Cuestión de posturas

Más de mil personas salvarían cada año la vida si se abrocharan correctamente el cinturón de seguridad; el 41 por ciento de las muertes infantiles en los países industrializados se producen en accidentes de tráfico porque los niños no van bien sujetos; en el 95 por ciento de los siniestros, alguno de los ocupantes sufre el llamado “latigazo cervical” por no llevar colocado adecuadamente el reposacabezas. ¿No crees que ya es hora de aprender cómo debemos sentarnos en el vehículo?.
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Cuestión de posturas
Cuestión de posturas

Cada año, fallecen en las carreteras españolas cientos de personas y miles resultan heridas. Los siniestros más graves y que peores consecuencias acarrean son provocados por múltiples “excesos”: excesos de confianza, de velocidad, de alcohol, de drogas, de sueño, de cansancio, etc.

Sin embargo, a veces las “carencias” también son bombas de relojería en el asfalto, capaces de generar un gran número de accidentes de imprevisibles consecuencias. La poca importancia que otorgamos a la correcta posición dentro del vehículo es una de estas principales deficiencias.

En este 2003, la DGT se ha marcado un claro propósito: mostrarnos lo peligroso que es para la seguridad nuestro "pasotismo" al volante. Más aún si atendemos a la sencilla solución que, en principio, requiere corregir los malos hábitos adquiridos.

Bastan unas cuantas lecciones de seguridad vial para darnos cuenta de los riesgos a los que nos exponemos habitualmente, al no dar importancia a lo que, en realidad, sí la tiene. Y mucha.

La postura al volante es uno de los factores más importantes de la técnica de conducción. Lo primordial es sentarnos en el vehículo correctamente y con la mayor comodidad posible, pues la sensación de desahogo es fundamental para gobernar en las mejores condiciones todos los elementos del vehículo. Para ello, hay que conseguir cuatro objetivos: una correcta posición, la mayor visibilidad y la necesaria amplitud y eficacia de movimientos.

Lo primero que debemos hacer cuando nos sentamos en el vehículo es ajustar la banqueta, de modo que, con el embrague pisado a fondo, nuestra pierna esté ligeramente flexionada (no debemos estar ni exageradamente estirados ni muy pegados al volante). De llevar este consejo a la práctica, no sólo alcanzaremos sin problemas los pedales, sino que, además, evitaremos una lesión típica de los accidentes: la rotura de rodilla al frenar bruscamente con las piernas estiradas. Durante la marcha, es importante también que nos acordemos de colocar nuestro pie izquierdo sobre el paso de rueda, retirándolo de allí exclusivamente cuando haya que pisar el embrague. Con ello, nos sentiremos mucho más sujetos al asiento, sobre todo en las curvas.

Al acomodarnos en el puesto de conducción, nuestra altura debe ser la adecuada para obtener una perfecta visibilidad, tanto por la luna trasera, como por la delantera y los retrovisores. El respaldo, por su parte, se tiene que situar de la manera más vertical posible, aunque, eso sí, sin alterar excesivamente nuestra comodidad: las posiciones muy “forzadas” pueden aumentar nuestra fatiga física en los viajes de larga distancia.

Una vez colocada la banqueta, situaremos las manos en los mandos. Antes de poner en marcha el vehículo, nos tenemos que asegurar de que la distancia entre las manos y el volante es la correcta, de manera que, colocando nuestra espalda sobre el respaldo, debemos estirar las manos hasta cerciorarnos de que las muñecas se apoyan en la parte superior del volante, es decir, sin necesidad de estirar mucho los brazos y sin tener que encogerlos, sólo flexionarlos ligeramente.

La postura de partida de las manos –que deberemos imitar durante todo el recorrido- tiene que ser la misma que la posición de las manecillas del reloj cuando marcan la hora de las “10 y 10”. Además, costumbres como poner el codo en la ventanilla, meter la mano por dentro del volante, llevar una mano en la palanca de cambios, empuñar el volante como si fuera un manillar o sujetarnos en él para no "caernos" en los virajes tienen que ser erradicadas con urgencia de nuestra conducción, puesto que restan mucha maniobrabilidad, sobre todo en situaciones que requieran movimientos muy rápidos. Muchas de estas acciones no son fruto del desconocimiento de las normas viales, sino que responden únicamente a estúpidos alardes de pericia de conducción.

Una vez puesto en marcha el vehículo, hay que mover el volante de manera correcta (sobre todo en curvas) para evitar que se nos escape y pueda provocar algún movimiento incontrolado. Así, al iniciar los giros, después de haber frenado y cambiado de marcha, tenemos que ser conscientes de que el volante está dividido en dos zonas: la parte derecha y la izquierda. La primera será territorio exclusivo de la mano derecha y la segunda, de la mano izquierda. Lo primordial es evitar a toda costa un cruce de manos, un vicio muy peligroso que dificulta nuestros movimientos.

Uno de los elementos a los que menos atención prestamos en los vehículos es el reposacabezas. En muchas ocasiones, ni siquiera nos percatamos de la función que desempeñan y, lo que es peor, los ignoramos con la sensación de que son meramente decorativos. Pero, lejos de todas estas suposiciones, el reposacabezas es un elemento fundamental de seguridad que evita múltiples lesiones de gravedad en caso de accidentes.

El llamado “latigazo vertical” es una lesión característica y extendida entre los conductores. En el 95 por ciento de los accidentes a velocidades superiores a 10 km/h, alguno de los ocupantes del vehículo sufre este tipo de lesión, que –aunque se le da habitualmente poca importancia- puede acarrear importantes secuelas durante largos períodos de tiempo (en el mejor de los casos provoca dolor de cuello y, en el peor, tetraplejia). A pesar de todo, más del 70 por ciento de los ocupantes de un automóvil lleva mal ajustado el reposacabezas, el único elemento capaz de hacer frente a esta lesión, según un estudio realizado por el Instituto de Investigación sobre Reparación de Vehículos Centro Zaragoza.

Para evitarlo, en primer lugar, hay que asegurarse de que el asiento esté lo más vertical posible, sin afectar demasiado a nuestra comodidad (como ya hemos señalado antes). En segundo lugar, intentaremos que la parte superior del reposacabezas quede a la misma altura que la parte superior de nuestra cabeza, con una distancia a la nuca inferior a 4 centímetros. Si fuera imposible alcanzar esta altura máxima, entonces debemos ajustar el reposacabezas lo más alto que podamos sin que sobrepase la altura máxima de la cabeza, aunque tampoco debe quedar nunca por debajo de la altura de los ojos del ocupante.

Esta regulación se puede llevar a cabo en todos los reposacabezas ajustables. Sin embargo, existen también otros dos tipos: los independientes y los fijos. Los primeros son los menos frecuentes y están configurados como elementos aislados del propio asiento. Los segundos proporcionan, en opinión de los expertos, una mayor protección a los ocupantes, al formar una parte inseparable con la estructura del asiento.

Ahora que ya sabemos cómo debemos sentarnos y colocar nuestras piernas, brazos y cabeza, estamos casi en disposición de realizar correctamente nuestro viaje. Sin embargo, aún habrá que ponerse el sistema “estrella” de seguridad: el cinturón. Este elemento, fundamental como salvavidas, también requiere numerosos consejos prácticos para su adecuada utilización.

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