Contra el tráfico, cerrojazo

La Gran Vía, uno de los símbolos de Madrid, se cerrará al tráfico rodado durante los días festivos de estas Navidades. Si el experimento funciona, el Ayuntamiento repetirá el cierre en cada fiesta del año. Esta idea, que se vende como algo parcial y experimental, es la punta de lanza de un fenómeno creciente que gana fuerza en España y triunfa en muchos países: las ciudades se cierran a los coches.
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Contra el tráfico, cerrojazo
Contra el tráfico, cerrojazo

El pasado 7 de diciembre, domingo, el Ayuntamiento de Madrid cerró al tráfico privado la Gran Vía, la más comercial, simbólica y elegante de las calles del centro histórico. La idea, presentada como una prueba, un experimento, se convertirá en una rutina si funciona. A partir de 2004, todos los días festivos podrían amanecer con la Gran Vía cortada y sólo los autobuses estarán autorizados para utilizarla.

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No es la única calle de Madrid que se corta al tráfico: la Casa de Campo y el Paseo de Camoens, en el Parque del Oeste, ya registran restricciones importantes; además, el eje Prado-Recoletos está en el punto de mira…

¿Qué significa todo esto? Aparentemente, da la impresión de que el Gobierno municipal de Ruiz-Gallardón ha decidido coger por los cuernos el intratable toro del tráfico urbano en Madrid. Las medidas parciales siempre se aceptan mejor que las generales, con lo que podemos presumir que, poco a poco, irán implantándose más soluciones de este tipo en la capital. La idea es cerrar cada vez más el paso a los coches y recuperar las calles del complicado centro para los peatones. Las formas de Gallardón, muy sutiles, hacen que apenas se note este proceso, pero el objetivo está claro. Y eso que Pedro Calvo, concejal de Seguridad y Servicios a la Comunidad, echa balones fuera asegurando que este cierre sería “imposible en un día laborable”.

Pero las señales que ha emitido el Consistorio municipal en los últimos años confirman nuestras sospechas: restricciones horarias en la Puerta del Sol, peatonalización de muchas calles del centro, adoquinado previo a la peatonalización de muchas otras… Los indicios son fáciles de entender.

Lo cierto es que, para empezar, el cierre de la Gran Vía ha tenido una aceptación extraordinaria. Sea porque la gente lo entiende como algo puramente estacional, sea porque la idea ha gustado, las quejas han sido mínimas y el público pasea por el asfalto de la calle como si de un boulevar ensanchado se tratase.

Ha habido algunas protestas por parte de varios comerciantes de las zonas adyacentes, pero, en general, la aceptación es amplia.

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p> Lo cierto es que los grandes problemas de tráfico que vive Madrid, con caos circulatorios como los de este otoño, que han ocasionado atascos de hasta 170 kilómetros, han sensibilizado a la opinión pública. La introducción de los parquímetros hace algo más de un año, con su brillante resultado, ha ayudado a moldear en los ciudadanos la conciencia de que es necesario un cambio de mentalidad y un sacrificio para solucionar el caos de cada día.

En el futuro, habrá que acostumbrarse a la idea de que las grandes ciudades no tienen por qué soportar un tráfico tan intenso y tan dañino.
¿En el futuro? Algunas grandes urbes ya han tomado medidas radicales para sacar de sus centros históricos y comerciales la presencia de los coches.

La Navidad siempre es un periodo especial en las ciudades, por eso es normal encontrar modificaciones en el tráfico y dispositivos creados ad hoc para gestionarlo.


En el caso de Madrid, además de la operación de Gran Vía, habrá otras restricciones de tráfico para aligerar la carga de vehículos que soporta la zona comercial del centro durante estos días. El Ayuntamiento verá qué zonas se encuentran saturadas y desviará el tránsito. También observará la afluencia de coches a los aparcamientos subterráneos: cuando estos estén llenos, los agentes abrirán otras “válvulas de escape”. El Consistorio también ha anunciado que sacará a la calle más de 450 agentes de policía. Su misión será controlar a todos aquellos que entorpezcan la circulación, es decir, los que aparquen en doble fila o en zonas de carga y descarga. Además, se reforzará la red de autobuses urbanos, con 61 vehículos adicionales, sobre todo en las zonas más comerciales.

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En Barcelona, las medidas no son tan espectaculares, pero utilizan los mismos criterios.

La Ciudad Condal ha puesto en marcha su propia operación Navidad 2003, que afecta sobre todo a los transportes públicos. La empresa municipal de metro y autobús ha explicado que reforzará mucho sus servicios en las zonas de tiendas y, además, habrá más vehículos disponibles.

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p> También se prohibirá circular en algunas zonas y, sobre todo, el giro en determinados puntos de la ciudad. Las patrullas de la Guardia Urbana se encargarán de decidir cuándo es preciso aplicar las restricciones y cuándo no.
Además, se ampliarán los horarios de carga y descarga en las áreas comerciales.

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