Con la cabeza en su sitio

Casi nunca nos preocupamos de regularlo correctamente y pocas veces nos damos cuenta de que está ahí, pero es un elemento de seguridad fundamental para evitarnos lesiones de gravedad en caso de accidente. Su nombre: el reposacabezas.
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Con la cabeza en su sitio

A cada tipo de colisión nuestro organismo responde de diferente forma. Veamos aquí cómo lo hace cuando el conductor no posee reposacabezas o este dispositivo está mál regulado.

Cuando nuestro vehículo es embestido por atrás, el tórax se desplaza hacia delante junto con el asiento. Nuestra cabeza realiza este mismo desplazamiento con posterioridad, pero, mientras tanto, se va hacia atrás provocándose un movimiento de hiperextensión. Tras esto, la cabeza se va hacia abajo en un movimiento de hiperflexión.

Al producirse una colisión delantera, la secuencia de los hechos es la contraria. Primero la cabeza se desplaza hacia abajo (movimiento de hiperflexión) y luego hacia atrás (movimiento de hiperextensión). En estos dos casos, el paso de hiperextensión a hiperflexión o viceversa provoca un movimiento similar a un "latigazo", y así es como es conocido popularmente este tipo de lesión.

El último tipo de choque es el que se produce de forma lateral. Aquí, la cabeza y el cuello tienden a desplazarse hacia el lado en el que se ha producido el impacto. Estas colisiones son las que causan daños de mayor gravedad.

El "latigazo cervical" se considera habitualmente una lesión de poca importancia, aunque puede acarrear importantes secuelas durante largos periodos de tiempo. Es difícil de diagnosticar, de valorar y de tratar, pero algunos investigadores concluyen que un leve estiramiento de los nervios que están situados en el cuello provocan la mayoría de los síntomas asociados al latigazo cervical, es decir, mareos, dolor de cuello, de cabeza, etc. Éstos, sin embargo, son los de menor índole, ya que pueden detectarse también hemorragias internas, lesiones musculares, y, en casos extremos, hernias discales e, incluso, rotura de vértebras.

Según el citado estudio de Centro Zaragoza, las mujeres son más propensas a sufrir este tipo de lesiones en caso de accidentes, incluso hasta 5 veces más. Esto se explicaría gracias al mayor volumen muscular del cuello masculino.

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