En Fiat se pone el sol

Hace meses que Fiat no recibe una buena noticia. A la crisis económica que vive la empresa se suman el acoso de los tiburones financieros, los bancos acreedores, la sombra de General Motors, la posible desmembración de la compañía… Por si fuera poco, la muerte de Giovanni Agnelli, el viejo patrón, abre una nueva etapa en la dirección de Fiat y arroja más sombras sobre su futuro.
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En Fiat se pone el sol
En Fiat se pone el sol

“Quiero hablar con usted, porque usted siempre estará en el poder”. Con esta frase recibió Nikita Jruschov, líder de la Unión Soviética, a Giovanni Agnelli, uno de los empresarios más poderosos que ha conocido el mundo. La idea de Jruschov tiene mucho fundamento: desde que nació, Giovanni, nieto del fundador de Fiat, ha vivido los entresijos de una empresa que tuteaba a los estados. Con esa vocación de estadistas en la sombra, los Agnelli han visto caer la monarquía italiana, ascender y desaparecer el fascismo y se han cansado de llevar la cuenta de los gobiernos que se han sucedido en la República de Italia desde el fin de la II Guerra Mundial.

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p> Educado para ejercer ese poder, “Gianni” Agnelli era lo más parecido a un rey que tenían los italianos. Sin embargo, tardó un tiempo en asumir el control del imperio familiar. Antes de sentarse en el despacho se labró una merecida fama de “playboy”, amante insaciable y “bon vivant”. Sus correrías por la Riviera francesa, Mónaco y otros centros del glamour se hicieron legendarias. Todo cambió hacia 1966, a sus 45 años, cuando, tras un grave accidente de tráfico, decidió sentar la cabeza y ponerse al timón de Fiat.

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p> Desde entonces, el grupo no hizo más que crecer. A la vieja actividad automovilística se fueron uniendo nuevos negocios: aviación, seguros, finanzas, vehículos industriales, agrícolas… Pero no sólo eso: Agnelli invirtió en hoteles, periódicos, barcos, los grandes almacenes, la fabricación de papel, la alimentación y el fútbol: la mítica Juventus de Turín es suya. Pero la niña de los ojos de Agnelli siempre fue Fiat Auto y su exquisita cartera de marcas, con Ferrari, Maserati y Alfa Romeo como banderas. Con Ferrari demostró Agnelli su elegancia para los negocios, tras mantener a la firma viva durante años sin preguntar siquiera por los resultados económicos. El tiempo y el talento le dieron la razón.

La crisis económica de los 70 dio a Agnelli un impulso único. Su prestigio como líder del grupo industrial más importante de Italia le llevó a ser nombrado presidente de los empresarios del país. Ocupó ese puesto hasta 1976 y su influencia fue enorme. Prácticamente no se hacía nada en la política italiana que no se le consultase. Su aura era tan grande que ni siquiera las sanguinarias Brigadas Rojas osaron atacar a un Agnelli. En 1991 fue nombrado senador vitalicio en pago a los servicios prestados a la nación.

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Giovanni Agnelli, l’avoccato, vivió su peor momento en 2000, cuando murió su hijo y heredero Edoardo, que se suicidó. Poco antes, en 1997, había muerto su sobrino y también heredero Giovanni Alberti. A las desgracias personales se unió el inicio de la decadencia de Fiat, un proceso que viene de finales de los años noventa. En 1996, Giovanni había dejado la presidencia ejecutiva en manos de Cesare Romiti, un hombre de Mediobanca, la financiera cercana a Silvio Berlusconi que, desde 1993, apoyaba económicamente a Fiat.
Pero el patrón no soportó mucho a Romiti y lo apartó poco después con violencia tras pregonar aquél el “fin del tiempo de las familias”. Desde uno de sus retiros dorados, Agnelli volvió a la arena para gritarle al mundo que las empresas se hacen con la familia: “Siempre ha sido así y siempre será así”.

Los últimos años han sido un calvario, con un descenso brutal en las ventas, un endeudamiento que sobrepasa el billón de pesetas y la venta de parte de la compañía a General Motors. Todo esto afectó seriamente a la salud del viejo caudillo, que sucumbió víctima de un cáncer de próstata.

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p> Pese a la admiración que pulía su leyenda, hay quien duda mucho de su gestión. El periodista italiano Giancarlo Galli, biógrafo de los Agnelli, es muy crítico con su labor al frente de Fiat Auto: “Cuando en 1966 toma las riendas de Fiat, ésta es una de las cinco empresas más potentes del mundo. Hoy tiene una escasa relevancia. Creo, pues, que ha conducido su dinastía a la decadencia”.
Sea como sea, en plena decadencia, el hombre que era Italia, el amigo del Papa, de Kissinger y del rey de España, ha sido llorado en Italia como si hubiese muerto un ídolo de masas. Sus funerales, con honras de Estado, reunieron a la flor y nata de los negocios, la política, la “jet set” y el deporte italianos. No faltó nadie para despedir al viejo patrón.

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