BMW M, ''110 por ciento'' deportividad

BMW M lleva ya treinta años aportando deportividad, potencia e innovación al mundo del motor. Treinta años de éxitos en todos los proyectos que ha asumido. Ahora, para celebrarlo, la compañía alemana lanza al mercado el nuevo BMW M3 CSL. La leyenda continúa…
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BMW M, ''110 por ciento'' deportividad

"Una empresa es como un ser humano. Mientras tome parte en competiciones deportivas, se mantendrá en forma, preparada, llena de entusiasmo y energía". Robert A. Lutz, consejero Responsable de Ventas de BMW AG, no se equivocaba cuando en 1972 pronunciaba estas palabras. El tiempo le ha dado la razón y, desde entonces, la filial deportiva de la firma alemana no ha hecho más que cosechar éxitos y potenciar la imagen de la empresa.

La historia comenzó a escribirse a principios de los años 70, cuando el antiguo departamento deportivo de BMW empezó a verse incapaz de aglutinar la demanda y las oportunidades que el sector ofrecía. Jochen Neerpasch, antiguo piloto probador de Porsche y director deportivo de Ford en Colonia (Alemania), fue el hombre que la compañía germana eligió para dirigir el nuevo proyecto, que debía convertir a "Bayerische Motoren Werke", es decir BMW, en una empresa automovilística famosa y admirada en todo el mundo. Y no se equivocaron, ya que, desde entonces, victorias en numerosas competiciones, fabricación de coches de calle de gran acogida en el mercado y diferentes iniciativas, todas ellas innovadoras, han otorgado un magnífico prestigio a la filial deportiva.

Los primeros modelos de la división, dirigidos exclusivamente a competiciones de carreras, se fabricaron en una planta de más de 8.000 metros cuadrados, que BMW dedicó a su sección deportiva en la calle Preussenstrasse de Munich (Alemania). El 2002 de 950 kilos, propulsado por un motor tetracilíndrico de dos litros, y el nuevo Coupé Touring -denominado 3.0 CSL (Coupé de Serie Ligero)-, con puerta, capó y portón de aluminio y una potencia máxima de 360 CV, fueron los primeros "bólidos" en rodar por el asfalto.

Muy pronto, los nuevos vehículos empezaron a ganar competiciones, convirtiéndose en "máquinas" imbatibles. Con los años, el fabricante germano siguió perfeccionando día a día sus motores e imponiéndose en multitud de grandes premios. Niki Lauda, por ejemplo, se alzaría con ocho pruebas del ProCar a los mandos de un BMW M1, mientras que Robert Ravaglia ganaría en 1987 el Campeonato del Mundo de Turismos al volante de un BMW M3 de competición.

Al mismo tiempo que la filial centraba sus esfuerzos en mejorar tanto los motores como la dinámica de los nuevos coches de carreras, también se preocupaba por crear una imagen de empresa, capaz de mostrar todo el potencial que atesoraba. Por primera vez, todo un equipo de competición llevaba grabado un mismo diseño: las tres bandas de color azul, violeta y rojo sobre un fondo blanco reluciente que han caracterizado hasta nuestros días la imagen de la división BMW Motorsport. El símbolo de la nueva sección deportiva estaba en todas partes: desde el camión de transporte de vehículos hasta en el llavero.

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