Concesiones en la sombra

Es innegable que el desarrollo de las infraestructuras viarias va parejo a la evolución industrial y económica de un país. Pero, ¿cuál es la mejor fórmula de construcción y gestión de éstas? ¿Quién debe financiar las obras y el mantenimiento de las vías?
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Concesiones en la sombra

Las nacionalidades de los peajes no tienen fin. El peaje en sombra también es conocido como modelo inglés de financiación. Pero, además, nos podemos encontrar con modelos franceses, alemanes y norteamericanos.

El país vecino incluye en su legislación de infraestructuras un método de financiación para obras públicas que consiste en asignar dichas obras a un concesionario. Éste, una vez finalizado el plazo de concesión, durante el cual cobra a los usuarios el peaje de rigor, devuelve la infraestructura a la Administración, que se ocupa de mantenerla a partir de ese momento. La ligera diferencia es que las empresas concesionarias pueden ser tanto empresas públicas como privadas.

En el primer caso (compañías públicas), aparece el concepto de “anualidad presupuestaria” (porcentaje de los presupuestos que se destinan a financiar parte del peaje). La otra parte la cuota es asumida por el usuario.

Como consecuencia del importante deseo de desarrollar las infraestructuras en Alemania aparecido tras la unificación, el Gobierno germano se endeudó bastante y tuvo que buscar fórmulas de financiación para seguir haciendo frente a las obras. Aparecieron dos tipos de modelo: concesión y explotación.

El modelo de concesión consiste, como el español (peaje directo), en una salida a concurso de una obra por parte de la Administración. La empresa concesionaria a la que se le adjudica percibe durante quince años (en nuestro país los plazos son mayores) el coste total de la obra de manera aplazada, pero la empresa no cobra directamente los peajes a los usuarios. Los beneficios de este modelo son que se conoce el gasto de la obra y el modo de financiación. Es decir, no hay partidas sorpresa en los Presupuestos General del Estado.

Respecto al modelo de explotación, coincide con el modelo de peaje directo español. Es decir, se basa en el multimencionado que “quien usa, paga”.

El modelo de peaje más antiguo que existe. En este caso, el capital privado carga con todos los gastos de financiación de la obra. Las compañías privadas tienen que buscar el dinero para la realización de la infraestructura, porque el Gobierno no colabora en nada y, por lo tanto, tampoco se beneficia de la cuantía de cifras positivas de estas empresas, que explota indefinidamente las obras que han financiado y han puesto en marcha.

En nuestro país, se utilizan algunos de estos sistemas de financiación, con más o menos éxito (peaje directo o en sombra). Además, se recurre al sistema de agencias, también conocido como “sociedades públicas con capacidad de endeudamiento”. Consiste, básicamente, en que las empresas concesionarias de las diferentes obras son empresas públicas que se han creado para este fin.

En definitiva, está claro que las infraestructuras son necesarias para el desarrollo del país. Sin embargo, también parece claro que no todos los gobiernos están a favor de dicho desarrollo, sobre todo, si éste tiene que salir directamente de las arcas de todos los contribuyentes. Parece innegable que, poco a poco, en el Viejo Continente se está extendiendo la máxima de “quien usa, paga” (salvo excepciones, como la M-45 en nuestro país, en la que pagan más de los que la usan) y esto significa que se seguirán negociando concesiones… algunas de ellas, en la sombra.

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