Ciclismo, ¿deporte de riesgo?

A raíz del accidente que costó la vida al corredor profesional del Kelme Ricardo Otxoa, la falta de seguridad que sufren los aficionados al ciclismo ha saltado a la luz. El tema desgraciadamente no es nuevo. Desde 1990, han muerto en las carreteras españolas más de 1200 ciclistas. Ahora, el Congreso debate una reforma de la Ley de Tráfico, que recogerá posibles soluciones al problema, pero ¿es suficiente?
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Ciclismo, ¿deporte de riesgo?

El pasado 15 de febrero un Volvo atropellaba a los hermanos Javier y Ricardo Otxoa mientras se preparaban, rodando en carretera, para la Vuelta a Andalucía. Ricardo murió mientras era trasladado al hospital. Javier resultó gravemente herido y, en la actualidad, se encuentra en estado de coma.

El "Caso Otxoa" no es nuevo. El ciclismo profesional ha perdido a muchos corredores mientras entrenaban y las cifras se disparan cuando se trata de aficionados. Antonio Martín, considerado como el sustituto de Induráin, o el campeón de ciclocross José Luis Talamillo, son algunos de los nombres más famosos que recoge el fatídico listado de ciclistas muertos en las carreteras españolas.

Las estadísticas reflejan que cada tres días fallece un ciclista en el asfalto. La suma se eleva a cien en un año. Según se desprende de un estudio de la Subdirección General de Investigación y Formación Vial, la mayoría de los accidentes se producen en domingo y por carreteras convencionales de buena visibilidad. El ciclista suele viajar solo y la mayoría de las veces no llevan casco. Desde la Dirección General de Tráfico, se reconoce que "no existen fórmulas mágicas" para evitar esta alta tasa de siniestralidad. El colectivo de ciclistas en España agrupa a unas 800.000 personas, que deben compartir el mismo espacio con 23 millones de conductores.

Desde 1990 hasta agosto del año 2000, se han contabilizado 1.004 ciclistas muertos en las carreteras españolas. Si echamos cálculos, comprobaremos que cada tres días fallece un ciclista atropellado y, cada año, la cifra se eleva a 110.
El único estudio que se ha realizado sobre este tipo de accidentes en el territorio nacional data de 1999. Está elaborado por la Subdirección General de Investigación y Formación Vial y rebate falsas creencias que hasta ahora giraban en torno a esta práctica deportiva.
Resulta más peligroso circular en bicicleta solo que acompañado (un 68,4 por ciento de los fallecidos pedaleaba en solitario). Además, proporcionalmente, hay más muertos en las carreteras convencionales (80,3 por ciento) que en las autovías (8,8 por ciento). Al igual que le sucedió a Ricardo Otxoa, la mayoría de los atropellos a ciclistas (el 70 por ciento del total) se produce en tramos rectos con una gran visibilidad.
Por otra parte, dicho estudio ha revelado datos claramente conocidos: el 69,9 por ciento de los fallecidos no usaban casco. Los accidentes se disparan los domingos (19,3 por ciento) y en verano, concretamente en agosto, llegan a cifras alarmantes (un 16,4 por ciento). La mayoría de los atropellos (el 72 por ciento) se produce a la luz del día.
Da igual que el ciclista sea veterano o no. Las estadísticas se reflejan constantes por intervalos de edad, pero hay que destacar que un gran número de fallecidos (el 22,3 por ciento) no tenía 18 años y, por tanto, carecía de carnet de conducir. Este problema no afecta sólo a España. Según datos del Consejo Europeo de Seguridad en el Transporte (CEST), más de 9.000 peatones y ciclistas son atropellados anualmente en la Unión Europea. Según este organismo, simplemente instalar frontales más seguros en los vehículos evitaría cada año 2.000 muertes y 19.000 lesiones graves. Otra solución, aún más eficaz, está al alcance de los ciclistas: el uso del casco.

El 69, 9 por ciento de los ciclistas muertos en carretera no llevaban casco. El uso de este elemento de seguridad es obligatorio desde diciembre de 1.999 y la multa al que no lo lleve es de 15.000 pesetas.
Según la DGT, el 26,7 por ciento de las lesiones que sufre un ciclista en un accidente de tráfico están localizadas en la cabeza. Sigamos con los informes. La Asociación para el Estudio de la Lesión Medular afirma que sólo el 6,6 por ciento de los aficionados al pedal fallecidos en un siniestro llevaban puesto el casco.
Además de salvar el peinado, este utensilio protege del golpe en la cabeza, evita la penetración de objetos extraños, absorbe la energía del impacto e impide la abrasión en caso de arrastre por el pavimento.
El casco debe estar homologado según la norma europea ECE 22-02. Así, en su interior debe aparecer una etiqueta con el símbolo E9 (en el caso de España). Ante un accidente, no debemos quitar nunca el casco al herido.

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