Contra el tráfico, cerrojazo

La Gran Vía, uno de los símbolos de Madrid, se cerrará al tráfico rodado durante los días festivos de estas Navidades. Si el experimento funciona, el Ayuntamiento repetirá el cierre en cada fiesta del año. Esta idea, que se vende como algo parcial y experimental, es la punta de lanza de un fenómeno creciente que gana fuerza en España y triunfa en muchos países: las ciudades se cierran a los coches.
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Contra el tráfico, cerrojazo
Contra el tráfico, cerrojazo

Londres, el faro que nos guía
La idea de cerrar los centros históricos al tráfico no es ni nueva ni demasiado original. Madrid no es la primera ciudad que hace algo así. Pero, hasta ahora, la que ha llevado más lejos el planteamiento ha sido Londres, que hace ya más de un año que cobra cinco libras esterlinas, casi ocho euros, a cada conductor que quiere entrar al centro, a un área marcada de 20 kilómetros cuadrados.

La medida, acogida con gran escándalo por los londinenses, se ha convertido en un éxito mundial sin precedentes en lo que atañe a la gestión del tráfico urbano. El volumen de coches de la zona acotada por los peajes se ha reducido en un 30 por ciento, una cifra que multiplica por 5 las expectativas de los organizadores. Además, ha aumentado el número de motos que circulan por Londres de forma espectacular, puesto que los vehículos de dos ruedas no pagan tasas. También se ha incrementado el uso del autobús, del metro y de los taxis. Pero, sobre todo, ha mejorado definitivamente la movilidad: la velocidad media de circulación en la zona cerrada vuelve a ser normal, los niveles de contaminación han bajado y los atascos casi se han erradicado.
El cambio se ha notado tanto que los típicos autobuses de dos pisos han tenido que rehacer sus horarios: ahora son puntuales.

El peaje de Londres es una apuesta personal de Ken Livingstone, su alcalde. “Ken el Rojo”, como le llaman. Su proyecto ha sido calificado de “elitista”, de “atentado contra la libertad de los automovilistas” y de “maniobra recaudatoria”. También hay quien desde el primer momento aseguró que era una solución válida para “salvar a las ciudades”, una “lección en gestión del tráfico”, dicen sus partidarios.

Otros expertos, como los del Adam Smith Institute, proponen soluciones intermedias, como aplicar los peajes sólo durante las horas punta, una variante que obligaría a los conductores a modificar sus hábitos y a moverse en función de esos horarios, de forma que los atascos quedasen disueltos en un tráfico más fluido a lo largo de todo el día.

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p>Ahora, lo reconozcan o no, todos los ayuntamientos del mundo se miran en el de Londres. Todos observan cómo evoluciona el peaje y todos piensan qué pasaría si ellos copiasen la idea. Y es que el programa de Londres es de una simplicidad que asusta: el que quiera venir al centro a ocupar espacio, hacer ruido y contaminar, que pague por ello. La Unión Europea plantea el mismo esquema: el que contamina paga.

Por esta razón, en Londres se han inventado un complemento magnífico para los peajes, los descuentos por eficiencia energética. Aquellos coches que contaminen menos, pagarán menos por entrar a la City. Los híbridos y eléctricos, gratis.

Para poner en marcha su sistema de peajes, Londres ha invertido la friolera de 300 millones de euros, unos 50.000 millones de las antiguas pesetas. Con este dinero, Davel Wetzel, el diseñador del peaje, ha instalado 800 cámaras en las entradas de las calles de la zona acotada, algo más de 20 kilómetros cuadrados del centro.
Estas cámaras captan el número de matrícula de cada coche que entra y lo registra en un ordenador. La máquina coteja si el propietario de ese vehículo ha pagado el precio que, por otra parte, se puede abonar por días, semanas, meses o años. Además, se puede pagar por Internet, por teléfono, a través del móvil y en gasolineras y tiendas. Si uno, por ejemplo, cruza la zona de peaje por la mañana, tiene hasta esa noche para ingresar el dinero. Las multas por no pagar van desde los 15 hasta los 120 euros. Londres espera recaudar 140 millones de euros con este mecanismo, un dinero que se destinará a mejorar el transporte público.
Wetzel, el padre de la criatura, es un revolucionario que antes trabajaba como conductor de autobuses en Londres. Su programa se aplica ahora con un éxito inesperado y ha sido capaz de superar la picaresca de los londinenses y todo tipo de sabotajes.

La iniciativa londinense ya tiene reflejo en la Europa continental: Lisboa ha decido copiarla y tendrá peajes urbanos. A partir de mediados de 2004, para circular por los hermosos y decadentes barrios de Baixa y Chiado, habrá que pagar.

En esta ocasión, la alcaldía es de derechas, no como en Londres, que es socialista. Pero la recuperación de la vida en las ciudades está por encima de diferencias ideológicas. El alcalde lisboeta, Pedro Santana Lopes, encabezará la campaña de comunicación que divulgará el peaje, además de fomentar el uso del transporte público: metro, autobús y tranvía.

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p>Con el dinero que den los peajes, Lisboa construirá aparcamientos públicos y financiará la restauración de las casas del centro que todavía presentan deficiencias provocadas por el incendio que arrasó el Chiado en 1988.

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p>Los comerciantes y vecinos del centro han acogido bien la noticia, aunque piden que se fomente más el transporte colectivo, de modo que la movilidad no se vea lesionada.

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