Cursos de conducción: aprender la Ley de Murphy

Es cierto que ninguna norma se cumple a rajatabla, al volante tampoco. Pero mediante diversos ejercicios podemos llegar a comprender cómo se comporta nuestro vehículo ante situaciones límite.
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Cursos de conducción: aprender la Ley de Murphy

Las marcas incorporan cada vez más ayudas a la conducción que nos pueden sacar de más de un apuro. Para que actúen con mayor eficacia, debemos comprender su funcionamiento, aunque no nos podemos confiar: la tecnología ha avanzado vertiginosamente, pero todavía no hace milagros.

Evita el bloqueo de las ruedas ante fuertes frenadas. Consta de varios sensores situados en las ruedas que miden la velocidad de giro de las mismas. Así, cuando alguna se para, se envía una especie de señal de socorro y la presión del circuito de freno disminuye, por lo que se vuelve a permitir el giro. Con este mecanismo, conseguimos una frenada más estable y, lo que es más importante, disponemos de direccionalidad y podemos esquivar obstáculos mientras frenamos a fondo, también en hielo.

Este dispositivo se ha desarrollado para completar el ABS, ya que muchos estudios de siniestralidad han mostrado que algunos conductores que llevan un coche con este sistema reducen la presión sobre el pedal durante una frenada de emergencia y, por tanto, alargan la distancia de la misma. El BAS mide la velocidad de accionamiento del pedal y, aunque disminuyamos la presión, efectuará la frenada lo más intensamente posible. Para anular su funcionamiento, el conductor sólo tiene que levantar del todo el pie de freno.

Con este mecanismo, el coche mantiene la trayectoria elegida y corrige de forma automática los posibles subvirajes y sobrevirajes. Este mecanismo compara el ángulo de giro del volante con el que en realidad realiza el propio vehículo, por lo que ha instalado un sensor en el eje. Si estos ángulos no coinciden, la centralita actúa sobre los frenos de una o dos ruedas concretas, con lo que el vehículo vuelve a recuperar la trayectoria marcada. Es decir, un funcionamiento bastante "similar" al que utilizan los tanques para girar.

Sería el sistema contrario al ABS; mientras éste pretende aumentar la adherencia en las frenadas, el control de tracción busca mayor adherencia en las aceleraciones. Cuando hay hielo, por ejemplo, un exceso de aceleración, puede restar la adherencia del coche. Si el vehículo es de tracción delantera, perderemos direccionalidad, mientras que, si es de tracción trasera, se deslizará el tren posterior.

El control de tracción utiliza también sensores con los que mide la diferencia de velocidad entre las ruedas del mismo eje o entre las de distintos ejes. La centralita iguala cualquier desfase entre las mismas, ya que frena la rueda que gana la velocidad o bien corta la inyección para eliminar el exceso de potencia. Así, podemos maniobrar, no patinaremos y tendremos motricidad para arrancar en condiciones de adherencia extremas.

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