Con las pilas de combustible puestas

¿Hacemos una apuesta? Antes de 15 años tendrás un coche de hidrógeno en tu garaje. Ni el poderoso lobby petrolero podrá impedirlo. Te contamos cómo funcionan estos vehículos, cuáles son las pruebas a las que se enfrentan, qué escollos deben salvar... Además, te puedes adelantar al futuro y darte con nosotros una vuelta en uno de estos modelos.
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('http://multimedia.terra.es/viewer/portada.cfm?cod_media=61136&mapnivel1=MUS','','width=765,height=470') ">Honda FCX: un coche de hidrógeno

“Una cosa está clara: la era del petróleo fácil se ha acabado”. Este mensaje cobra más fuerza si quien lo dice es la segunda petrolera que más crudo consume del mundo, la estadounidense Chevron Texaco.

Cada día, no sólo es más caro extraer petróleo, sino que también resulta más difícil de controlar: guerras, huracanes, decisiones políticas, un invierno que se adelanta... Por si fuera poco, ha empezado la cuenta atrás para Kyoto, el gran compromiso mundial para reducir las emisiones de CO2. O la automoción evoluciona radicalmente o está condenada a convertirse en un lujo para las clases más privilegiadas.

¿Qué hacer? La solución está en todas partes; de hecho, constituye el 90 por ciento de toda la materia: hablamos del hidrógeno. El gran problema es que dicho elemento nunca aparece solo. Siempre va asociado a otros, como el carbono (formando gas natural) o el oxígeno (en el agua). Si logras separarlo y lo combinas con el oxígeno del aire, obtendrás mucha energía y sólo un “desperdicio” de simple y limpia agua (nada de gases contaminantes).

La teoría es muy sencilla y ya vieja. Fue formulada en 1839, por William Groove. Pocos años más tarde, el propio Julio Verne describía en sus libros vehículos movidos por hidrógeno.

¿Por qué ha pasado tanto tiempo y todavía nos suena a ciencia ficción?

Para empezar, porque se necesita otra energía para obtener el hidrógeno puro. Una vez logrado, viene el problema de su almacenaje: estamos ante un gas muy inestable y volátil (de no aislarse bien, se convierte en una bomba incendiaria). Debe conservarse a una temperatura extremadamente baja (a unos 253 grados bajo cero) o a una presión muy alta.

Hace años que hemos controlado muchos de estos inconvenientes –existen multitud de submarinos y de cohetes que se mueven por hidrógeno-, pero todavía queda la tarea más importante: conseguir que sea un sistema económico para que lo usen los coches. Además, también hay que crear una infraestructura para repostar y mantener estos vehículos.

¿Qué se hace con el hidrógeno? Aquí entran en juego las denominadas pilas de combustible: convierten ese gas en electricidad. Para ello, incorporan una especie de membrana que pone en contacto el hidrógeno con el aire ambiental. La mezcla genera reacción eléctrica que se canaliza hacia el motor. Para hacernos una idea, estaríamos ante una especie de baterías que no necesitan nunca ser recargadas.

Existen miles de formas para obtener hidrógeno. Algunos científicos han conseguido generarlo ¡a partir del pan!, otros han desarrollado un proceso similar al de la fotosíntesis que realizan las plantas (incluso se ha llegado a experimentar con algas, como puedes ver en la foto). Sin embargo, entre todos estos métodos (más o menos viables), destacan tres:

  • A partir de hidrocarburos: la gasolina está compuesta de hidrógeno y carbono. Mediante un catalizador se arranca el hidrógeno de la gasolina y se envía, en forma gaseosa, a la pila de combustible. Los detractores de esta tecnología aseguran que termina siendo contaminante; sin embargo, la cantidad de CO2 que se emite a la atmósfera es mínima. Además, también se puede conseguir de combustibles “verdes” (los biocarburantes).
  • A partir del gas natural y vapor de agua. Hoy por hoy, la opción más barata para producir el hidrógeno es el gas natural, mediante la denominada tecnología del reformado con vapor. Es también la opción menos contaminante a partir de combustibles fósiles.
  • A partir del agua mediante electrólisis: una corriente eléctrica descompone el agua en hidrógeno y oxígeno. Pero ¿cómo obtener esta electricidad? Centrales nucleares, energía eólica, solar... hay que sopesar si su producción no contaminará más y resultará más cara que los beneficios que puede conseguirse con coches de hidrógeno.

Este gas es incoloro; sin embargo, muchos expertos hablan abiertamente del color del hidrógeno. No, no se han vuelto locos. De hecho, en Bruselas ya se plantean etiquetarlo con diversos colores que indiquen su procendencia: como hemos visto, no en todos los casos puede considerarse una “energía verde”.

Actualmente, se producen 45 millones de toneladas anuales de hidrógeno. Se usa –sobre todo- para la fabricación de productos químicos, pero, si se utilizara en la automoción, bastaría para impulsar 250 millones de vehículos.

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Esquema coche de hidrógeno

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