Esos chalados con sus locos cacharros

En octubre de 1997, el ser humano batió uno de los últimos records que le faltaban por conseguir: superó la barrera del sonido en superficie terrestre. Después de cien años de intento, al fin lo había logrado. Sin embargo, lejos de detenerse en los 1.233,47 km/h alcanzados, el hombre ha visto en este hito un nuevo acicate y ya hay cuatro contendientes que han aceptado el reto de rebasar ese nuevo límite.
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Esos chalados con sus locos cacharros

Septiembre de 1997. El Thrust SCC del británico Richard Noble, un vehículo terrestre de aspecto futurista, bajo el control del piloto de la RAF inglesa Andy Green, trata de batir la barrera de la velocidad del sonido en el Black Rock Desert, en el estado de Nevada. Han sido varios años de preparación y de desarrollo constante, hasta el punto de arriesgarlo todo por un sueño.

Por las mismas fechas, pero varios kilómetros más al norte, en la confluencia con el estado mormón de Utah, en los llanos de Bonneville, el mítico Craig Beedlove, el hombre que por cinco veces llevó la gloria a los Estados Unidos y, en tantas ocasiones, se convirtió en el individuo más rápido del mundo, trata de recuperar el cetro para este país. El reto tiene tintes heroicos y recuerda al que en 1911 llevaron adelante Amundsen y Scott: ser el primer ser humano en llegar al Polo Sur. Sólo uno de los dos obtendrá el premio.

Finalmente, Breedlove el "cazarrecords" que profesionalizó la lucha contra la física, abandona por problemas mecánicos y, tras varios intentos, el proyecto de Noble se lleva el gato al agua. El 15 de octubre logra circular a una media de 1233,47 km/h, por encima de la velocidad que alcanza el sonido, que, para este lugar y en aquellas condiciones atmosféricas, se había calculado en torno a los 1.210 km/h. El hombre lograba por enésima vez batir a la naturaleza.

El Thrust SCC era un ingenio mecánico de forma aerodinámica, 16 metros de largo y 10 Tm de peso, equipado por dos reactores Rolls-Royce de avión, que, juntos, desarrollaban la espectacular cifra de 110.000 CV. Esta potencia permitía situar la carrocería de aluminio a 100 km/h en apenas 2,5 segundos y a 1.000 km/h en 16 segundos, de forma más rápida que un Concorde. Si bien en la actualidad el hombre cuenta con la tecnología apropiada para construir maquinarias parecidas, capaces de lograr esas cifras de aceleración y velocidades punta, el principal problema radica en el mantenimiento de las mismas durante el tiempo especificado por la FIA, Federación Internacional de Automovilismo, para dar validez al récord. Para ello, se calculan las medias de las velocidades alcanzadas en cada milla (1.609 metros) recorrida. A continuación, el piloto tiene que recorrer el mismo camino en el sentido contrario en un intervalo de tiempo inferior a la hora. Las medias de las dos millas, una en cada dirección, con las velocidades más altas proporcionarán la punta final.

Todos los años de preparación, el dinero gastado y los recursos humanos empleados no valen para nada si, finalmente, el máximo organismo del mundo de la velocidad no concede categoría de récord al intento. Así, el 17 de diciembre de 1979, un individuo llamado Stan Barret, a bordo de su Budweiser Rocket Car, recorrió una milla a la velocidad de 1.189 km/h, que, en aquellos momentos, suponía superar el récord del Blue Flame, el primer vehículo de la historia en sobrepasar los 1.000 km/h. Sin embargo, nunca fue reconocido oficialmente por dos razones. En primer lugar, sólo hubo una pasada en un único sentido, con lo cual no se sabe hasta qué punto el viento de cola pudo haber falseado el resultado. Y, en segundo lugar, sólo disponía de tres ruedas, mientras que el cuerpo sancionador exige cuatro como mínimo.

La velocidad del sonido depende de la elasticidad del medio a través del cual está viajando. Cuanto más elástico, más rápido se propagará. De este modo, es mayor en sólidos que en líquidos, y en éstos, superior que en gases. En líneas generales, la velocidad del sonido en el aire (lo que se conoce por Mach 1) es de unos 344 m/s ó 1.220 km/h al nivel de mar. Sin embargo, ésta varía en función de la temperatura. Cuanto más calor haga, más elástico es el aire y, por tanto, más rápido se expandirán las ondas sonoras. Una vez superada esta barrera, la fuerza de los motores que propulsan al vehículo tiende a aumentar considerablemente y se produce un estruendoso ruido, que recibe el nombre de "bang sónico". El aviador militar estadounidense Chuck Yeager fue el primero en romper la barrera del Mach 1, el 14 de octubre de 1947, justo 50 años y un día antes de que Andy Green lograra este hito con un vehículo terrestre.

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