Desaparecen los coches soviéticos

Hoy es un día de adioses. Por un lado, los míticos autobuses de dos plantas londinenses se jubilan y, por otro, se da a conocer el adiós a los Volga, el coche de partido por excelencia en la antigua URSS.
Autopista -
Desaparecen los coches soviéticos
Desaparecen los coches soviéticos

Son algo más que medios de transporte. Se han convertido en todo un icono de las ciudades por las que rodaron.

Hoy, Rusia ha amanecido con una triste noticia: los Volga dejarán de producirse. Fabricados en Gorki desde el año 1956, se habían convertido en el “coche del partido”, la berlina que los soviéticos anhelaban conseguir.

Incluso el mismo Vladimir Putin, hoy presidente de Rusia, mantiene activo una unidad que consiguió cuando era un simple funcionario en la antigua Leningrado, hoy San Petersburgo.

Putin no es el único: su reducido precio los mantenía vivos en el mercado. El año pasado se comercializaron 50.000 unidades.

Otro símbolo de las carreteras soviéticas es el Niva, el coche fabricado por Lada; algo así como el “600 ruso”.

Lleva vendiéndose desde hace más de treinta años y todavía salen unidades de las líneas de montaje de Togliatti (a casi mil kilómetros de Moscú). Su precio –ronda unos 3.500 euros- le ha permitido aguantar la competencia de las marcas extranjeras. Sin embargo, es cuestión de tiempo que pierda todo el terreno. Por eso, el Kremlin ha decidido actuar: se hará con el control de Lada y así evitará su desaparición.

Cuando las tropas rusas entraron en Berlín al final de la Segunda Guerra Mundial, se llevaron un botín de guerra muy especial: los planos del Opel Kadet P-38 alemán. Sobre este modelo construyeron el Moskvich, o Moscovita 400, que se presentó en 1947 para celebrar el 500 aniversario de la fundación de la ciudad, que, entonces, se denominaba Moscú.

Política y automoción siempre han rodado juntos. No te pierdas nuestro reportaje sobre coche y política.

Hoy, los autobuses de dos pisos que han recorrido Londres durante medio siglo dejan de prestar servicio.

La ciudad los jubila porque “no están habilitados para transportar a personas con minusvalías físicas”.

Sólo quedarán en activo una veintena de ejemplares que harán las líneas 9 y 15 y se espera que sólo sean usados por turistas.

Los “routemaster”, como se conocen a estos autobuses en Londres, contaban con cientos de defensores. Algunos de ellos ya se han hecho con una unidad por unos 8.000 euros.

Sus detractores argumentaban que estos autobuses provocaban al año tres o cuatro muertos y decenas de heridos.

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