Como era en un principio

Si hay un lugar donde el tiempo parece detenido ese lugar es Picos de Europa. Situadas a caballo entre Cantabria, Asturias y León, estas montañas, que sobrepasan holgadamente los 2.000 metros de altura, ofrecen rutas fantásticas para los amantes del todo terreno y la aventura. Un Isuzu Trooper en su versión del año 2000 nos sirve en esta ocasión para descubrir un lugar único.
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Como era en un principio

La ruta elegida va desde Espinama a La Hermida, en la comarca cántabra de Liébana. Estas localidades están unidas por poco más de 35 kilómetros de carretera, pero nosotros las enlazaremos a través de las montañas, cruzando de Sur a Norte el Macizo Occidental de los Picos, en pleno Parque Nacional de Picos de Europa. Para ello atravesaremos las aldeas de Sotres y Beges, auténticos nidos de águilas perdidos en las cumbres. La duración de la travesía oscila entre las cuatro y las cinco horas, dependiendo de las condiciones del terreno y la velocidad a la que queramos ir. No es una ruta de cuatro por cuatro límite, pero exige mecánicas robustas y algún conocimiento del medio y la técnica del off-road.

La salida se toma desde la carretera Potes-Fuente De. A la altura de Espinama nos encontramos un desvío a la derecha que pasa por debajo de una casa. Es el principio de una pista que asciende sin tregua hacia los picos que, desde donde estamos, apenas se intuyen entre las nubes.

Hace algo más de 2.000 años, las legiones romanas acometieron este mismo camino. Atacaban a los cántabros que, refugiados en el Monte Vindio, hoy Picos de Europa, confiaban en que antes llegaría allí el agua del mar que las banderas de Roma. Pero llegaron, aunque se quedaron poco tiempo. Más tarde, las mismas montañas servirían de fortaleza natural contra los visigodos, los árabes, los franceses y, ya en este siglo, se refugiaron aquí los guerrilleros leales a la República. El último de ellos murió en estos mismos montes en 1957, lo que da una idea de su inaccesibilidad. Afortunadamente, los tiempos han cambiado y el Isuzu se desenvuelve bastante mejor que la caballería árabe.

El primer tramo del camino es fácil. Muy cuesta arriba y bastante roto, pero el Isuzu lo franquea sin problemas. La suspensión se comporta muy bien sobre las piedras y permite subir a buena velocidad. En este momento inicial se cruzan dos tipos de bosque: en la zona baja se mezcla el robledal con el bosque mediterráneo de encinas y alcornoques. Poco más arriba ya se impone la vegetación atlántica y el haya se convierte en lo único que se ve desde el coche. No está a la vista, pero se intuye que alrededor puede estar el oso pardo, el animal más grande y majestuoso de estas tierras y estrella del Parque Nacional.

Después, a medida que el Trooper nos lleva hacia las alturas, se despeja el panorama y aparece ante nosotros todo el valle de Liébana. A lo lejos, las cumbres que separan Cantabria de Palencia se ocultan bajo la nieve, y abajo, sobre la comarca, flota una espesa bruma que la convierte en un auténtico mar de nubes.

La vista es magnífica, pero, sobre todo, sirve para acostumbrar a los ojos a la medida de lo que viene, un lugar donde todo se mide de forma superlativa. Desde ahora ya tenemos a la vista el espectacular Macizo Occidental o de Áliva. Es el reino del rebeco y el águila real.

Cruzamos los invernales de Igüedri, que son cabañas para guardar el ganado en invierno, y, con otro empujón más, nos plantamos en la entrada de Áliva. Una gran cancela da acceso al corazón de los Picos de Europa.

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