Cursos de conducción: aprender la Ley de Murphy

Es cierto que ninguna norma se cumple a rajatabla, al volante tampoco. Pero mediante diversos ejercicios podemos llegar a comprender cómo se comporta nuestro vehículo ante situaciones límite.
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Cursos de conducción: aprender la Ley de Murphy

Si comprobáramos que un piloto de avión va a los mandos de un Boeing medio tumbado, mientras fuma un cigarrillo y tararea una canción de los Chichos, muchos quedaríamos despavoridos. Eso sí, cuando conducimos, muchas veces abandonamos nuestra postura sin darle la suficiente importancia, pero cada gesto repercute directamente en nuestra seguridad y en nuestra habilidad al volante.

Acoplarse en el asiento:
Cada maestrillo tiene su librillo, pero, a la hora de conseguir una postura que nos resulte cómoda al tiempo que nos permite maniobrar con el mínimo esfuerzo y la mayor rapidez y conseguir la mejor visibilidad, hay que seguir un cierto orden. Lo primero es ajustar la banqueta para que, con el embrague pisado a fondo, nuestra pierna esté ligeramente flexionada. Así, además de llegar fácilmente a los pedales, evitaremos una de las lesiones más frecuentes en caso de accidente: la rotura de rodilla al frenar bruscamente con las piernas totalmente estiradas. Tampoco hay que olvidar que, mientras conducimos, debemos descansar nuestro pie izquierdo sobre el paso de rueda, ya que nos ayudará a sujetarnos mejor en las curvas.

La altura ideal de la banqueta será la que nos permita una visión perfecta al tiempo que estamos lo más abajo posible y el respaldo del asiento se situará de la manera más vertical.

Con la espalda bien apoyada, debemos ser capaces de situar nuestras muñecas en la parte superior del aro del volante, que es la más alejada del tronco, de manera que los brazos queden ligeramente flexionados. En marcha, las manos se colocarán como si marcaran las 10 y 10 en un reloj y pondremos el pulgar fuera del arco.

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p> Los errores más frecuentes (como muestran los dibujos) son coger el volante por dentro, una postura que limita la movilidad y amplitud de giro del mismo, o empuñarlo como si fuera un manillar, lo que nos obliga a variar nuestra posición en caso de tener que efectuar un giro brusco.

Una vez abrochado el cinturón, debemos tirar de la banda diagonal de abajo hacia arriba para que la cinta quede tensa. También hay que prestar atención a los reposacabezas, intentando que coincida su borde superior con nuestra nuca. Según el RACE, si todos los conductores y pasajeros de los coches que circulan por las carreteras europeas llevaran siempre los cinturones abrochados, 7.500 personas sobrevivirían a sus accidentes cada año.

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