Ciclismo, ¿deporte de riesgo?

A raíz del accidente que costó la vida al corredor profesional del Kelme Ricardo Otxoa, la falta de seguridad que sufren los aficionados al ciclismo ha saltado a la luz. El tema desgraciadamente no es nuevo. Desde 1990, han muerto en las carreteras españolas más de 1200 ciclistas. Ahora, el Congreso debate una reforma de la Ley de Tráfico, que recogerá posibles soluciones al problema, pero ¿es suficiente?
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Ciclismo, ¿deporte de riesgo?

Las versiones sobre el accidente que costó la vida a Ricardo Otxoa son contradictorias. El suceso se produjo a las 16.00 horas del jueves 15 de febrero en el término municipal de Cártama (Málaga). Los dos ciclistas fueron atropellados por un vehículo de la marca Volvo cuando circulaban por la salida de Campillos hacia Ardales. Este trayecto, una recta de autovía, tiene una buena visibilidad.

Según fuentes de la Jefatura Provincial de Tráfico, los ciclistas circulaban por el arcén. El conductor del vehículo, Sebastián Fernández, director de Deportes de la Universidad de Málaga, ha señalado que vio "perfectamente a los ciclistas".

Ante el juez instructor del caso, Fernández ha declarado que la colisión se produjo cuando el ciclista que iba por el lado izquierdo invadió repentinamente su carril. Durante el recorrido -ha afirmado- no recibió ni realizó ninguna llamada de teléfono, no fumaba y atendía a la circulación, que era muy escasa. Según su declaración, los Otxoa iban hablando y uno de ellos se echó a la izquierda en el momento de ser adelantados, chocando contra el espejo retrovisor, que supuestamente quedó roto. Como consecuencia del impacto, el corredor cayó encima del capó del vehículo y la bicicleta salió despedida golpeando al otro, que, según el conductor, "iba ligeramente más adelante, volcando también en la calzada".

El mismo abogado del conductor, Pedro Apalategui, ha criticado irregularidades en la investigación. Este letrado ha criticado "la falta de inmediatez en la recogida de pruebas", porque, para probar la rotura del retrovisor derecho del coche, "hubiera sido vital determinar en aquel mismo momento el lugar exacto en que cayeron los cristales, pero al recogerlos al día siguiente no se puede reconstruir adecuadamente el accidente".

Después de la colisión, el vehículo no se encontraba en dependencias oficiales, sino en un garaje particular, algo que, para el director deportivo del Kelme, Vicente Belda, es cuando menos sospechoso. Belda ha señalado que, en este asunto, "parece que hay gato encerrado, porque, en caso contrario, no se explica la lentitud con la que se está llevando a cabo la investigación".

Según el director deportivo del equipo en el que militaban los Otxoa, "un Volvo no queda destrozado así a 50 kilómetros por hora. Tuvo que haber un despiste del conductor. Da igual que los corredores fuesen en fila india o en paralelo, porque al final todo se reduce a que el vehículo no respetó la distancia de separación".

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