Conducción económica

El petróleo es un bien escaso. Hasta ahora todos los automóviles han dependido de este preciado líquido para moverse y, aunque se encuentran en fase de desarrollo interesantes alternativas, todavía falta tiempo para que se hagan realidad palpable. Desde aquí te ayudamos con unos consejos prácticos para que aproveches mejor los recursos y puedas llegar más lejos con tu coche gastando menos dinero.
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Conducción económica
Conducción económica

Los mayores enemigos de la velocidad son la resistencia aerodinámica y la que se produce en la rodadura, motivada por la adherencia de los neumáticos. Esto conlleva una necesidad de potencia extraordinaria para vencer las dificultades al movimiento y, en consecuencia, un mayor gasto de combustible.

Como la resistencia aerodinámica se incrementa de forma geométrica con la velocidad, esto quiere decir que el incremento de consumo que se produce al circular a una velocidad comprendida entre 100 y 120 km/h es menor que el que se tiene al circular entre 120 y 140 km/h.

Una velocidad de crucero moderada es más fácil de mantener, pues la cantidad de vehículos que nos ralentizan la marcha se reduce, con lo que disminuye la necesidad de acelerar nuevamente para recuperar la velocidad de crucero inicial.

Una forma de lograr un promedio de velocidad aceptable con un consumo contenido es procurar mantener una velocidad lo más constante posible, similar a la de los vehículos que nos preceden para evitar interferencias en el movimiento, frenadas y aceleraciones innecesarias.

Lo mejor es limitar al máximo la aceleración, ya sea positiva –para aumentar la velocidad-, negativa –para disminuirla- o lateral –al tomar las curvas-, por lo que será necesario procurar una conducción lo más fluida y suave posible.

El rendimiento de un motor es la relación entre la fuerza que produce y la energía que consume para suministrarla. En el caso de los motores térmicos puede expresarse en gramos de combustible por kilovatio/hora. Esta relación varía con el régimen del motor, pero en términos generales, el régimen de giro en el que se logra la mejor relación entre las prestaciones que desarrolla y el consumo que tiene, se encuentra muy cerca de la zona de par máximo.

Desde el punto de vista del rendimiento, los motores turbodiesel de inyección directa son los que logran un rendimiento térmico superior, cercano al 50 por ciento.

Pese a que parece una contradicción, frenar es gastar, porque implica perder inercia y requiere consumo para reanudar la marcha. Para practicar una conducción económica eficiente es necesario frenar lo menos posible –siempre sin poner en riesgo la seguridad, esto que quede muy claro-, por lo que intentaremos practicar una conducción con los cinco sentidos, que nos permita anticiparnos a los movimientos de los demás (si circulamos en autovía o autopista con tráfico denso y observamos que más adelante la marcha se está deteniendo, iniciaremos la reducción de velocidad con la antelación suficiente para evitar una frenada brusca, simplemente levantando el pedal del acelerador).

Aunque hay varias formas para lograr que el vehículo pierda velocidad: sobre los frenos, sobre la transmisión de potencia o sobre el motor, no se puede recomendar actuar siempre de una determinada forma. Ahora bien, en líneas generales y teniendo siempre en cuenta la seguridad, los frenos son el medio más eficaz para conseguirlo, ya que han sido desarrollados para tal efecto, permiten dosificar la intensidad del esfuerzo con mayor precisión, actúan sobre las cuatro ruedas y no exigen grandes esfuerzos a la mecánica. La frenada óptima se logra cuando el vehículo rueda sobre el suelo sin deslizamiento o pérdida de adherencia, en línea recta.

Los motores modernos de gasolina y Diesel cuentan con sistema de corte de inyección en retención, de forma que cuando no se está acelerando y el motor mantiene un régimen superior a unas 1.500 revoluciones por minuto –para evitar que se pudiera calar-, no se está gastando nada de combustible (al ralentí, un coche del segmento medio puede gastar aproximadamente un litro por hora). No se debe evitar el uso del freno y aminorar la marcha únicamente con la reducción a marchas más cortas.

En adelantamientos o incorporaciones a vías principales, donde es necesaria una aceleración rápida, procuraremos hacerlo en marchas más cortas, cambiando un poco antes de alcanzar el régimen de potencia máxima. Una vez alcanzada la velocidad de crucero deseada intentaremos circular de forma constante en la velocidad más larga posible.

Como decíamos al principio, girar también significa gastar. Básicamente esto se produce por dos motivos: al coche le cuesta más circular en curva que en línea recta, tanto más cuanto más cerrada sea la curva y, en segundo lugar, porque el mecanismo que mueve la dirección para girar las ruedas también absorbe parte de la energía suministrada por el motor (algunos fabricantes incorporan ya sistemas de dirección servoasistidos por mecanismos eléctricos que no restan energía directamente de la polea del cigüeñal, sino que lo hacen de la batería. Según afirman, estos dispositivos permiten un ahorro de combustible en torno al 8 por ciento).

Está claro que hay que girar en las curvas, por lo que intentaremos trazarla lo más abierta que nos permita la carretera. Es decir, nos colocaremos hacia la parte exterior del inicio de la curva (punto de giro) hasta que veamos el vértice de la misma (punto de tangencia) y, una vez superado éste, abriremos la dirección suavemente, de nuevo, hacia la parte exterior (punto de salida). De esta forma lograremos describir la trayectoria con el mayor radio posible.

En la práctica, lo más fácil resulta mirar hacia donde se acaba la curva, no inmediatamente delante del coche, lo que nos permitirá llevar a cabo una trazada más amplia sin girar más de lo necesario.

La fórmula para ahorrar combustible es prácticamente la misma que para conducir rápido y con seguridad. La diferencia es sólo cuestión de grado.

  • Iniciar la marcha de forma suave y progresiva.
  • En fase de aceleración cambiar de velocidad en la zona de régimen de par máximo (en los Diesel será antes).
  • Mantener un ritmo lo más uniforme posible, sin bruscos acelerones ni frenazos.
  • Circular en marchas largas a regímenes que no superen con holgura los valores de par máximo.
  • En deceleraciones, reducir de marcha lo más tarde posible para lograr el corte de inyección (en muchos modelos hay que levantar el pie del acelerador por encima de 2.000 rpm para que se produzca este efecto.
  • Conducir con previsión y anticipación para evitar maniobras bruscas innecesarias que no conducen a nada.
  • La seguridad es lo primero. De nada sirve llevar la conducción económica hasta sus últimas consecuencias si se pone en riesgo nuestra seguridad y la de los demás.
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