con buenas maneras: elástico y potente, aunque ya no sorprende pues cada vez proliferan más mecánicas de este nivel. La gama de salida al mercado se complementa con un hermano menor turbodiésel, con culata de sólo dos válvulas por cilindro y 120 CV además de un gasolina 1,4 litros con 16 válvulas con 90 CV. Algunas semanas más adelante entrarán en liza los nuevos turbo de gasolina de baja cilindrada –1,4 litros- que rinden 120 y 150 CV. A no ser que cambien mucho las cosas a nivel de precio, creemos que, por ahora, no tendrán muchas oportunidades de éxito frente a sus hermanos de gasóleo, por muy buena conducta que tengan.¡Que seguro la tendrán! Pero hasta que las autoridades pertinentes lo decidan con normativas, ¡estamos en la era Diésel!

La caja de seis marchas posee un mando suave y razonablemente rápido y preciso. Es la guinda a una facilidad de conducción sin peros. Por cierto, la terminación interior y la calidad visual –aparte de los plásticos rígidos generalizados- han dado un salto hacia arriba muy significativo. Detrás, los pasajeros disponen de un aireador central para climatizar su entorno.

El Bravo mantiene la batalla del Stilo pero sus vías se han visto sensiblemente aumentadas –20 mm- y su monta de neumáticos ha sido generosamente aumentada, tanto en diámetro como en anchura. Así, aunque el calzado básico son sobre llanta 15 y sólo 16 en la versión de superior motorización, en los equipamientos altos se llega hasta llanta de 17, e incluso, 18 pulgadas, ésta, calzada con neumáticos 225/40. Por tanto, como es lógico, con mayor base de sustentación y neumáticos de mayor rendimiento, el agarre se ha potenciado con respecto a su antecesor. Y lo mejor es que no se obtiene esta ganancia con el acompañamiento indeseado de un endurecimiento excesivo de los reglajes. Eso sí, detrás, la rigidez frente al balanceo se ha incrementado en un 40 por ciento. Por tanto, el Bravo es un coche tan confortable como preciso, sin que resulte molesta una preponderancia en uno u otro sentido.

Un esfuerzo especial se ha realizado en los equipos incluídos en el equipamiento, sobre todo a nivel electrónico: equipo de sonido con MP3, sistema Blue&Me –manos libre con interfaz Bluetooth y reconocimiento de voz evolucionado, puerto USB, intérprete SMS-, servicios telemáticos como SOS, Conseje y servicios de seguros. Pero, ahora mismo no es el momento para conocer cómo estará distribuido en nuestro mercado. Si en los cinco niveles de equipamiento que aparecen en el mercado italiano o si en nuestro país habrá menos y escalonados de distinta forma. Sólo será cuestión de semanas.

La ganancia frente al Fiat Stilo es significativa, en especial, de agrado de conducción. Aún así, todavía le falta un pelo de sofisticación para llegar a estar con los mejores. El nuevo Bravo no es una evolución del primer modelo, del que retoma el nombre; más bien, aparece como el hermano mayor del Grande Punto, por sus pautas estéticas.
Como la definición del equipamiento para nuestro mercado todavía tardará unas semanas en desvelarse, pues nada que decir salvo que, nosotros, no lo echamos de menos.
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Pasan los kilómetros y a la quinta o la sexta intentona logramos encontrar la posición ideal al volante. No es un coche en el que se encuentre uno perfecto a la primera, porque hay que adoptar una posición distinta a la de la mayoría de sus rivales, pero, en todo caso, no hay color frente al Stilo, que no queremos ni entrar a recordar.

El motor, dejando aparte el tema del ruido, es conocido y se comporta con buenas maneras: elástico y potente, aunque ya no sorprende pues cada vez proliferan más mecánicas de este nivel. La gama de salida al mercado se complementa con un hermano menor turbodiésel, con culata de sólo dos válvulas por cilindro y 120 CV además de un gasolina 1,4 litros con 16 válvulas con 90 CV. Algunas semanas más adelante entrarán en liza los nuevos turbo de gasolina de baja cilindrada –1,4 litros- que rinden 120 y 150 CV. A no ser que cambien mucho las cosas a nivel de precio, creemos que, por ahora, no tendrán muchas oportunidades de éxito frente a sus hermanos de gasóleo, por muy buena conducta que tengan.¡Que seguro la tendrán! Pero hasta que las autoridades pertinentes lo decidan con normativas, ¡estamos en la era Diésel!

La caja de seis marchas posee un mando suave y razonablemente rápido y preciso. Es la guinda a una facilidad de conducción sin peros. Por cierto, la terminación interior y la calidad visual –aparte de los plásticos rígidos generalizados- han dado un salto hacia arriba muy significativo. Detrás, los pasajeros disponen de un aireador central para climatizar su entorno.

El Bravo mantiene la batalla del Stilo pero sus vías se han visto sensiblemente aumentadas –20 mm- y su monta de neumáticos ha sido generosamente aumentada, tanto en diámetro como en anchura. Así, aunque el calzado básico son sobre llanta 15 y sólo 16 en la versión de superior motorización, en los equipamientos altos se llega hasta llanta de 17, e incluso, 18 pulgadas, ésta, calzada con neumáticos 225/40. Por tanto, como es lógico, con mayor base de sustentación y neumáticos de mayor rendimiento, el agarre se ha potenciado con respecto a su antecesor. Y lo mejor es que no se obtiene esta ganancia con el acompañamiento indeseado de un endurecimiento excesivo de los reglajes. Eso sí, detrás, la rigidez frente al balanceo se ha incrementado en un 40 por ciento. Por tanto, el Bravo es un coche tan confortable como preciso, sin que resulte molesta una preponderancia en uno u otro sentido.

Un esfuerzo especial se ha realizado en los equipos incluídos en el equipamiento, sobre todo a nivel electrónico: equipo de sonido con MP3, sistema Blue&Me –manos libre con interfaz Bluetooth y reconocimiento de voz evolucionado, puerto USB, intérprete SMS-, servicios telemáticos como SOS, Conseje y servicios de seguros. Pero, ahora mismo no es el momento para conocer cómo estará distribuido en nuestro mercado. Si en los cinco niveles de equipamiento que aparecen en el mercado italiano o si en nuestro país habrá menos y escalonados de distinta forma. Sólo será cuestión de semanas.

La ganancia frente al Fiat Stilo es significativa, en especial, de agrado de conducción. Aún así, todavía le falta un pelo de sofisticación para llegar a estar con los mejores. El nuevo Bravo no es una evolución del primer modelo, del que retoma el nombre; más bien, aparece como el hermano mayor del Grande Punto, por sus pautas estéticas.
Como la definición del equipamiento para nuestro mercado todavía tardará unas semanas en desvelarse, pues nada que decir salvo que, nosotros, no lo echamos de menos.
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Pasan los kilómetros y a la quinta o la sexta intentona logramos encontrar la posición ideal al volante. No es un coche en el que se encuentre uno perfecto a la primera, porque hay que adoptar una posición distinta a la de la mayoría de sus rivales, pero, en todo caso, no hay color frente al Stilo, que no queremos ni entrar a recordar.

El motor, dejando aparte el tema del ruido, es conocido y se comporta con buenas maneras: elástico y potente, aunque ya no sorprende pues cada vez proliferan más mecánicas de este nivel. La gama de salida al mercado se complementa con un hermano menor turbodiésel, con culata de sólo dos válvulas por cilindro y 120 CV además de un gasolina 1,4 litros con 16 válvulas con 90 CV. Algunas semanas más adelante entrarán en liza los nuevos turbo de gasolina de baja cilindrada –1,4 litros- que rinden 120 y 150 CV. A no ser que cambien mucho las cosas a nivel de precio, creemos que, por ahora, no tendrán muchas oportunidades de éxito frente a sus hermanos de gasóleo, por muy buena conducta que tengan.¡Que seguro la tendrán! Pero hasta que las autoridades pertinentes lo decidan con normativas, ¡estamos en la era Diésel!

La caja de seis marchas posee un mando suave y razonablemente rápido y preciso. Es la guinda a una facilidad de conducción sin peros. Por cierto, la terminación interior y la calidad visual –aparte de los plásticos rígidos generalizados- han dado un salto hacia arriba muy significativo. Detrás, los pasajeros disponen de un aireador central para climatizar su entorno.

El Bravo mantiene la batalla del Stilo pero sus vías se han visto sensiblemente aumentadas –20 mm- y su monta de neumáticos ha sido generosamente aumentada, tanto en diámetro como en anchura. Así, aunque el calzado básico son sobre llanta 15 y sólo 16 en la versión de superior motorización, en los equipamientos altos se llega hasta llanta de 17, e incluso, 18 pulgadas, ésta, calzada con neumáticos 225/40. Por tanto, como es lógico, con mayor base de sustentación y neumáticos de mayor rendimiento, el agarre se ha potenciado con respecto a su antecesor. Y lo mejor es que no se obtiene esta ganancia con el acompañamiento indeseado de un endurecimiento excesivo de los reglajes. Eso sí, detrás, la rigidez frente al balanceo se ha incrementado en un 40 por ciento. Por tanto, el Bravo es un coche tan confortable como preciso, sin que resulte molesta una preponderancia en uno u otro sentido.

Un esfuerzo especial se ha realizado en los equipos incluídos en el equipamiento, sobre todo a nivel electrónico: equipo de sonido con MP3, sistema Blue&Me –manos libre con interfaz Bluetooth y reconocimiento de voz evolucionado, puerto USB, intérprete SMS-, servicios telemáticos como SOS, Conseje y servicios de seguros. Pero, ahora mismo no es el momento para conocer cómo estará distribuido en nuestro mercado. Si en los cinco niveles de equipamiento que aparecen en el mercado italiano o si en nuestro país habrá menos y escalonados de distinta forma. Sólo será cuestión de semanas.

La ganancia frente al Fiat Stilo es significativa, en especial, de agrado de conducción. Aún así, todavía le falta un pelo de sofisticación para llegar a estar con los mejores. El nuevo Bravo no es una evolución del primer modelo, del que retoma el nombre; más bien, aparece como el hermano mayor del Grande Punto, por sus pautas estéticas.
Como la definición del equipamiento para nuestro mercado todavía tardará unas semanas en desvelarse, pues nada que decir salvo que, nosotros, no lo echamos de menos.
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El motor, dejando aparte el tema del ruido, es conocido y se comporta con buenas maneras: elástico y potente, aunque ya no sorprende pues cada vez proliferan más mecánicas de este nivel. La gama de salida al mercado se complementa con un hermano menor turbodiésel, con culata de sólo dos válvulas por cilindro y 120 CV además de un gasolina 1,4 litros con 16 válvulas con 90 CV. Algunas semanas más adelante entrarán en liza los nuevos turbo de gasolina de baja cilindrada –1,4 litros- que rinden 120 y 150 CV. A no ser que cambien mucho las cosas a nivel de precio, creemos que, por ahora, no tendrán muchas oportunidades de éxito frente a sus hermanos de gasóleo, por muy buena conducta que tengan.¡Que seguro la tendrán! Pero hasta que las autoridades pertinentes lo decidan con normativas, ¡estamos en la era Diésel!

La caja de seis marchas posee un mando suave y razonablemente rápido y preciso. Es la guinda a una facilidad de conducción sin peros. Por cierto, la terminación interior y la calidad visual –aparte de los plásticos rígidos generalizados- han dado un salto hacia arriba muy significativo. Detrás, los pasajeros disponen de un aireador central para climatizar su entorno.

El Bravo mantiene la batalla del Stilo pero sus vías se han visto sensiblemente aumentadas –20 mm- y su monta de neumáticos ha sido generosamente aumentada, tanto en diámetro como en anchura. Así, aunque el calzado básico son sobre llanta 15 y sólo 16 en la versión de superior motorización, en los equipamientos altos se llega hasta llanta de 17, e incluso, 18 pulgadas, ésta, calzada con neumáticos 225/40. Por tanto, como es lógico, con mayor base de sustentación y neumáticos de mayor rendimiento, el agarre se ha potenciado con respecto a su antecesor. Y lo mejor es que no se obtiene esta ganancia con el acompañamiento indeseado de un endurecimiento excesivo de los reglajes. Eso sí, detrás, la rigidez frente al balanceo se ha incrementado en un 40 por ciento. Por tanto, el Bravo es un coche tan confortable como preciso, sin que resulte molesta una preponderancia en uno u otro sentido.

Un esfuerzo especial se ha realizado en los equipos incluídos en el equipamiento, sobre todo a nivel electrónico: equipo de sonido con MP3, sistema Blue&Me –manos libre con interfaz Bluetooth y reconocimiento de voz evolucionado, puerto USB, intérprete SMS-, servicios telemáticos como SOS, Conseje y servicios de seguros. Pero, ahora mismo no es el momento para conocer cómo estará distribuido en nuestro mercado. Si en los cinco niveles de equipamiento que aparecen en el mercado italiano o si en nuestro país habrá menos y escalonados de distinta forma. Sólo será cuestión de semanas.

La ganancia frente al Fiat Stilo es significativa, en especial, de agrado de conducción. Aún así, todavía le falta un pelo de sofisticación para llegar a estar con los mejores. El nuevo Bravo no es una evolución del primer modelo, del que retoma el nombre; más bien, aparece como el hermano mayor del Grande Punto, por sus pautas estéticas.
Como la definición del equipamiento para nuestro mercado todavía tardará unas semanas en desvelarse, pues nada que decir salvo que, nosotros, no lo echamos de menos.

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