El “otro” Sergio Marchionne: amante del aceite de oliva español, del póker…

Impresionante negociador, infatigable trabajador y duro como pocos a la hora de dirigir una compañía automovilística. Así era Sergio Marchionne, aunque hay una intrahistoria detrás que te contamos.
Juan Carlos Payo / Fotos: Cordon Press -
El “otro” Sergio Marchionne: amante del aceite de oliva español, del póker…
El “otro” Sergio Marchionne: amante del aceite de oliva español, del póker…

Pido a un buen amigo que conoció y trató bastante con Sergio Marchionne que me cuente cómo era el "otro" Marchionne. Lo primero que le viene a la cabeza era la pasión por la cultura de los países que visitaba, le gustaba saber, conocer, vivir antes de llegar a destino. Fumador empedernido –no era raro encontrarlo a la salida de algún salón automovilístico o de cualquier rueda de prensa fumando junto a su también inseparable botella de té-, una de sus pasiones menos conocidas era su gusto por el aceite de oliva, y no era raro que pidiese envíos de aceite español para darse ese capricho. También le gustaba y mucho jugar a las cartas, jugar al póker, y eran habituales las partidas con sus directivos en el avión privado de la compañía mientras se dirigían a cualquier lugar del planeta. Aunque era contable y abogado de formación, disfrutaba probando el producto aunque lo solía hacer en Balocco, en fin de semana, para no entorpecer el trabajo habitual de este centro de desarrollo italiano.

Profesionalmente, su determinación y capacidad de trabajo eran insuperables. “Era un enfermo del trabajo y era difícil, casi imposible, seguirle el ritmo”, nos comentan. Los 14 años que Sergio Marchionne ha pasado al frente del Grupo Fiat (ahora FCA) han dejado huella dentro de la compañía y dentro del sector automovilístico y de la economía mundial. Entró cuando el patriarca Giovanni Agnelli dejó de existir y cuando se necesitaba a alguien con el carácter y carisma suficientes para heredar esa capacidad de liderazgo que “la familia” era incapaz de ofrecer con sus “jóvenes cachorros”. Siempre se caracterizó por su capacidad de análisis de lo que eran las empresas automovilísticas y su visión preclara de los puntos débiles de cualquier proyecto que le hacía que siempre la razón estuviese por delante del corazón si no había posibilidad de negocio. Su gran logro fue la adquisición de Chrysler en plena bancarrota del tercer grande norteamericano –los representantes del gobierno Obama recuerdan cómo era capaz de marcharse en medio de una negociación dando carpetazo al asunto y esperar pacientemente una llamada atendiendo a sus pretensiones en la puerta del edificio donde se realizaba la reunión mientras fumaba tranquilamente-.

Siempre asociado a su** código de vestimenta particular con jersey negro**, dándole igual quien estuviese delante, de lenguaje afilado… supo dar un giro a la compañía y darse cuenta de que una empresa europea no podía vivir de las ventas locales y de ahí ese giro de Fiat a FCA, de una compañía con el 50 por ciento de las ventas en Italia, a una compañía global –quizás su ascendencia canadiense fuese el complemento perfecto a un origen latino que nunca se casó emocionalmente con Italia a nivel político y sindicatos, salvo cuando apostó por fabricar Jeep en Italia-. Creía en Jeep como eje sobre el que polarizar FCA en el presente y futuro y los resultados parecen darle la razón. Asiduo del avión privado de la compañía, su agenda era una locura y él también la hacía una locura modificando sobre la marcha. Estaba en todos los pequeños detalles desde la altura de su cargo y llegó a cambiar algo tan impensable como la filosofía de trabajo de la histórica y mítica Ferrari. Respetado y temido por sus ejecutivos, imponía autoridad, tomaba decisiones rápidas y obligaba a los que le rodeaban a que estuviesen a su altura. Su dureza era la que luego caracterizaba a su cuadro directivo de confianza.

El “otro” Sergio Marchionne: amante del aceite de oliva, del póker…

Sergio Marchionne con Bernie Ecclestone en un box de Ferrari en un gran premio de Fórmula 1
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Decidió su sucesor en una terna que incluía a Mike Manley –responsable anteriormente de Jeep-, Richard Palmer –director financiero del FCA-, y Alfredo Altavilla –responsable europeo de FCA y ya fuera de la empresa-. Marchionne seguro que eligió el peso de Jeep/Chrysler en el negocio actual y futuro por encima del peso de Europa y Fiat/Alfa Romeo como marcas faro para abordar de manera más fácil mercados potentes como Rusia y China, más sensibles a tamaños y glamour estadounidenses… Por último, destacar que fue uno de los primeros en identificar el potencial peligro/oportunidad de negocio que podía suponer para la industria automovilística la pujanza de empresas tecnológicas como Apple o Google como posibles nuevos actores que podían revolucionar el automóvil como históricamente se había entendido.

En el lado contrario, le podríamos achacar el haber dejado agonizar y morir una marca como Lancia, el tener Alfa Romeo prácticamente parada hasta hace nada mientras sus rivales apostaban por unos SUV que han tardado en llegar a esta marca, el que Fiat sea poco más que un 500 por el que él sí apostó… Pero como decíamos, su romanticismo financiero era particular, muy particular.

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