Carrozas a prueba de balas

Ya no hay carrozas; los personajes más poderosos del planeta desfilan ante sus conciudadanos en coches blindados. La historia de la política siempre ha estado muy unida a la del automóvil, pero, tras los atentados del 11 de septiembre, puede que esta relación se haga aún más estrecha.
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Carrozas a prueba de balas

Un mes antes de la ola de atentados integristas contra Washington y Nueva York, los fabricantes de automóviles anunciaban que dedicarían más atención al mercado de los blindados; un sector hasta entonces en manos de los carroceros. Desde 1995 a 2000, se había pasado de vender una docena de coches acorazados al año a cientos y, según cálculos realizados en agosto de 2001, en un par de años esta cifra podría alcanzar el millar. Después del pasado 11 de septiembre, estas estimaciones se han quedado cortas.

Para su preparación, se emplea un mínimo de tres meses y se incluyen materiales que la industria aeronáutica utiliza habitualmente en puntas de misiles o de cohetes. Se realizan prácticamente de forma artesanal, ajustando el vehículo a las necesidades del cliente, y, obviamente, el secretismo forma parte de su elaboración. Estos vehículos pasan completamente inadvertidos, ya que sólo los más expertos podrían percatarse de los cambios estéticos que los diferencian. Eso sí, por dentro son completamente distintos.

Por lo general, blindar un coche lleva implícito un aumento de peso de entre 250 y 700 kilogramos, por lo que es necesario reforzar también los frenos, suspensiones y amortiguadores y potenciar el motor. Así, los expertos afirman que es mejor que salga de fábrica con todos los sistemas de protección instalados que transformar un coche normal, ya que hay que modificar todos sus parámetros dinámicos y de equipamiento.

Ya hay varias marcas que incluyen en sus catálogos coches blindados como BMW con su 540i Protección; Mercedes, que incluye el acabado Guard en sus Clase E, Clase S y Clase G; y Audi con el A8. Desde Mercedes se asegura que estos vehículos son capaces de parar disparos del calibre 357 Magnum, granadas de mano e, incluso, cócteles Molotov.

Según el nivel de protección, se encarece más o menos el vehículo: un BMW 540i Protección puede costar entre 30 y 70 millones de pesetas (entre 180.303 y 420.708 euros). Además, hay que tener en cuenta que también se necesita hacer un desembolso extra para pagar a un chófer, porque ¿para qué sirve tener un búnker sobre ruedas si no sabemos ponernos a salvo?

Los clientes de estos modelos cada vez son más variopintos (estrellas del rock, futbolistas, políticos, empresarios...) y sus mercados, diversos (una de sus nuevas canteras es Colombia, donde el miedo a los secuestros hace que sus ventas aumenten anualmente un 15 por ciento), pero han pasado a la historia por proteger - algunas veces con éxito, otras no - a los máximos dirigentes de los países.

El automóvil se ha convertido en escenario de numerosos magnicidios; el primero fue el de Francisco Fernando cometido en Bosnia en 1914 por la organización Marodna Odbrana ("Manos Blancas"), que desembocó en la Primera Guerra Mundial. En España, el blindaje no pudo salvar a Carrero Blanco de un ataque terrorista de ETA, pero sí a José María Aznar de un coche bomba en abril de 1995. Aznar, que todavía no era presidente del Gobierno, sólo se hizo unos rasguños gracias al blindaje de su coche, un Audi V8 que quedó destrozado.

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