Bienvenidos a Le Mans

La edición 2006 de las 24 Horas de Le Mans ha pasado a la Historia por derecho propio. No sólo se han cumplido 100 años desde el nacimiento de la prueba; además, un vehículo propulsado por un motor Diesel ha logrado el triunfo por primera vez. Pero Le Mans ofrece mucho más que emoción y carreras: vamos a descubrirte todas sus atracciones.
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Bienvenidos a Le Mans

El 27 de junio de 1906, un Renault pilotado por un mecánico húngaro (Ferenc Szisz), se convirtió en el primer ganador de la que iba a ser una de las carreras más famosas del mundo: las 24 Horas de Le Mans. Completó 12 vueltas a un circuito de 103,18 kilómetros en 12 horas y 14 minutos, sentando las bases de una leyenda.
Pero, ¿cómo empezó todo?
A finales del año anterior, se había decidido organizar un concurso para disputar un gran premio de velocidad en un circuito. La revolucionaria idea partió del Automóvil Club de Francia, que en enero de 1906 se decide por el trazado de La Sarthe. Un total de 17 regiones galas presentaron diversas propuestas, pero la de Le Mans fue la vencedora. Con el tiempo, esta demarcación se ha convertido en “la Meca” para los amantes del automovilismo. Un lugar al que hay que ir, al menos, una vez en la vida, como al Gran Premio de Mónaco de Fórmula Uno, al Rally de Montecarlo o a las 500 Millas de Indianápolis.

Los entendidos explican que es la única carrera en la que se ha producido un tremendo accidente mortal y sigue celebrándose. En 1955, uno de los pilotos perdió el control de su vehículo y éste se estrelló, convertido en una bola de fuego, contra una de las gradas. Murieron 83 personas y más de 100 resultaron heridas. A pesar de la tragedia, al año siguiente los márgenes de la pista volvieron a llenarse. Nunca han faltado aficionados a esta carrera, que sólo se anuló en 1936 (debido a una situación económica desfavorable) y entre 1940 y 1948: la Segunda Guerra Mundial también afectó a la prueba de resistencia más famosa del mundo.

Año tras año, la cita deja imágenes grabadas en la retina del público. Su leyenda es tal que, incluso, se ha llevado al cine: Steve McQueen protagonizó en 1971 la película “Le Mans”, mostrando al mundo el mítico trazado, con sus 13,650 kilómetros de recorrido actual. La cazadora que lucía McQueen es un objeto de culto que muchos aficionados compran en el mercadillo situado a las puertas del circuito. Pero no son las únicas escenas que pertenecen al imaginario colectivo: el Mercedes que salió volando –literalmente- y dio una vuelta sobre sí mismo en 1999 es una de las instantáneas más famosas de la prueba. A partir de este año, habrá una más: la de un motor de gasóleo ocupando el trono de un santuario dedicado a la gasolina.

Audi ha conseguido un objetivo que parecía imposible. Tras 24 horas de carrera, una mecánica turbodiésel ha resistido uno de los exámenes más duros para un vehículo. Y lo ha pasado con un sobresaliente.

La marca germana no reparó en gastos para su regreso como equipo oficial a las 24 Horas de Le Mans. Una carrocería nueva para sus barquetas (las R10), un importante despliegue de medios y un motor fabricado en aluminio que esconde la friolera de 650 CV. Con 12 cilindros en “V” y 5,5 litros, el turbo del propulsor dio problemas en los entrenamientos y durante la carrera, pero esos fallos sólo afectaron a uno de los vehículos: al número 7, conducido por Tom Kristensen (“Mr. Le Mans”, con nada menos que siete victorias), Rinaldo Capello y Allan McNish. El otro coche -con Emmanuele Pirro, Frank Biela y Marco Werner al volante-, se hizo con el triunfo sin apenas problemas.
El equipo, que obró maravillas en los boxes para conseguir que ambas barquetas finalizaran su gesta, se vio recompensado con el tercer puesto de Kristensen. En medio, el Pescarolo-Judd conducido por el campeón del mundo de Rallies, Sebastien Loeb, subió al segundo escalón del podio. Eran las cinco de la tarde y finalizaban unas 24 Horas de Le Mans que, este año, habían retrasado 60 minutos su comienzo. El Mundial de Fútbol lo paraliza todo. Sin embargo, nosotros no nos quedamos parados y nos dedicamos a descubrir qué podía ofrecer un circuito mítico. Lo sabrás si sigues leyendo.

Audi ha conseguido su objetivo en el primer intento, gracias a una depurada estrategia: su menor consumo de combustible les permitía espaciar los repostajes. Cada 14 vueltas, aproximadamente, los R10 se detenían para llenar un depósito de 90 litros. Esto les permitía estar en pista casi 56 minutos, 6 más que sus máximos rivales, los Pescarolo. La diferencia, que no parecía abismal, fue definitiva tras 24 horas de carrera.

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